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Y la realidad, que debiera
alarmarnos, nos muestra acciones imperiales en donde se puede masacrar a
control remoto, como en un juego de video, con mazazos que demuelen todo en
breves segundos y aquello, que parece lejano, está tan cerca de cada ser humano
de este planeta. Asumir que la incertidumbre y nuestra visión de futuro no puede
seguir adormecida en forma indolente, como si al conocer de Gaza, Irak,
Ucrania, Sierra Leona y de los efectos de los transgénicos, fuésemos espectadores
de un reality ajeno, porque debemos darnos cuenta, a tiempo, del impacto que
cada hecho de violencia, de maldad y de terror. puede provocar en nuestra
frágil posición como comunidad nacional.
Se me vienen a la memoria los
pronósticos de hace 30 años de Osvaldo Sunkel, que frente a la globalización
que se implantaba después de la caída de los muros, anticipaba una sociedad
global cruzada por una gran brecha entre los modernizados, que podrían acceder
a sus oportunidades y los no modernizados, periféricos y marginales, que verían
desde lejos la opulencia y el consumismo de los centros. Una sociedad corporativista
multinacional, centrada en el individualismo y que se refleja en lo que construimos como
país, donde la neo-esclavitud es precisamente esa aspiración a pertenecer
mediante la tenencia de cosas y el endeudamiento. El efecto demostración de una
sociedad iluminada de ofertas, hace más cruel ser pobres, porque frente a la marginalidad se levanta la
dominación de la opulencia.
40 años atrás, todavía
podíamos los pobres de Chile encontrar progreso a través de una educación
gratuita y de calidad, que permitía acceder a algunas ventajas de lo global.
Pero hoy los climas son violentos, cargados de resentimiento y egoísmo. En la
primera ocasión asoma lo peor del ser humano: la del agiotista poderoso que se
compró toda la madera disponible para subir los precios en la reconstrucción
después del 27F; los robos reiterados al Estado, que hemos vivido en Valparaíso
en distintos gobiernos regionales; el abuso de las grandes tiendas o del
colectivero que subió al triple los pasajes en medio de un paro, sin importar
la lluvia ni la situación del vecino. Este clima de canibalismo es la tónica
del sistema que millones de chilenos aspiramos a cambiar, pero cada quien puede
reconocerse actuando también con actitudes impropias.
Debemos recuperar un ánimo
republicano que nos abra los ojos y los corazones. El totalitarismo neoliberal
que vivimos es parte de un orden global, que no trepida en pisotear democracias
o soberanías, si debe defender sus intereses y ello puede ocurrir de manera
recurrente cuando esos intereses se sienten amenazados y creen que la
democracia ya no les sirve para conservar y defender sus privilegios. En Chile,
desde la ciudadanía se ha levantado una conciencia cívica que busca recuperar
independencia y libertad. La Reforma Educacional es devolverle a Chile una
plataforma social de integración social, que desmantele a tiempo la presión de
una caldera que nos podría destruir, si no se articulan cambios que hagan más
equitativa nuestra convivencia. Es hoy absolutamente urgente construir un civismo
responsable y procurar la colaboración entre las personas, organizaciones e instituciones,
entre sindicatos y empresarios, porque
debemos fortalecer nuestra soberanía, pensando en la herencia que debe dejar
esta generación actual a las futuras generaciones.
Mi sensación en prospectiva es
que se vienen escenarios internacionales que colocarán frenos al actual modelo
económico de Chile y debemos prepararnos para momentos más duros, donde será
necesario contar con un Estado capaz de reorientar las políticas para mejorar
vertebración territorial, para asegurar el agua, centrado en procurar energías
limpias y en lograr soberanía alimentaria, con defensa de nuestro patrimonio
natural. Los países sudamericanos debemos asumir con realismo los vientos
beligerantes que nos amenazan. El sistema global neoliberal funciona como una
plutocracia por encima del Estado Nación, que elude metódicamente impuestos,
corrompiendo y moviendo ganancias a paraísos fiscales. Por eso es necesario
lograr una Reforma Tributaria, lograr un Estado sin corruptelas, con
transparencia.
Por todo esto, debemos conversar,
con ánimo de escuchar y aprender, sin fundamentalismos ni dogmas, practicando
el respeto mutuo y la tolerancia. Tratando de ser fuertes en razón y derecho.
Generando una nueva institucionalidad con un profundo cambio de la Constitución.
Si nos preparamos para lo peor podremos afrontar hechos negativos con un
sentido colectivo de país unido. No quiero un Chile convertido en el reino de
los güiñas, recuerda que tu derecho
termina donde empieza el de los demás.
Periodismo
Independiente, 12 de agosto de 2014, @hnarbona en Twitter.