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¡La pelota es mía!


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09/09/2014


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“Si lees las noticias te dejarás llevar por algún sentimiento y las palabras se acomodarán en tu boca dejando escapar lo que sientes”. Es la frase de uno de mis personajes que intenta hacer leer a sus alumnos para que puedan abrir sus sentidos y expresar sus sentimientos.


En el mundo se enseña a los adultos a evadir la realidad y  poco a poco vamos creando en nuestra mente una realidad de la realidad que se nos presenta. Somos tratados como niños porque dirigen nuestra vida y pensamos sólo en nosotros mismos y como conseguir lo que anhelamos.

Estamos cada día más absortos por un sistema que nos engaña a cada segundo y la realidad se va transformando un monstruo de cien cabezas con un cuerpo amorfo que no sabemos cómo reaccionará al contacto. Tenemos miedo a la realidad porque la realidad nos lleva quién sabe a dónde, como una corriente que nos arrastra a una gran catarata.

Los niños no afrontan sus miedos, se imagina cosas y ante el temor se ocultan y cierran los ojos a la realidad en el confort del egoísmo.  Si se preguntan: ¿Por qué existen cada día más pobres? Están expresando el temor a la pobreza. Pero la respuesta a esa pregunta si les atañe. Porque aquel que cayó en la desgracia y no le importó a nadie, pasó a ser parte del monstruo amorfo que es mejor ignorar a toda costa ya no presta un beneficio, pero genera temor. 

Somos tratados cómo niños pero actuamos como niños malcriados y soberbios, sólo estiramos la mano para ayudar por interés. Acomodamos al grupo de amigos en situaciones de ventaja para tenerlos cerca y utilizarlos en algún momento.

Somos una sociedad que está sometida a un traumático retroceso de personalidad, dejando a los niños  con ventajas más matonescas  que intelectuales,  a cargo de la realidad. Nos engañan tan fácilmente que no necesitan realizar grandes esfuerzos para someternos y aprovecharse de nuestros recursos, sólo  apelan a nuestra ignorancia, al miedo y la incertidumbre.

Si tiene alguna duda observe a un niño: 

Los niños están compitiendo todo el tiempo,  sueñan con ganarse el primer lugar y quedarse con el trofeo. Quieren brillar en todo lo que hagan y si no brillan, se molestan y se van del equipo. Su visión es egocéntrica. Ellos ven al equipo simplemente como una herramienta para crecer y brillar. Cuando ya lo lograron se van a casa y duermen tranquilos sin importar el sufrimiento de los caídos, golpeados que se produjeron al fragor de la competencia, porque disfrutan más el fracaso del otro que el éxito obtenido. El vencido tiene que sufrir.

Al día siguiente, quieren disfrutar sin importar las consecuencias del mañana.  Todos se saludan como si nada, sólo viven el día a día. Todo su enfoque está en la búsqueda del placer temporal y el  beneficio instantáneo, quitar a otro si es necesario. Un niño con éstas características, que se hacen cada día más comunes, siempre busca la aprobación del grupo; la popularidad, estar bien con el mundo, la moda y la última tendencia. Su criterio  está moldeado por la sociedad y su valor está en la aceptación y no en la convicción interna de sus principios y valores.

 Nunca logran desarrollar el dominio propio y la ética del trabajo. Buscando llamar la atención no  le importará faltar el respeto a los demás, si tiene que realizar alguna acción temeraria; lo hará sin medir consecuencias. Lo importante el lograr su objetivo. Si descubren el “talón de Aquiles” de algún individuo, se aprovechan de este para obtener una ventaja competitiva de manera no ética.  Si roba, compartirá su botín y después dirá que es robado para que nadie lo pueda acusar. Es hábil manipulador.

 

¿Se ha fijado que los niños nunca quieren trabajar? Siempre son víctimas de su situación y constantemente tienen pereza mental y física Es cierto que hay niños que actúan distinto,  pero en general, a pesar de que jugar es algo importante y necesario, los niños siempre están jugando: jugando con sus proyectos, con las relaciones, con la vida en general.

Estos son niños que dominan al resto, tienen atrayentes personalidades y hasta su familia los adulan todo el tiempo a pesar que conocen bastante bien sus maquinaciones. Tienen ese extraño influjo sobre las personas y están muy conscientes de su ventaja; son maestros en utilizarla siempre a su favor.

 ¿Ves alguna de estas características en adultos?

 Si tiene alguna duda, observe a un adulto.

 El objetivo de un adulto en la realidad vivencial, sobre todo de quienes tienen grandes responsabilidades empresariales, sociales y personales;  es lograr resultados y no sobresaltar sobre los demás como si se tratase de una competencia.  Entiende que para lograr grandes cosas necesitan a un equipo, ya su familia o todo un organigrama gubernamental.

 Los adultos  tenemos un profundo sentido de  protección, buscamos proteger no sólo a nuestra  familia y seres queridos, sino también al débil y al necesitado y hasta los animales. No aprobamos el acoso, la intimidación o humillación  de otros. No tomamos  ventajas de la debilidad ajena. Por el contrario, los adultos nos motivan el  deseo proteger al necesitado.

Un adulto no se sentirá menoscabado por ser minoría,  a pesar de hacer todo lo contrario de lo que dice grupo, como en el caso los niños.   Conoce sus valores y no le afecta que se burlen por hacer lo que es correcto, porque tienen una visión de largo plazo y sabe que las consecuencias de una mala decisión pueden acarrear serios problemas, en el futuro. 

Es por eso que los adultos no tememos  enfrentarnos a las críticas, al trabajo duro. Despertarse temprano, estar cansados o acostarse tarde, sobre todo cuando una urgencia lo requiere; es un orgullo y motivo de satisfacción,  ya que sabe perfectamente que para lograr un sueño en la vida se requiere de empeño, en hacer el trabajo a conciencia y bien hecho. 

Este modo de pensar se ve reflejado en todas las áreas de la vida de quién piensa y actúa como un adulto y no como un niño;  en el  trato  y el valor que le da a su familia, en el manejo de la finanzas,  de sus valores, del tiempo, el trato con los demás, van demostrando una clara y abismante diferencia.

 Así es. Mientras  analizo, recuerdo aquella serie futurista que veía en mi niñez, donde los niños dirigían el mundo.  Pero los niños que nos dirigen  hoy, han crecido y tiene mucho poder.  Sin embargo siguen tan mal educados, malcriados y manipuladores que no me cuesta nada imaginarlos en pantalones cortos y faldita con encajes.  Creo que la frase: “No dejes nunca de ser niño” debiera tomarse con más responsabilidad, porque hay niños que nunca fueron buenos niños. Y, cuando iban perdiendo algún partido, hasta ahí no más llegaba la cosa porque  se iban enojados con su trofeo bajo el brazo diciendo a viva voz:¡La pelota es mía! 

 Les comporto mi personal visión de las cosas de ésta vida. 

Gracias por su lectura. Soy Erica Henriquez O.

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Etiquetas:   Adultos   ·   Análisis   ·   Manipulación Mediática

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