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Capital humano en América Latina


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22/09/2014


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Capital humano en América Latina










Aunque los trabajos teóricos y empíricos que emplean el concepto de capital humano son muy numerosos, no hay una definición generalmente aceptada de él, y en muchos casos se le identifica con educación formal. 





Además, en ellas se elabora un indicador internacional que recoge todos los matices que contempla la definición planteada y que, habitualmente, son dejados de lado por los indicadores tradicionales. Así, el indicador propuesto tendrá en cuenta la salud, la educación de tipo formal e informal y la experiencia. El análisis de las dotaciones de capital humano de los países de América Latina y el Caribe pone de manifiesto una situación de atraso con respecto a otras regiones. Sin embargo, cabe precisar que existen grandes diferencias entre países, que se han reducido en las últimas décadas gracias a un proceso de convergencia regional.









Sobre el concepto de capital humano





Las diferencias que nos separan a unos individuos de otros son observables en muchos terrenos, incluyendo

el económico. Como consecuencia, la fuerza de trabajo no será homogénea. Esto es, las personas desarrollarán diferentes actividades con distinto grado de eficiencia, de forma que los trabajadores se distinguirán por las diferencias de productividad en la realización de tareas similares. La adecuación de cada trabajador para adaptarse a las necesidades del mercado de trabajo dependerá de las habilidades que posea. El capital humano determinará, pues, la capacidad que un individuo tiene para realizar un trabajo. 





Obsérvese que se adopta una perspectiva marcadamente económica, distinguiéndose el concepto de capital humano del concepto tradicional de educación, que tiene un matiz más social.





La idea subyacente en el concepto de capital humano no es nueva. Hace más de 200 años, en 1776, Adam Smith reconoció la importancia de las habilidades personales en la determinación de la riqueza de los individuos y las naciones (Smith, 1904). 





Sin embargo, el concepto formal de capital humano no fue desarrollado hasta la década de 1960. Así, en torno a dicho concepto pueden destacarse los trabajos de Schultz (1961) y Becker (1964). 





En ellos el capital humano se relaciona con la productividad y es definido como la suma de las inversiones en educación, formación en el trabajo, emigración o salud que tienen como consecuencia un aumento en la productividad de los trabajadores.





El objeto de dichos trabajos es concebir la formación de los individuos como un proceso de inversión en el que la mayor capacitación se traducirá en mayor productividad y, en consecuencia, en mayores salarios. Así, la denominación de capital humano se explica por el hecho de tratarse de una modalidad de capital incorporado a las propias personas.





Una definición de capital humano que incluye diversos elementos —algunos de ellos ya recogidos en la literatura— y que se sustenta en las vías de adquisición y acumulación de capital humano. considera que el capital humano puede tener un origen innato o adquirido. 





El capital humano innato comprende aptitudes de tipo físico e intelectual, que pueden verse modificadas debido a las condiciones de alimentación y salud. El capital humano adquirido se irá constituyendo a lo largo de la vida de los sujetos, a través de la educación formal, de la educación informal y de la experiencia acumulada.





Estos tres tipos de formación adquirida van a condicionar la instrucción laboral y el sistema de valores de los sujetos, que determinarán, junto a las aptitudes innatas, su rendimiento en el trabajo.





El capital humano tiene efectos trascendentales sobre la economía y la vida en sociedad, como lo han comprobado numerosos trabajos empíricos. Por lo tanto, es necesario que la definición de capital humano y los indicadores construidos para cuantificarlo recojan con la mayor precisión posible todos los elementos que incluye el concepto.





El análisis de los países que integran la región de América Latina y el Caribe, pone de manifiesto que ésta se encuentra en una situación de atraso relativo respecto a las regiones del este de Asia y el Pacífico, Europa del este y Asia central, Europa occidental y América del Norte, si bien existen grandes diferencias en dotaciones de capital humano dentro del conjunto de los países latinoamericanos y caribeños.





Asimismo, a pesar del declive experimentado por Argentina, Paraguay y Uruguay en las cuatro últimas décadas, se constata que la región ha experimentado una mejoría relativa en su situación, así como un proceso de convergencia interna. Esto, sin duda, constituye una condición sine qua non para que se produzca una efectiva convergencia real a nivel intrarregional e interregional.





América Latina, tiene un problema de “formación y capacitación” de capital humano, que en términos económicos, se refleja en su baja productividad y competitividad empresarial. Este fenómeno explica el hecho de que la región no haya tenido un crecimiento más dinámico durante las últimas décadas, lo cual ha impedido que sus ingresos converjan hacia los niveles alcanzados en los países más desarrollados.





Comparativa del sector público 





El ultimo estudios de BID  evalúa 16 países en 33 puntos críticos de la gestión pública





A pesar de los logros económicos y sociales en años recientes, los países de América Latina tienen por delante importantes tareas por delante de construir una gestión pública más eficiente y efectiva para atender las necesidades de la ciudadanía.





Y alcanzar una mejor gestión pública depende, entre otros, de la calidad de los servidores públicos. Por ello, se examina las fortalezas y las debilidades en la gestión de los recursos humanos en el sector público en 16 países de América Latina y el Caribe, actualizando un estudio similar que se realizó en 2004.





El trabajo permite a los países visualizar sus progresos, e incluye herramientas para medir el desarrollo del servicio civil, recomendaciones sobre qué reformas deberían abordarse a futuro en distintos contextos, y lecciones de experiencias internacionales sobre cómo hacerlo.





”La profesionalización del servicio civil ayuda a construir instituciones de gobierno que sean más efectivas, más eficientes y más abiertas”, dijo Ana María Rodríguez-Ortiz, gerente del Departamento de Instituciones para el Desarrollo del BID.





“Vemos importantes avances”, agregó Rodríguez-Ortiz. “Cada vez es más recurrente que los gobiernos utilicen el mérito para seleccionar y gestionar los recursos humanos en el sector público, y muchos países han emprendido importantes reformas, pero aún queda un largo camino para satisfacer las crecientes expectativas de sus ciudadanos”.





Los países invierten, en promedio, un 5,8 por ciento del PIB en sus servicios civiles del gobierno central, lo que equivale al 41 por ciento de sus ingresos tributarios y más de una cuarta parte del gasto total del sector público. Por eso, entre otras varias razones, contar con un servicio civil profesionalizado es esencial para lograr una mayor capacidad del Estado y una mejor calidad del gasto público, según indica el estudio.





Sobre el sector privado, en este sentido, un contraste importante confirma estas carencias y urgentes necesidades formativas, lo representa el hecho de que entre los países latinoamericanos y las naciones más desarrolladas existe una brecha de formación entre sus emprendedores, así como entre las micro, pequeñas y medianas empresas, que constituyen la gran base del sistema productivo de la región.





Tomando el año 2004 como base, el estudio del BID analiza el nivel de desarrollo del servicio civil en 16 países de América Latina entre 2011 y 2013, en función de una metodología que evalúa los servicios civiles en base a 33 puntos críticos. El promedio agregado de la puntuación de los 16 países pasó de 30 a 38 entre 2004 y el 2013.









En esta categoría El Salvador, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y República Dominicana han avanzado en la generación de instrumentos normativos y técnicos antes inexistentes (leyes y sistemas de información, entre otros), el fortalecimiento de los entes rectores de recursos humanos a nivel centraly, en menor medida, la extensión de los concursos de mérito para el acceso al empleo público.





También partiendo de una línea de base relativamente más baja que el promedio, otro grupo de países que incluye a Bolivia, Guatemala y Honduras presentó un estancamiento en la última década. Es el caso también de Ecuador, pero cabe puntualizar que su evaluación fue realizada en 2011, previa a una importante reforma del servicio civil que sigue en curso.





En tercer lugar, un grupo de países que aparecía con una mayor puntuación en el diagnóstico de 2004 no ha registrado mayores avances. Este grupo incluye a Brasil, Costa Rica, Colombia, México y Uruguay. Ellos tienen la difícil tarea de emprender reformas de una mayor complejidad. Finalmente, Chile registró un avance relevante desde la medición inicial, que ya marcaba un nivel de calidad relativamente elevado.





Conclusiones





Se hace necesario para continuar mejorando el servicio civil, incluyendo lograr un mejor equilibrio entre el principio de mérito y la flexibilidad en las decisiones de gestión de recursos humanos, profesionalizar el espacio directivo, avanzar con realismo en la gestión del rendimiento y mejorar la gestión de las compensaciones para atraer, retener y motivar al capital humano, entre otros.





No obstante, un progreso  a nivel general que contiene importantes disparidades.  Hubo mejoras en la mayoría de los países, los mayores avances se dieron en países que partieron con líneas de base más bajas. 





La prioridad creciente que se brinda al tema de la ciencia y la tecnología es función de su naturaleza potenciadora del desarrollo humano. Eso ocurre no sólo por la impresionante contribución del conocimiento al aumento de la productividad económica, sino por sus aportes potenciales, igualmente significativos, a la cohesión social y al acceso a las oportunidades. De todos los factores posibles, la aplicación de tecnología es hoy el más determinante de la productividad que puede alcanzar una fuerza laboral. 





Avanzar hacia una economía basada en la producción de bienes y servicios intensivos en conocimiento resulta del accionar flexible de un sistema transversal a todos los ámbitos de la sociedad, catalizador de iniciativas, con sinergia y dinámica propias. Concretar estas interacciones y sinergias requiere necesariamente inscribir este accionar en una sociedad que presente elevados niveles de estructura y cohesión, cuyo capital social ofrezca las capacidades de organización, coordinación e integración social requeridas.





El logro de esta posible agenda para la modernización del servicio civil puede verse facilitada por la incorporación de algunas lecciones aprendidas de las dinámicas de reforma de la última década. Esto incluye el diseño y la implementación de reformas graduales que tomen en cuenta las posibilidades y limitaciones técnicas y políticas existentes en cada contexto nacional y la generación de incentivos políticos en favor de las reformas.





Debemos repensar la relación entre crecimiento económico y redistribución, y rechazar la dicotomía entre ambos términos. Necesitamos internalizar la idea de que si es necesaria la solidaridad para solventar el rezago social de muchos ciudadanos de nuestra región, esa solidaridad tiene un costo económico significativo que sólo puede ser cubierto por una mayor eficiencia económica y un mayor crecimiento. La consolidación de un modelo integrado de desarrollo que concilie el progreso social con el crecimiento económico competitivo es un rumbo sostenido que debe concretarse.





La interiorización del criterio de que una buena política económica es una buena política social es un elemento fundamental de este modelo integrado. El cambio paulatino desde cadenas productivas en materias primas y recursos naturales hacia cadenas productivas conocimiento-intensivas significa el avance hacia un país no sólo desarrollado económicamente, sino también socialmente. Esto, porque las sociedades que basan su economía en el conocimiento requieren de un alto nivel educativo, lo cual está asociado a una mejor distribución de los ingresos y a sociedades más justas y democráticas.





Es necesario avanzar en el análisis crítico propositivo de ciertos criterios y conceptos básicos que deben ser revisados -y eventualmente replanteados- para fortalecernos como sociedades con claridad de sus objetivos de desarrollo y con la capacidad de diseñar y ejecutar sus propias estrategias de logro.









Etiquetas:   América Latina   ·   Administración Pública

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