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Las ninfeas en Monet


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19/09/2014


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Pintor de parterres, de parques, e incluso de su propio jardín, Monet supo recrear las ondulaciones de la luz en las aguas, los brillos del sol en las diferentes atmósferas lumínicas, con un detallismo a veces impreciso; sobre todo en sus plantas, flores y, por supuesto, nenúfares.


Cuando hablamos de ninfeas nos referimos, por supuesto, a nenúfares y otras plantas acuáticas semejantes que abundan en los cuadros del pintor francés. El estanque de nenúfares (1899) en sus diferentes representaciones (dependiendo del matiz que incidiera en el paisaje: ya fuera blanco, verde o rosa), delinea un conjunto trascendental en la obra de Monet. El puente japonés de su jardín, que representó en múltiples ocasiones, se convierte en el protagonista de una serie de estampas sobre paisajes y ambientes acuáticos de lo más impresionante de su producción. Con pinceladas que se diluyen y llegan a convertirse en un conjunto de manchas abigarradas, Monet logra captar la luminosidad, el cambio del paisaje a través del tiempo, el paso de las horas y la incidencia de los rayos en la superficie de los estanques.

Pero su pintura va más allá de aquel puente japonés ya citado. La captación de las sinuosidades, de los colores, de la espesura y de los juncos en el agua estancada se convierte casi en una obsesión: Estanque de nenúfares (1918), Nenúfares (1918), Nenúfares rosa (1918) y Nenúfares azules (1918) son buena muestra de ello. En estos cuadros la pincelada se disuelve tanto, que no somos capaces casi de percibir qué es lo que realmente desea plasmar. Sin duda, forman parte de una obsesión persistente, continua en el autor, que convierte el tema de la recreación de la naturaleza en su cuestión primordial. El caso es que las formas se esfuman de tal modo que parecen más una abstracción que una pintura impresionista; aunque podamos aún intuir los reflejos del agua y la influencia del día y sus etapas sobre la superficie.

Sin embargo, ya no se percibe con tanta claridad la perspectiva, e incluso, es posible afirmar que casi ni existe. Sus cuadros se tornan borrosos, semejantes a los del pintor inglés Turner que tanto repercutió en los impresionistas.

 Así son los últimos cuadros del pintor francés y así ha quedado expresado en su obra.

 Claude Monet dedicó su vida a la fascinación que le ofrecía el influjo de la iluminación en los objetos, en los espacios; a la impresión (por decirlo de algún  modo) a través de los reflejos y tonalidades que sobre las cosas jugaban a crear formas diversas y sorprendentes. Y así su creación nos ha transmitido una de las mayores colecciones de ninfeas del mundo, que ningún otro pintor ha sabido tan bien recopilar y difundir. Monet es, sin lugar a dudas, un maestro en el arte de la luz y, sobre todo, del impresionismo, movimiento que inmortalizó y por el que fue inmortalizado.



Etiquetas:   Pintura   ·   Claude Monet

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