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"El lenguaje figurado" Denotación y connotación de las palabras por Ramón Sanchis


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31/08/2014


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El lenguaje literario utiliza como herramienta las palabras, pero ellas encierran más de un significado. No siempre el mensaje que trasmiten las palabras es igual al significado objetivo que se les ha adjudicado (su denotación), sino que esconden un significado variable y subjetivo (su connotación) que depende de la intencionalidad del autor (ironía, frases con doble sentido, etcétera). Por ello decimos…


“Daniel es un lince”; “a este chico le falta un tornillo”…

Por tanto, más allá de su significado aparente, el lector ha de saber interpretar aquello que connotan las palabras, en virtud del contexto en que se hallan y de las semejanzas reales o imaginarias que encierran (analogías, alegorías, paradojas, leyendas, mitos, signos, emblemas, símbolos, etcétera). Tal ocurre en el lenguaje figurado que podemos ver, por ejemplo, en la obra citada de Ernesto Pérez Zúñiga…

“…Contemplé la ciudad rojiza, felina, el lomo erizado de torres”,



porque una ciudad puede tener muchos apelativos, pero solo ante la mirada vigilante de un escritor la ciudad aparece como un felino recostado cuyas torres se levantan sobre su lomo como el pelaje que se eriza. En dicho lenguaje figurado o imaginario, el escritor puede utilizar diferentes figuras literarias: metáforas, comparaciones o símiles, metonimia, metáforas de situación, personificaciones, etcétera. Expondremos a continuación algunos ejemplos…

Metáfora:

Es el cambio de sentido en las palabras o de una frase por semejanza. Así sustituimos el nombre de cualquier cosa por otra con la que guarde una semejanza.

“sus ideas eran mariposas y se posaban aquí y allá”…

“el atardecer fenecía”

Así, dirá Gabriel García Márquez en la siguiente metáfora:

“Tuvo que remontar los afluentes de la memoria”,

y el lector, que sabe que la memoria no tiene afluentes, recurre a una interpretación simbólica de dicha metáfora.

Manuel Rivas dice en su libro “Las llamadas perdidas”:

 “…sus ojos eran dos tizones”,  

En esta metáfora se considera que sus ojos son ardientes como tizones, es decir, como palos a medio quemar que albergan un rescoldo, y refulgen con su fuego interior. De este modo, al emplear un significado diferente al habitual mejoramos la comprensión del concepto, dando a una persona la cualidad de un objeto o viceversa. En virtud de ello, la metáfora citada podría escribirse a la inversa tal como sigue…

 “los tizones de sus ojos”

“sus ojos, dos tizones”

Metáfora de situación:

En realidad, la metáfora no persigue la comparación entre dos términos sino más bien la identificación simbólica entre ellos. Observemos con detenimiento la siguiente metáfora utilizada por Vanessa Montfort…

“…entonces mis ojos comenzaron a llenarse muy poco a poco, dos bañeras inundándose por un descuido. Y el grifo se quedó abierto y el agua empezó a desbordarse por mi cuello y sobre mis manos…”

Aquí el llanto se describe mostrando dos bañeras [los ojos] que se inundan por un descuido y rebosan incesantemente [las lágrimas]. En la narración no se comparan sino que se identifican dichas figuras (los ojos, por los que manan las lágrimas de un modo desmedido, se identifican con dos bañeras que se desbordan) por su relación de semejanza.

Metonimia:

Cambio de sentido en las palabras o de una frase en virtud de su correlación o correspondencia…

Hay varios tipos, de entre los que citamos algún ejemplo…

“Bebió un vaso de vino”; “llora la ciudad conquistada”; “es la mejor pluma de nuestra literatura”; “perdió la cabeza”; “un buen Jerez es mejor que un Rioja”…

La invención de vocablos o expresiones:

…Y cuando las palabras habituales no alcanzan, ni tampoco las imágenes del lenguaje figurado, un verdadero escritor cuenta también, entre sus cualidades mágicas, con la capacidad de inventar vocablos y conceptos para expresar sus intuiciones. Tal como un mago que se permite adelantar lo que ha de ocurrir en el futuro, el escritor se aventura a utilizar expresiones y conceptos que, acaso, se incorporarán más tarde al lenguaje. Este es el caso de William Shakespeare que inventó, entre otros, los siguientes términos:

“sin pies ni cabeza”, “mantener un perfil bajo”, “la verdad se sabrá”, “ser duro de corazón”, “ser un ejemplo de fortaleza”, “ser el hazmerreír”, “desaparecer como por arte de magia”…

(Extracto de la conferencia “Criterios para una lectura experta” dictada en el Centro Imaginalia de Alicante el 21 de agosto de 2014, dentro de la programación del Foro Literario El Libro Durmiente).





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