"El presunto asesino golpeó a la víctima delante de su hijo de 5 años". Es un titular desgarrador que los periodistas contamos a menudo. Es la demostración del horror ya instalado en nuestras conciencias como algo cotidiano y normal. Hablamos de cifras y concretamos el número de personas (mujeres en su gran mayoría) que han muerto en lo que va de año por culpa de la violencia de género. Toda una lacra y un reto social en el que todos estamos implicados. El hombre que supuestamente ha matado se convierte en PRESUNTO ASESINO para algunos comunicadores, lo que equivale a llamarle directamente asesino. Decimos "presunto" queriendo justificar la presunción de inocencia y lo que hacemos es reforzar la culpabilidad (incumpliendo con nuestro objetivo). Hablar de presunto asesino es igual que decir que "fulanito es el asesino salvo que se demuestre lo contrario". Nos cargamos de un plumazo la presunción de inocencia (la máxima de Beccaria).



