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Cuando
hablamos de ninfeas nos referimos, por supuesto, a nenúfares y otras plantas
acuáticas semejantes que abundan en los cuadros del pintor francés. El
estanque de nenúfares (1899) en sus diferentes representaciones (dependiendo
del matiz que incidiera en el paisaje: ya fuera blanco, verde o rosa), delinea
un conjunto trascendental en la obra de Monet. El puente japonés de su jardín,
que representó en múltiples ocasiones, se convierte en el protagonista de una
serie de estampas sobre paisajes y ambientes acuáticos de lo más impresionante
de su producción. Con pinceladas que se diluyen y llegan a convertirse en un
conjunto de manchas abigarradas, Monet logra captar la luminosidad, el cambio
del paisaje a través del tiempo, el paso de las horas y la incidencia de los
rayos en la superficie de los estanques.
Pero su
pintura va más allá de aquel puente japonés ya citado. La captación de las sinuosidades,
de los colores, de la espesura y de los juncos en el agua estancada se
convierte casi en una obsesión: Estanque de nenúfares (1918), Nenúfares
(1918), Nenúfares rosa (1918) y Nenúfares azules (1918) son buena
muestra de ello. En estos cuadros la pincelada se disuelve tanto, que no somos
capaces casi de percibir qué es lo que realmente desea plasmar. Sin duda,
forman parte de una obsesión persistente, continua en el autor, que convierte
el tema de la recreación de la naturaleza en su cuestión primordial. El caso es
que las formas se esfuman de tal modo que parecen más una abstracción que una
pintura impresionista; aunque podamos aún intuir los reflejos del agua y la
influencia del día y sus etapas sobre la superficie.
Sin embargo,
ya no se percibe con tanta claridad la perspectiva, e incluso, es posible
afirmar que casi ni existe. Sus cuadros se tornan borrosos, semejantes a los
del pintor inglés Turner que tanto repercutió en los impresionistas.
Así son los últimos cuadros del pintor francés
y así ha quedado expresado en su obra.
Claude Monet dedicó su vida a la fascinación que
le ofrecía el influjo de la iluminación en los objetos, en los espacios; a la
impresión (por decirlo de algún modo) a
través de los reflejos y tonalidades que sobre las cosas jugaban a crear formas
diversas y sorprendentes. Y así su creación nos ha transmitido una de las
mayores colecciones de ninfeas del mundo, que ningún otro pintor ha sabido tan
bien recopilar y difundir. Monet es, sin lugar a dudas, un maestro en el arte
de la luz y, sobre todo, del impresionismo, movimiento que inmortalizó y por el
que fue inmortalizado.