. Los recientes acontecimientos de la semana en el mundo son una muestra de que nuestros representantes y políticos no están dispuestos a cambiar el rumbo de las cosas. Sin embargo, urge una solución antes de que sea tarde.
En Noviembre de 2013 tuve la
suerte de asistir al Parlamento Europeo en Bruselas (Bélgica). Mientras
esperaba para entrar, en la gran plaza delantera pude observar un grupo de
personas que protestaban con banderas y respondían a los medios de comunicación
y a las cámaras de televisión. Llevaban grandes pancartas y muchos guardaban la
emoción en sus rostros. Sus banderas eran ucranianas y europeas. No es difícil deducir
que eran un grupo de ucranianos proeuropeos que reclamaban que los acuerdos
entre Europa y Ucrania avanzasen en contra de las intenciones rusas de impedir
los pactos con Occidente. Muchos de ellos lloraban. No pude entonces comprender
porque un siempre giro a Europa provocaba tanta emoción, pero tampoco imaginaban
ellos, al igual que yo entonces, que aquellos días de protestas acabarían por
romper un país, provocar una guerra y, ni de lejos, que un avión comercial
caería sobre sus tierras víctima de un misil en medio de un conflicto bélico
que lleva meses sin una solución clara. Porque a Rusia le interesa Ucrania
(aunque ya tenga parte de lo que quería, su ansiada base en Sebastopol y otros
territorios crimeos), y a Europa Ucrania se le antoja un problema de segundo
orden que sin embargo se desarrolla en nuestro territorio. Porque Ucrania,
aunque esté a oeste, es Europa. Sin incidir en el derecho de todo pueblo a la
autodeterminación, y aludiendo al dicho popular, dos no pelean si uno no
quiere. Por ello, es necesario que Rusia se siente a pensar si de verdad merece
la pena un conflicto que afecta ya a varios países en varios continentes por el
reciente accidente aéreo. Y Europa y EEUU deben entender que esta guerra debe
pararse ya y darle la importancia que se merece y que hasta ahora no se le ha
dado. Es hora de sentarse a hablar.
Por otro lado, la semana ha dado
mucho de sí, con la quiebra oficial del Banco Espíritu Santo, primer banco de
Portugal. Mucho me temo que este nuevo revés para el país luso tendrá efectos
en nuestra economía y quebrará de nuevo a Europa. Es hora también de sentarse y
mirar que hemos hecho mal, y que lo que se ha hecho hasta ahora, la esperanzadora
austeridad quizás no sea ya una solución viable. Quizás hay que cambiar el
rumbo.
Y de la misma manera, el enésimo
enfrentamiento entre palestinos e israelíes pone de manifiesto que no hay un
deseo claro de pactar una paz duradera. El muro que Israel construye sobre
asentamientos palestinos en Gaza es una muestra más de las nulas intenciones
israelíes de llevar la paz a sus ciudadanos. Y de la misma manera es una
muestra más de la desidia que produce en el mundo de la diplomacia ese
conflicto, que no interesa – sobre todo a EEUU y occidente – que finalice. Hay
mucho dinero en juego, como siempre.