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¿Podemos ver las consecuencias de los actos de ambición y codicia del ser humano?


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30/07/2014


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¿Podemos ver las consecuencias de nuestros actos y darnos cuenta lo que provocan y afectan a los demás?Mientras leo la noticia "La Contraloría Regional de Valparaíso se niega a iniciar un sumario administrativo, el que iba a significar posteriormente sanciones a  los funcionarios de la Dirección de Obras de La Ligua, quienes han permitido en los hechos la ejecución de viviendas brujas en el territorio jurisdiccional de esa comuna", me viene muchas cosas a la cabeza que siento necesario compartirla. Todos, al leer este pequeño párrafo  sin temor a equivocarme, podemos cuestionamos: ¿Por qué la contraloría se niega a iniciar un sumario?  


Me hago la pregunta que plateo al principio. Estoy recién empezando la mañana y mi único deseo es hacer la cosas bien.  Pero hacer las cosas bien, obviamente no significa lo mismo para todos. ¿Hacer bien el Bien o hacer bien el Mal? 

¿No le parece injusto que ante una denuncia las personas protejan a los que están cometiendo o, han cometido un delito? Los afectados y los observadores  pueden llegar a creer que si nadie los escucha,  tienen derecho a tomar represarias o hacer justicia a su manera. Cuando la gente llega a estos extremos es porque no sólo a perdido la confianza en las personas; también la esperanza en el sistema. 

Para entender qué está pasando y, tener al menos una respuesta a tantas preguntas,  podemos ir al principio de las cosas y ver dónde se produce el cruce de la línea que separa el bien del mal en sentido general. No tenemos que buscar demasiado lejos está en nosotros mismos: La codicia.

LA CODICIA afecta la vida de millones de personas. Deshumaniza al codicioso y acarrea dolores y angustias a las víctimas. Es posible que usted sienta en carne propia sus efectos. Algo tan común como el robo en las tiendas eleva el precio de los artículos. Si su salario es escaso y no alcanza para lo más básico, probablemente padezca la codicia ajena,  de un empleador injusto que se acoge a la ley de lo mínimo de un Estado que absorbe la riqueza en beneficio de unos pocos. 

Tan sólo una persona codiciosa puede acarrear a toda una organización a su espiral interminable. El codicioso suele ser muy inteligente y su red no sólo es de beneficios, como aparentemente hace creer, su red es tan peligrosa como cualquier delincuente que te pone una pistola en la cabeza. Este personaje, siempre presente en todos ámbitos de la vida, saber perfectamente que la codicia se despierta tan rápido como el deseo de bienestar. Pero, con su astuta forma de maniobrar las personas incautas no ven el peligro.

El mundo entero cae ante este flagelo y mucha gente sufre de manera que mueres esperando lo que el codiciosos aprovechó. 

Por doquier hay víctimas de la codicia. El hambre en el mundo, las crecientes diferencias entre ricos y pobres. Hace algunos años, según The New York Times, James Gustave Speth, uno de los administradores del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, habló del “surgimiento de una elite mundial [...] que acumula riqueza y poder en grandes cantidades, mientras más de la mitad de la humanidad queda fuera del reparto”. Otro comentario suyo resalta la peligrosa desigualdad entre ricos y pobres: “Más de tres mil millones de seres —cifra superior a la mitad de la población del planeta— aún perciben menos de 2 dólares diarios”. Luego agregó: “En este mundo polarizado en dos clases, la situación es un criadero de desesperación, ira y frustración”.La desesperación se potencia porque muchos adinerados no dan muestras de sensibilidad ni de compasión ante el infortunio de las masas hambrientas y míseras.

Y otra desastrosa lacra que se ha  relacionado con la ambición y poco a poco se ha vuelto mas evidente de una manera muy particular en el mundo lo señala Gordon Thomas  en su libro Esclavizados  (Enslaved): “Según la Anti-Slavery Society (Sociedad Antiesclavista), en el mundo hay unos doscientos millones de esclavos, cien millones de ellos niños”. ¿Cuál es la causa fundamental? El informe explica: “El afán esclavizador es una parte tenebrosa de la naturaleza humana. [...] [La esclavitud es] hija de la avidez, la codicia y el ansia de poder”.

Los codiciosos intereses de las naciones entorpecen las campañas gubernamentales de ayuda a los pobres y los desvalidos.  El mundo entero llora a los niños masacrados en la Franja de Gaza donde habitan los palestinos esperanzados en tener un país propio. Pero somos testigos de que la ambición a grado mayor, crea verdaderos monstruos. 

No es de la noche a la mañana que pasan estas cosas. Cuando salen a la luz pública ya ha cavado un profundo túnel en la sociedad.  

¿Se ve usted como un codicioso? ¿Ve usted un codicioso cerca? No crea que ese simple deseo de adquirir lo deseado, a costa de cualquier cosa es muy sano.  

¿Cómo sobrevivir a la codicia?

Voy a buscar información para responder a ésta pregunta y en otro articulo, espero que me deje sus comentarios.

Les dejo este proverbio que encontré, apropiado el tema 

“No fabriques ninguna cosa mala contra tu semejante, cuando está morando con un sentido de seguridad contigo.” (Proverbios 3:29.)

Saludos y gracias.



Soy Erica Henriquez O. 









Etiquetas:   Víctimas   ·   Ambición

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