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El Tránsito hacia la Innovación Como Factor Crítico de Competitividad


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15/07/2011


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Desde mi perspectiva, cuando se observa el escenario económico global actual, con intercambios económicos crecientes entre diferentes economías, señala un conjunto de nuevos desafíos en la gestión estratégica de las organizaciones, marcando un cambio de rumbo notable a como se entendían las relaciones económicas y productivas de antaño. En este plano, en términos sencillos, creo que si la comprensión de las relaciones económicas de antaño podía traducirse bajo el término eficiencia, hoy el imperativo competitivo se traduce en el término innovación, como un espacio de síntesis del escenario competitivo actual.


 

En efecto, gran parte de la concepción en que se basaban los intercambios económicos uno podía encontrarlos en la teoría de la ventaja comparativa, la que establece que, bajo condiciones de comercio libre, resulta conveniente especializar la producción hacia aquellos bienes y servicios que se pueden producir a costos relativamente más bajos, implicando un cierto abandono de la producción de bienes en que se es relativamente menos eficiente.

 

En esta perspectiva, la lógica de competencia residía en un patrón de eficiencia que especializa la producción en sectores que cuentan con una adecuada dotación de inicio de factores productivos, originándose en elementos más bien de orden geográfico – espacial, ajenos a una construcción social y económica de factores, puesto que se tiende a producir aquellos bienes que utilizan de forma más intensiva los recursos en los que se cuenta con una dotación de factores relativamente abundante. Este modelo, explica entonces el patrón de especialización internacional de cada país, en función de la disponibilidad y costo relativo de recursos productivos.

 

Ello, hoy ha cambiado, no obstante la validez empírica que demostró un lapso muy prolongado de historia económica este plano de teoría económica clásica propuesta fundamentalmente por David Ricardo y Hecksher – Ohlin. En la actualidad se constata su contraste más fuerte con la teoría de la ventaja competitiva, la cual postula que el costo relativo de factores constituye una ventaja de orden inferior, puesto susceptible de ser reproducida o superada por la innovación.

 

La ventaja competitiva sostenible, de orden superior, hoy se encuentra señalada por la capacidad de ofrecer un valor superior en la producción, a la vez que singular en términos de calidad, características especiales y servicios asociados. Tal ventaja competitiva requiere de capacidades avanzadas, las que se construyen a partir de un flujo de inversiones generadoras de procesos de aprendizaje, que permiten en definitiva incrementos de productividad, que es lo que constituye en la actualidad el fundamento de la competitividad.

 

En este sentido, vemos como en el escenario actual, las ventajas comparativas han pasado progresivamente a constituir ventajas de orden inferior, de imitación o superación relativamente fácil, en tanto se producen avances técnicos, se acrecienta el conocimiento y se amplían los flujos de información; aspectos que impulsan la construcción de nuevos factores y cimientan una posición superior de los productores. Ello, fundamentalmente porque la perspectiva de la ventaja comparativa hace abstracción del avance tecnológico, factor cardinal en los incrementos de productividad y que lejos de hacer ineficiente la producción de nuevos bienes, ha permitido una reducción notable en sus costos de producción.

 

Por lo tanto, en la actualidad surge el desafío de agregar capacidad competitiva, mediante la construcción de factores de orden superior, que permitan superar el desempeño competitivo. Al respecto, Porter señala que la competitividad de las empresas está determinada centralmente por su capacidad de innovación y por lo tanto, la clave estratégica residirá en promover factores que la estimulen. En este línea, otros estudios han demostrado que la innovación, especialmente tecnológica, puede explicar patrones de comercio y comportamientos competitivos y por lo tanto, la construcción de ventajas competitivas es finalmente un acto de innovación, lo que implica avances tecnológicos, surgimiento de nuevos insumos, nuevas formas de organizar la producción, descubrimiento de nuevas demandas, aparición de nuevos potenciales de mercado y nuevos estilos de organización.

 

Por lo tanto, planteando que es la innovación un elemento clave del escenario competitivo contemporáneo cabe en la empresa actual, abordar el desafío de descubrir cuáles son los factores que le motivan a asumir, estratégicamente, el impulso innovador.

Etiquetas:   Innovación

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