. El debate era tomado muy en serio, de
un modo como nadie sería capaz de hacerlo sobre política en la
televisión.
No es raro encontrar
muros de textos en blogs y foros que defienden una película o los
propios gustos como si la vida dependiera de ello, con veces de tal
nivel de énfasis que asusta.
Me ha parecido exagerado
el asunto porque, al destriparse la naturaleza de la conversación,
se comprueba lo banal y estúpido que es gastar tantas energías y
tiempo sobre el trasfondo de un producto que está ahí para
entretener y/o consumir. Con sinceridad, estas cosas hacen que me
canse de ser lo que llaman “friki”, apelativo que nadie escoge
pero que en teoría se enarbola con orgullo.
¿De verdad tanto merecen
nuestros favoritos? Comprendo la identidad propia y el sentirse
orgulloso por lo que se es, pero es que ni en la antigua Grecia con
los primeros filósofos había tal cantidad y uso de razonamientos y
defensas como tenemos ahora con en la Red. Aunque ellos al menos
discutían por asuntos que definieron al mundo occidental, todo lo
contrario que creo pueda conseguir Breaking Bad.El primer encuentro con
lo propio del gremio fue en el primer Salón del Manga de Barcelona
al que acudí. Se presentaba la película de Card Captor Sakura y
había una euforia un poco intensa. La proyección era en la planta
de arriba, y a lo lejos se podían ver las escaleras tan abarrotadas
que hubo temor que por el peso cedieran y ocurriera una desgracia muy
seria de la que nadie parecía ser consciente salvo la organización.
La megafonía pidió que por favor se alejaran para crear una cola
ordenada, que “la dichosa Sakurita” podía esperar. Ahí es
cuando percibes un tono de algo anegado que rodea a la tribu urbana.
En ese mismo Salón
habían varios carteles defendiendo “El Manga no es peligroso, la
ignorancia sí”, en defensa de las duras críticas que el mercado
sufría hasta que pudo hacerse el hueco que tiene hoy día, bastante
sobrecargado de productos. No puedo evitar plantearme qué sucedería
si se usara esa motivación de defender lo que se gusta en cosas más
productivas o necesarias, importantes de verdad más allá de la
pronunciación correcta del personaje adorable de turno.
El siguiente punto es la
bien conocida pasión de los fans por los autores. La mayoría de
creadores se dejan llevar o disimulan mientras puedan conseguir un
mínimo que comer, pero otros autores no se callan. George R. Martin
es conocido por soltar indirectas a sus propios lectores (quizás más
a los espectadores de la serie), alegando que le cansa que le acusen
de mata-personajes sin fundamento, como si eso afectara a su vida,
cuando él es el autor y hace lo que le viene en gana, que para eso
lo que venden son sus ideas, estilo y experiencia.
Me pongo en su lugar y
debe de ser muy enervante leer en cada esquina de Internet
acusaciones e insultos porque sí, sólo porque el fan medio no está
satisfecho con algún aspecto en concreto. Primero que el autor no
trabaja al servicio directo con el consumidor de sus historias, y
segundo que es un ser humano como todos los que pisan el mundo, y
también tiene sus necesidades más allá de estar horas y horas
trabajando en algo que, en un principio, ilusiona para que luego te
aplasten como si todo esfuerzo y cariño invertido no sirvieran de
nada. Las críticas son bienvenidas puesto que ayudan a mejorar, pero
la típica conducta negativa del mundillo ante todo lo reseñable es
abundante y puede acabar con la paciencia de hasta el mejor autor.
En mi opinión, este
comportamiento general hacia un creador es más una conducta tópica,
un dejarse llevar más que un sentimiento real y sincero; incluso
puede que para llamar la atención y/o sentirse integrado frente a
otros críticos de la obra, sin pensar o sentir lo que se está
diciendo en verdad. Si aprecias a alguien, se lo dices, le das los
motivos y, siempre con educación de ser humano, le dices qué puntos
no te han gustado. Como no hay tiempo para que cada uno le diga lo
que piensa a un autor en persona (es increíble, pero también tienen
tiempo que invertir), se lo dejas en su página web que, se crea o
no, también tienen Internet y saben leer. Además, las editoriales y
productoras ven el potencial de la red de redes y lo aprovechan. Hay
autores que encantados, y otros ya contratan al becario de turno.
Pero lo que tiene que quedar claro es que no han nacido para nadie
salvo para ellos mismos, y si el gordo quiere matar a Tyrion, bien
que hará porque así sentirá que debe de ser.
Por otro lado recuerdo
que Matt Groening también soltó su indirecta en un episodio de Los
Simpson, donde con un tono de ironía aseguraba que habrían
autógrafos para todos, además que quien quisiera podía tocarle la
barba, la cual se dice que da suerte.Otro punto que me hace
ver que la invasión friki se desató y ya no tiene retorno es cuando
uno va al cine a ver una película de animación. Hoy día en la sala
hay más adultos que niños. No sé si me equivocaré, pero siento
como si este mundillo no permitiera hacer crecer a la persona. Está
bien mantener al niño interior vivo, pero que se involucre con tu
vida diaria es el problema, y siento que es así por la conducta que
he llegado a ver.
Muchos hacen de su
afición su modo de vida hasta el último segundo, imitando
comportamientos de dibujo animado japonés o pronunciando expresiones
que ni un Treakie hardcore o Sheldon sabrían decirte. En los
colegios son los marginados, y ya no sé si es por la ineptitud
social que suele suceder al criarse con demasiados cómics o porque
en el fondo les da igual al creerse que van a ser como el héroe que
al final todo el mundo da la razón. Cuando se tiene quince años no
es raro pensar éso, el problema es cuando lo veo en gente que ya
roza los treinta.
No exagero si digo que el
mayor número de “bichos raros” y anti-sociales los he encontrado
en estos lares. Siempre hay uno en la tienda de turno, un grupillo o
el típico que se acopla en los eventos y aglomeraciones. Todos
conocemos alguno/s. Puedo dar ejemplos rápidos de un tipo haciendo
el cuervo más de media hora a pleno sol de una calle o de otro que
hablaba solo mientras dibujaba formas en el aire. Pero es mejor que
miréis Youtube, que está plagado; empezando por los de Yu-Gi-Oh!
hasta terminar en los de My Little Pony.
Por otro lado, a los
eventos se va a consumir y decir tonterías de la moda/meme de turno,
lugares para promocionar y gastar dinero en más merchandising por
acumular en el cuarto sin un objetivo claro, arrepintiéndose una vez
se llega a casa cuando la cabeza comienza a entrar en frío.
Reconozco tener vergüenza
ajena las veces que vuelvo al evento de turno. No me identifico (ni
lo deseo) con la tribu que rinde culto a mundos creativos. Mi forma
de rezar se basa en saber ver el esfuerzo y fondo que quiso expresar
su creador en la obra por la que me esté dando en ese momento. No
hay cosa que llene más a un autor (aparte del aspecto financiero,
por supuesto).
¿Qué necesidad de tener
todo producto de una obra de ficción? ¿De verdad va a gustarte
menos un personaje si no tienes su muñeco? Un problema real puede
surgir de la enorme cantidad de dinero invertido a la larga en cosas
que poco cultivan, o que sirvan en lo general, a una persona. Los
gastos son a veces más exagerados de lo que parecen (que el friki
medio haga la prueba y sume el precio de todo lo que posee), y cuesta
vivir en una sociedad donde con poco se plantean cualquier rasgo. Uno
puede tener la casa llena de libros y discos de música que nadie
señalará, sin embargo es tener videojuegos y muñecos que ya serás
la comidilla de las conversaciones de cuando llegues tarde. Es
injusto, pero uno se cansa y en algunos puntos da la razón al
supuesto enemigo (otaku medio, ¿has pensado que las críticas de tus
padres en realidad lo que desean es ayudar?).
Surge el tema de la nueva
generación friki de padres. Se llevarán la sorpresa cuando su hijo
muestre odiar los gustos raros de sus padres, que es lo que suele
suceder, puesto que un hijo existe para contradecir a sus creadores,
lo lleva en la naturaleza. Si consigue asimilarlo, lo verá como una
curiosidad y lo comentará por ahí, pero para nada será el friki de
sus sueños, porque encima éste mundo no para de renovarse y sólo
las obras más clásicas se mantienen vivas. Es una leyenda urbana lo
del chiquillo llamado “Naruto García”, pero de ser verdad pienso
que los padres han actuado bastante mal. Creo que ese es uno de los
puntos más negativos de ser fan, la insistencia egoísta de
convertir el alrededor en lo que nos gusta, imitar una especie de
trauma psicológico cuando en realidad no se tiene.
Tampoco penséis que de
una cosa se va a otra, a ganar y mejorar como persona porque después
de todo esto es cultura. Sí, es cultura y arte, pero la cosa se
queda ahí, porque es un ciclo de “Obra, consumir, siguiente. Obra
nueva, consumir, siguiente...
Recuerdo en un festival
de música el tópico “todos los heavys tienen cultura”. Ahora
que soy más adulto puedo asegurar que no es así, que siempre
depende de la persona y no a pertenecer a una organización social.
Consciente de invertir el dicho, para mí hay mucho borrego
disfrazado de un lobo lleno de retales.
En fin, por mi parte
seguiré leyendo cómics, perdiendo el tiempo con videojuegos o
viendo la serie de moda, ya sea anime o en imagen real. Pero de
ningún modo me haré llamar a mí mismo friki mientras siga
sintiendo rabia y pena por quienes defienden en serio una
conversación donde se discute si es más fuerte Goku o Superman; o
el debate del que hablo al principio, formal dentro de su propio
género, pero un absurdo desde un punto de vista más sensato.