Tras el fracaso electoral del presidente de la Generalidad, Arturo Mas, acuñado cuando pretendió gestionar la presidencia con mayores garantías y diputados, tuve una ligera esperanza de que la tabarra pancatalanista con la que aburre y harta el empecinado político, pudiera remitir un poco, aunque tan sólo fuera un simple tono. Pero no hay suerte. El encopetado y henchido catalanista continúa cada día con su desafinada fanfarria, dándonos la coña independentista, secesionista y separatista con su derecho a decir.Tal es el tormento de los sonoros bises de la cantarina copla, que nos obliga a desplazar casi siempre el dial que retransmite los ecos del coro reivindicativo catalanista. Pero el problema es que ese tormento no se produce en momento determinado o en horario prefijado. Qué va, ni mucho menos. El soniquete independentista navega por canales, pantallas y diales a todas las horas del día y noche, con derroche de tertulias y tertulianos. Es una retahíla insulsa y cansina que nos tienen hasta los dídimos y mucho más arriba.




