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Durante mi vida universitaria me tocó vivir y apoyar los grandes
movimientos universitarios de los años sesenta. Soy, por tanto, uno de esos profesionales que
nos manifestamos a favor de la reforma
universitaria y ahora al contemplar los
miles de manifestantes ciudadanos y ciudadanas por todo el país no puedo evitar
sentirme, en gran medida, reflejado en muchos de los ojos de los manifestantes.
Comparto muchas de las inquietudes de los estudiantes, no sólo por lo que me tocó vivir sino que también
porque ahora soy uno de los contribuyentes del modelo educativo actual, pues
aún tengo una hija que estudia y debo mes a mes pagar por su educación con mis
recursos de jubilado.
Yo también me he educado en la creencia de que la democracia debe
ser el “gobierno del pueblo”, no sólo etimológicamente y veo con desazón que en
el mundo de la educación el verdadero
poder está en manos del mercado.
Los miles de manifestantes de las jornadas estudiantiles están ejerciendo
un derecho maravilloso, el de ciudadanía y los políticos, fundamentalmente de
la Concertación, deberían tener muy presente el mensaje que se está haciendo
llegar.
Siempre es necesario profundizar la democracia mejorando la
participación de los ciudadanos y ciudadanas en la vida política. Los políticos
deberían desterrar el vicio de acordarse
de los ciudadanos sólo cuando hay elecciones.
Las manifestaciones deben movernos a un proceso profundo de
reflexión y entender estas manifestaciones, no como una agresión, sino como una
oportunidad.
Los enemigos de los movimientos estudiantiles pueden ser muchos y muy
poderosos. Hoy nuestro país parece estar en manos de intereses particulares y
los políticos no pueden resolver todos los problemas de los ciudadanos. Aquel
político que nos prometa tener una solución para todo, o es un iluso, o
sencillamente miente.
Es la hora de pronunciarse y pedir soluciones, no sólo de los estudiantes sino de todos los ciudadanos.
Miguel Trigo Valle