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Carta Abierta de un Friki


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11/08/2014

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Hace tiempo que no escribo un artículo de crítica, pero me he visto forzado a partir de una conversación de Facebook que leí donde dos personas discutían sobre un videojuego. El debate era tomado muy en serio, de un modo como nadie sería capaz de hacerlo sobre política en la televisión.


No es raro encontrar muros de textos en blogs y foros que defienden una película o los propios gustos como si la vida dependiera de ello, con veces de tal nivel de énfasis que asusta.

Me ha parecido exagerado el asunto porque, al destriparse la naturaleza de la conversación, se comprueba lo banal y estúpido que es gastar tantas energías y tiempo sobre el trasfondo de un producto que está ahí para entretener y/o consumir. Con sinceridad, estas cosas hacen que me canse de ser lo que llaman “friki”, apelativo que nadie escoge pero que en teoría se enarbola con orgullo.

¿De verdad tanto merecen nuestros favoritos? Comprendo la identidad propia y el sentirse orgulloso por lo que se es, pero es que ni en la antigua Grecia con los primeros filósofos había tal cantidad y uso de razonamientos y defensas como tenemos ahora con en la Red. Aunque ellos al menos discutían por asuntos que definieron al mundo occidental, todo lo contrario que creo pueda conseguir Breaking Bad.

El primer encuentro con lo propio del gremio fue en el primer Salón del Manga de Barcelona al que acudí. Se presentaba la película de Card Captor Sakura y había una euforia un poco intensa. La proyección era en la planta de arriba, y a lo lejos se podían ver las escaleras tan abarrotadas que hubo temor que por el peso cedieran y ocurriera una desgracia muy seria de la que nadie parecía ser consciente salvo la organización. La megafonía pidió que por favor se alejaran para crear una cola ordenada, que “la dichosa Sakurita” podía esperar. Ahí es cuando percibes un tono de algo anegado que rodea a la tribu urbana.

En ese mismo Salón habían varios carteles defendiendo “El Manga no es peligroso, la ignorancia sí”, en defensa de las duras críticas que el mercado sufría hasta que pudo hacerse el hueco que tiene hoy día, bastante sobrecargado de productos. No puedo evitar plantearme qué sucedería si se usara esa motivación de defender lo que se gusta en cosas más productivas o necesarias, importantes de verdad más allá de la pronunciación correcta del personaje adorable de turno.

El siguiente punto es la bien conocida pasión de los fans por los autores. La mayoría de creadores se dejan llevar o disimulan mientras puedan conseguir un mínimo que comer, pero otros autores no se callan. George R. Martin es conocido por soltar indirectas a sus propios lectores (quizás más a los espectadores de la serie), alegando que le cansa que le acusen de mata-personajes sin fundamento, como si eso afectara a su vida, cuando él es el autor y hace lo que le viene en gana, que para eso lo que venden son sus ideas, estilo y experiencia.

Me pongo en su lugar y debe de ser muy enervante leer en cada esquina de Internet acusaciones e insultos porque sí, sólo porque el fan medio no está satisfecho con algún aspecto en concreto. Primero que el autor no trabaja al servicio directo con el consumidor de sus historias, y segundo que es un ser humano como todos los que pisan el mundo, y también tiene sus necesidades más allá de estar horas y horas trabajando en algo que, en un principio, ilusiona para que luego te aplasten como si todo esfuerzo y cariño invertido no sirvieran de nada. Las críticas son bienvenidas puesto que ayudan a mejorar, pero la típica conducta negativa del mundillo ante todo lo reseñable es abundante y puede acabar con la paciencia de hasta el mejor autor.

En mi opinión, este comportamiento general hacia un creador es más una conducta tópica, un dejarse llevar más que un sentimiento real y sincero; incluso puede que para llamar la atención y/o sentirse integrado frente a otros críticos de la obra, sin pensar o sentir lo que se está diciendo en verdad. Si aprecias a alguien, se lo dices, le das los motivos y, siempre con educación de ser humano, le dices qué puntos no te han gustado. Como no hay tiempo para que cada uno le diga lo que piensa a un autor en persona (es increíble, pero también tienen tiempo que invertir), se lo dejas en su página web que, se crea o no, también tienen Internet y saben leer. Además, las editoriales y productoras ven el potencial de la red de redes y lo aprovechan. Hay autores que encantados, y otros ya contratan al becario de turno. Pero lo que tiene que quedar claro es que no han nacido para nadie salvo para ellos mismos, y si el gordo quiere matar a Tyrion, bien que hará porque así sentirá que debe de ser.

Por otro lado recuerdo que Matt Groening también soltó su indirecta en un episodio de Los Simpson, donde con un tono de ironía aseguraba que habrían autógrafos para todos, además que quien quisiera podía tocarle la barba, la cual se dice que da suerte.

Otro punto que me hace ver que la invasión friki se desató y ya no tiene retorno es cuando uno va al cine a ver una película de animación. Hoy día en la sala hay más adultos que niños. No sé si me equivocaré, pero siento como si este mundillo no permitiera hacer crecer a la persona. Está bien mantener al niño interior vivo, pero que se involucre con tu vida diaria es el problema, y siento que es así por la conducta que he llegado a ver.

Muchos hacen de su afición su modo de vida hasta el último segundo, imitando comportamientos de dibujo animado japonés o pronunciando expresiones que ni un Treakie hardcore o Sheldon sabrían decirte. En los colegios son los marginados, y ya no sé si es por la ineptitud social que suele suceder al criarse con demasiados cómics o porque en el fondo les da igual al creerse que van a ser como el héroe que al final todo el mundo da la razón. Cuando se tiene quince años no es raro pensar éso, el problema es cuando lo veo en gente que ya roza los treinta.

No exagero si digo que el mayor número de “bichos raros” y anti-sociales los he encontrado en estos lares. Siempre hay uno en la tienda de turno, un grupillo o el típico que se acopla en los eventos y aglomeraciones. Todos conocemos alguno/s. Puedo dar ejemplos rápidos de un tipo haciendo el cuervo más de media hora a pleno sol de una calle o de otro que hablaba solo mientras dibujaba formas en el aire. Pero es mejor que miréis Youtube, que está plagado; empezando por los de Yu-Gi-Oh! hasta terminar en los de My Little Pony.

Por otro lado, a los eventos se va a consumir y decir tonterías de la moda/meme de turno, lugares para promocionar y gastar dinero en más merchandising por acumular en el cuarto sin un objetivo claro, arrepintiéndose una vez se llega a casa cuando la cabeza comienza a entrar en frío.

Reconozco tener vergüenza ajena las veces que vuelvo al evento de turno. No me identifico (ni lo deseo) con la tribu que rinde culto a mundos creativos. Mi forma de rezar se basa en saber ver el esfuerzo y fondo que quiso expresar su creador en la obra por la que me esté dando en ese momento. No hay cosa que llene más a un autor (aparte del aspecto financiero, por supuesto).

¿Qué necesidad de tener todo producto de una obra de ficción? ¿De verdad va a gustarte menos un personaje si no tienes su muñeco? Un problema real puede surgir de la enorme cantidad de dinero invertido a la larga en cosas que poco cultivan, o que sirvan en lo general, a una persona. Los gastos son a veces más exagerados de lo que parecen (que el friki medio haga la prueba y sume el precio de todo lo que posee), y cuesta vivir en una sociedad donde con poco se plantean cualquier rasgo. Uno puede tener la casa llena de libros y discos de música que nadie señalará, sin embargo es tener videojuegos y muñecos que ya serás la comidilla de las conversaciones de cuando llegues tarde. Es injusto, pero uno se cansa y en algunos puntos da la razón al supuesto enemigo (otaku medio, ¿has pensado que las críticas de tus padres en realidad lo que desean es ayudar?).

Surge el tema de la nueva generación friki de padres. Se llevarán la sorpresa cuando su hijo muestre odiar los gustos raros de sus padres, que es lo que suele suceder, puesto que un hijo existe para contradecir a sus creadores, lo lleva en la naturaleza. Si consigue asimilarlo, lo verá como una curiosidad y lo comentará por ahí, pero para nada será el friki de sus sueños, porque encima éste mundo no para de renovarse y sólo las obras más clásicas se mantienen vivas. Es una leyenda urbana lo del chiquillo llamado “Naruto García”, pero de ser verdad pienso que los padres han actuado bastante mal. Creo que ese es uno de los puntos más negativos de ser fan, la insistencia egoísta de convertir el alrededor en lo que nos gusta, imitar una especie de trauma psicológico cuando en realidad no se tiene.

Tampoco penséis que de una cosa se va a otra, a ganar y mejorar como persona porque después de todo esto es cultura. Sí, es cultura y arte, pero la cosa se queda ahí, porque es un ciclo de “Obra, consumir, siguiente. Obra nueva, consumir, siguiente...

Recuerdo en un festival de música el tópico “todos los heavys tienen cultura”. Ahora que soy más adulto puedo asegurar que no es así, que siempre depende de la persona y no a pertenecer a una organización social. Consciente de invertir el dicho, para mí hay mucho borrego disfrazado de un lobo lleno de retales.

En fin, por mi parte seguiré leyendo cómics, perdiendo el tiempo con videojuegos o viendo la serie de moda, ya sea anime o en imagen real. Pero de ningún modo me haré llamar a mí mismo friki mientras siga sintiendo rabia y pena por quienes defienden en serio una conversación donde se discute si es más fuerte Goku o Superman; o el debate del que hablo al principio, formal dentro de su propio género, pero un absurdo desde un punto de vista más sensato.



Etiquetas:   Cultura   ·   Sociedad   ·   Capitalismo   ·   Juventud

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