. Los futbolistas, varios sin el piné para vestir una camiseta tan
pesada, ingresan temerosos a la cancha, no hay plan a, b, c o d, el juego se
transforma en una acumulación de buenas intenciones sin ideas concretas.
No hay
fútbol, no hay rebeldía, no hay una patada en caliente, no hay nada. Como si
todo diera lo mismo, un sujeto futbolístico inmerso en depresión profunda. Boca
ni se refugia en las pocas virtudes con las que cuenta, al contrario,
multiplica la visibilidad de sus falencias. El rival de turno no se amilana,
con un puñado de minutos entiende cómo puede sacar la peor faceta del xeneize. El
tercer gol de Rafaela parece retratado de un torneo amateur de fútbol cinco.
Allí anda Boca, un
enfermo que no asume su estado de salud, Bianchi ataca el micrófono durante
cada partido y el latiguillo se repite: “Boca jugó bien”. Entonces la
autocrítica se evapora y el manual de las excusas sigue llenando páginas. Los
futbolistas no comprenden lo que propone el entrenador, eso está a la vista.
Van modificándose los planteles, las fechas del calendario prosiguen, los
lesionados aumentan (ya pasaron la barrera de la centena) y la pregunta ¿a qué
juega Boca? todavía sin contestarse.
Resulta obsceno
que las esperanzas de Boca se coloquen en lo que pueda realizar Federico
Carrizo, muy joven, con un talento que puede pulirse en un escenario que lo favorezca,
no éste más proclive a la incineración estilo Juana de Arco. El Pachi es un
futbolista que tiene momentos de brillantez y otros de ausencia, todavía está
madurando, el equipo lo tiene que apoyar a él y no al revés. Ahora si la
concepción global del equipo va a ser dársela para que forme agua en medio del
desierto, allí reside un gran problema. Para él y para Boca.
Otro refuerzo, Gonzalo
Castellani, un poco más curtido desde el documento, se mueve, va a un lado, al
otro, trata de asociarse, pero recibe ya no ladrillos, obras en construcciones
directamente. Compañeros que la pelota les quema y actúan de la forma más
sencilla, sacarse el compromiso de encima. Boca hace llorar al cielo de tanto
pelotazo, pero pelotazo tonto, bobo, absurdo, que ni genera una mueca de
preocupación en las zagas centrales. Gigliotti, Calleri, Chávez, Martínez,
cualquier apellido no cambiará la ecuación. A lidiar siempre con pelotas
divididas, persignarse para una falla grosera del adversario. Nada por mérito
propio.
Los dirigentes
nunca lo quisieron al entrenador, menos a Riquelme. Las elecciones a finales de
2015 obnubilan al presidente, las encuestas lo posicionan lejos y si los
resultados no cuajan, el crédito político seguirá desvaneciéndose. Sabe que la
salida del 10, con cheque en blanco en el corazón de los hinchas, resultó un
duro cross desde lo simbólico más que lo que hacía en la cancha. Román con otra
camiseta y la búsqueda del culpable de semejante afrenta. El insulto al ex
tesorero resulta certero. Aquellos que también argumentan que ni siquiera es
bostero, éste último término dardo que envío elípticamente Riquelme, le hacen
doler los oídos. Angelici, a regañadientes, creía que el tándem Bianchi y
Riquelme sería el caballito de batalla para vencer sin atenuantes en los
comicios.
Las
incorporaciones para este campeonato superaron los 10 millones de dólares, un
presupuesto inigualable con los otros equipos en este torneo de transición. Angelici
puso la plata arriba de la mesa esperando que el fantasma Riquelme
desapareciera en los pasillos de la Bombonera.
El castillo se le cayó en un par de semanas. Eliminado
también en la Copa Argentina,
Boca está perdido en un propio laberinto que Bianchi no logra desbloquear desde
hace más de 21 meses, un tiempo insólito en lo que solemos contemplar en el
fútbol vernáculo, donde por tres pasos en falso ya te dejaron la valija en la
terminal de ómnibus. Sólo la espalda del entrenador sostiene un contexto que
exige a gritos cambios urgentes. En cualquier otro espectro, un 0-3 como local
ante Rafaela, uno de los conjuntos más precarios del certamen, determina la
eyección inmediata del entrenador. Hablan de dos o tres partidos más de
paciencia por parte de la dirigencia. También de Guillermo, Alfaro, Palermo y
hasta Sabella. Meras especulaciones, por ahora. Mientras, Bianchi resiste.