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¿Qué es el tiempo (II)


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04/08/2014


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Breve reseña de la evolución de las concepciones sobre el tiempo.


Pero la concepción del tiempo no siempre ha sido vista con mentalidad científica o con una profundidad esotérica. A lo largo de la historia de la humanidad, el tiempo se ha concebido unas veces como una medida lineal, otras como un conjunto de ciclos enlazados; como un marco fijo de referencia señalado por la magnitud inalterable que miden los relojes, o bien como eternidad inalcanzable; a veces como algo atemporal y en relación con el espíritu -y por ello contrapuesto a un tiempo material y cambiante- y otras tantas como una mera percepción subjetiva y psicológica; como un devenir que nos impulsa a encontrar nuestro destino personal e histórico, o como una vivencia de nuestro ser interior, cualitativa a veces y mensurable otras con que la conciencia va encontrando su propio hilo de Ariadna para salir del laberinto de la vida o hallar su centro…

Aristóteles relacionaba el tiempo con el movimiento. Sin movimiento no podía hablarse de tiempo, porque no había un “antes” y un “después”. Pero entonces se ligaba dicho tiempo a la materia. Las posiciones de la escolástica cristiana, que tanto han marcado nuestro tiempo, siguieron también la visión aristotélica, dando lugar a la concepción de un tiempo lineal. Puesto que lo material era limitado era obvio que tendría fin, y en consecuencia existiría también un final para el tiempo. Así, se concebía que todas las cosas y los seres llegarían a un final del mundo.

Fue Henri Bergson quien introdujo la concepción de que el tiempo tenía un aspecto objetivo, medible, y un componente subjetivo. Para él, el tiempo subjetivo, era el auténtico tiempo, pues representaba la medida de nuestras vivencias, de nuestras percepciones. Este tiempo era el auténtico, y su duración era variable pues dependía del registro que quedaba impreso en las intuiciones profundas del alma. Frente a Bergson se hallaban las corrientes positivistas, que veían en el tiempo una magnitud fija, absoluta y estática.

Pero la concepción de un tiempo absoluto, inmóvil, cuya medida era inalterable e igual para todos los seres, sufrió un verdadero correctivo con las concepciones sobre el tiempo debidas a Albert Einstein.

Al introducir el concepto del espacio-tiempo, Einstein demostró que ambas magnitudes estaban ligadas, y que el tiempo era relativo. A la medida del ancho, del largo y del alto, que definen un espacio tridimensional, había que añadirle una cuarta dimensión, el tiempo, que variaba con la posición espacial en que se hallara un sujeto.

Pero al decir que el tiempo era relativo, Einstein no se refería tan sólo a la percepción subjetiva de la duración de un acontecimiento, sino que, también, como magnitud física Einstein demostró que el tiempo era variable. La medida del tiempo pasó a ser también función del sujeto que la experimentaba, y dependiente de si estaba quieto o en movimiento.

También se demostró, que la velocidad de la luz (de 300.000 km/seg.) era una barrera infranqueable para cualquier objeto, y que cuando se viajaba a grandes velocidades próximas a la de la luz, la medida del tiempo se ralentizaba.  Es decir, la duración de un suceso cualquiera, medida por un reloj que se moviera a grandes velocidades con respecto a la duración de mismo suceso, medida por un reloj inmóvil, se acorta, y por lo tanto transcurre con más lentitud.

Un experimento realizado en 1999 en los Laboratorios Nacionales de Física del Reino Unido, por el profesor Laverty, demostró que dos relojes atómicos sincronizados, uno instalado en un avión supersónico y otro inmóvil en el laboratorio, registraron tiempos diferentes, con una diferencia de 55 nanosegundos (la millonésima parte de un segundo), confirmando las predicciones de la teoría.

La paradoja de los gemelos ilustrará también estas ideas. Si uno de ellos viajara con una potente nave al espacio, con velocidades cercanas a las de la luz, al regresar sería mucho más joven que el hermano que permaneció en Tierra. El transcurso del tiempo para él, en el espacio, sería más lento. 

En  relación con la masa de los objetos, la medida del tiempo también resultó ser variable según que la posición del observador fuera próxima a una gran masa gravitatoria o estuviera alejada de ella, y en todos estos casos, precisos relojes de cesio marcaban desfases que podían constatarse, aún siendo estos de minúsculas fracciones de segundo.

En la actualidad las concepciones de Einstein han sido ampliamente verificadas, siendo un hecho comprobado que el tiempo transcurre más lentamente si se mide cerca de una gran masa gravitatoria, por ello en un gran rascacielos los relojes situados en la planta baja van más lentos que los situados en las últimas plantas.

Einstein terminó de este modo con la concepción de un tiempo absoluto.

Agujero de gusan_00La ciencia contemporánea comenzó entonces a trabajar con varias dimensiones más allá de nuestro espacio físico. Se comenzó a hablar de “hiperespacios” con decenas de dimensiones y a calcular matemáticamente sus intrincadas ecuaciones, que permitían desarrollos de las propiedades físicas existentes en ellos, aunque no siempre fueran fáciles de comprender sus resultados, por la dificultad de imaginarlos.  Se concibió la posibilidad de la existencia de otros universos paralelos al nuestro, es decir, otros lugares definidos con relaciones espacio-tiempo diferentes.

A mitad del siglo XX, Gamow lanzó la idea de que el origen del universo se debería a una gran explosión inicial, denominada Big-Bang. Finalmente se pudo comprobar dicha afirmación al descubrir  la existencia de una radiación de fondo, similar a un murmullo perceptible en cualquier dirección del espacio, debida a microondas procedentes de aquel primer episodio. Tales hallazgos permitieron fijar  dicho acontecimiento en una antigüedad de unos 15.000 años atrás. Se comprobó también que el universo estaba en continua expansión, y se comprendió entonces que nuestro concepto del tiempo tan solo tenía sentido desde aquel momento inicial.

Actualmente suele afirmarse que todo lo que hubiera sucedido anteriormente al primer instante del big-bang no tenemos forma de relacionarlo con nuestro espacio-tiempo, ni de entenderlo, dado que en un espacio mínimo se acumuló una masa muy densa, que podríamos asemejar a una masa infinita, y este hecho, entraña dificultades que impiden aplicar nuestra formulación matemática. Así suele afirmarse que el tiempo, para nuestro espacio-tiempo, nació en el momento de la gran explosión, y por tanto no es tampoco un tiempo absoluto.

Según Stephen W. Hawking, el considerar un origen definido, y la propia expansión del universo nos permite definir una dirección o flecha del tiempo, dado que los sucesos para nosotros ocurren como si procedieran del pasado en dirección al presente, para continuar hacia el futuro. Pero nada impide, en teoría, que en otros tipos de espacio-tiempo esta dirección física, y también psicológica de nuestra percepción del tiempo, fuera en sentido inverso.

Los experimentos científicos de Aspect a partir de las teorías de Bell, demostraron que al proyectar un par de partículas hacia una placa metálica, en la que se disponían dos rendijas paralelas, cuando una de las partícula lograba traspasarla, siempre se daba el caso de que la otra no lo hace. Ello llevó a la conclusión de que tenía que haber una forma de comunicación entre dichas partículas, independiente de la distancia relativa a la que se hallen, que es cuanto menos extraña, porque dicha comunicación se debía efectuar a velocidades superiores a la de la luz.

Ello abrió la posibilidad de la existencia de partículas que pudieran viajar a velocidades superiores al tiempo, a las que se denominó “taquiones”. Aunque las partículas pertenecientes a nuestro espacio-tiempo no puedan rebasar el horizonte temporal que marca la velocidad de la luz, no puede descartarse la existencia de partículas ajenas a él, que pudieran rebasaran la velocidad de la luz desde su nacimiento.

Finalmente, citaremos tan solo que los experimentos de Richard Feynmann demostraron que algunas partículas podían viajar en sentido inverso del tiempo, viajaban hacia tiempos negativos.

De un tiempo absoluto y estático se ha pasado en unos siglos a concebir un tiempo relativo, dependiente del sujeto que lo mide, sometido a ciertas barreras, y relacionado con todas las leyes físicas.

Del mismo modo que la clonación humana es ya una posibilidad bastante real, tal vez el ser humano juegue pronto con el tiempo al mismo nivel. Si los apuntes que actualmente aporta la ciencia se van consolidando, el tiempo, incluso, podría ser utilizado en el futuro de un modo reversible. Ya sea aprovechando los desfases en las distintas mediciones del tiempo de un mismo suceso, o por el conocimiento futuro de los taquiones… Bien sea aprendiendo a recorrer en sentido contrario el tiempo, o aprovechando los puentes de Einsten-Rosen a otras dimensiones o universos paralelos… tal vez el futuro encierre una ventana abierta al pasado. Una vez más, hará falta un sentido ético para encarar las nuevas herramientas que descubre el hombre, porque más allá del hombre cambiante que es pasajero en el tren de su época, existe un hombre interior que en conciencia se sabe más allá del tiempo y también, una Humanidad que traspasa el tiempo en busca de su perfección.



Etiquetas:   Ciencias   ·   Gestión del Tiempo
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