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Telmex-Dish, los monopolios y el capitalismo de amigos


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10/07/2014

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“…los empresarios beneficiarios del capitalismo clientelista (crony capitalism) profesan la fe en el libre mercado, pero se benefician de la errática aplicación de leyes esencialmente ambiguas por parte de políticos intervencionistas y corruptos…”


 Paul Krugman

A pesar del mundial de futbol y del periodo vacacional que se avecina, la discusión y aprobación de las leyes secundarias en materia de competencia económica no deben pasar desapercibidas. En concreto, en este texto, abordaré el tema de las telecomunicaciones y del affair Telmex-Dish como uno de los ejemplos más ilustrativos de los mercados de competencia imperfecta que imperan en nuestra economía. La llegada del empresario mexicano Carlos Slim a la lista de los diez hombres más ricos del mundo en la década pasada, inclusive, tampoco debe disociarse de este asunto.

Esta integración de mercado encubierta por un poder monopólico inmenso (Telmex-Dish) y la influencia de Slim en el poder público y en un sector de alta rentabilidad, han contribuido a que la desigualdad en México sea un tema recurrente en la agenda gubernamental y una gran deuda de la democracia mexicana con los ciudadanos.

Por ello, por lo menos en el discurso, mitigar la pobreza, incrementar la riqueza y el crecimiento económico y el bienestar de los mexicanos son algunos de los objetivos del Gobierno de Enrique Peña Nieto y del regreso del PRI a la presidencia de la República.

Capitalismo de amigos.

Para nadie es ajeno que Carlos Slim construyó su imperio de la mano de la corrupción y de las posibilidades que se abrieron con la apertura económica que se inició en nuestro país en la mitad de los años ochenta, cuando México optó por el neoliberalismo como su modelo de crecimiento. Fue durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari cuando el Ingeniero Slim, entonces un modesto y combativo empresario del ramo constructor comenzó su escalada exponencial como hombre de negocios, principalmente, con la adquisición de Teléfonos de México (Telmex), una paraestatal en quiebra a precios de ganga. En economía esto se conoce como: “capitalismo de amigos”.

El capitalismo clientelista o amiguista es un término que describe una economía supuestamente capitalista en que el éxito en los negocios depende de una estrecha relación entre los empresarios y los funcionarios gubernamentales. Entre sus expresiones más frecuentes se puede mencionar favoritismo en la distribución de permisos legales, subvenciones del gobierno, venta de paraestatales, impuestos especiales y contratos, entre otros atributos permitidos por la Ley.

En su forma más suave, el capitalismo clientelista consiste en una colusión entre los agentes del mercado y el gobierno y los políticos para lograr una mayor apropiación de rentas. Normalmente, estos esquemas conducen a la generación de mercados y sectores de la economía en condiciones de mercado poco competitivas, tales como: monopolios, oligopolios, cárteles, entre otros. (Pregúntenle a Purificación Carpinteyro).

Es cierto que en más de 20 años, Telmex, de la mano de Slim, pasó de ser una empresa telefónica paraestatal ineficiente, con poca infraestructura y con pérdidas, a ser una empresa con alta tecnología, diversificación, cobertura y capacidad instalada a la altura de las más importantes del mundo. A grado tal que el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL) la ha considerado empresa preponderante en su sector. No obstante, este crecimiento espectacular de Telmex, se logró sin tener enfrente a ningún competidor, a ninguna autoridad que regulara sus prácticas y, como en los combustibles, los ciudadanos tuvimos que soportar los abusos de la única empresa que ofertaba los servicios de telefonía en el país.

Telmex, con base a su poder monopólico, cobró durante más de 20 años las tarifas de acceso a telefonía local, renta de aparatos y larga distancia más caras del mundo, y en países que pertenecen a la Organización para el Crecimiento y el Desarrollo Económico (OCDE), durante la última década, el acceso a internet más deficiente y 80% más caro, incluso, que países como Estados Unidos o Canadá con quienes establecimos un acuerdo comercial desde 1994. En pleno siglo XXI esto es simplemente inconcebible.

TELMEX y DISH una acción de integración de mercado encubierta.

La adquisición de Telmex durante la etapa en que el PRI de la mano de Carlos Salinas de Gortari gobernó México, primero, y después la llegada de Dish de la mano de Telmex durante la etapa en la que el PAN mantenía la Presidencia de la República, son un claro ejemplo de los beneficios concedidos al amparo de la Ley del capitalismo clientelista. Esa es la sombra que envuelve a Slim y lo aleja de los grandes empresarios y por la cual es visto con un dejo de arrogancia inclusive en el extranjero. El monopolio privado de telefonía una vez que llegó a niveles máximos de utilidad que significaron más de 20 años de esquilmar a los ciudadanos impunemente, se dispuso a entrar tramposamente en el mercado de la televisión de paga por la misma vía y con la misma intención, pero ahora, gracias a la inmensa red de telefonía y fibra óptica que Telmex ha consolidado con los años. Esta gran infraestructura lograda a base de poder monopólico y consentimiento del Estado, hasta antes de la reforma a la Ley de Telecomunicaciones aprobada en enero 2013, representa la barrera más grande de entrada a sus competidores y la posibilidad inmensa de cobrar tarifas sumamente excesivas a los ciudadanos.

Nadie puede negar el valor que tiene como empresario Carlos Slim; pero, por ejemplo, la diferencia entre el dueño de Telmex y Bill Gates es mucha y muy contrastante. Mientras que Bill Gates creó una empresa mundial, con poder monopólico, con base a una innovación y desarrollo de tecnología, como lo fue y ha sido Microsoft; Slim surgió a partir de la subasta de una empresa telefónica pública a precio de ganga que hoy es Telmex. Bill Gates desarrolló e innovó en una industria, y Carlos Slim aprovechó los nexos políticos y la corrupción para apoderarse de una paraestatal y pasar de un monopolio público a uno privado con total impunidad. Esa es la gran diferencia.

Para un país que tiene a más del 50% de su población con estatus de pobre, donde prevalece la falta de inversión en innovación y tecnología, y donde el 10% de la población es dueña del 80% de la riqueza que produce nuestro país (INEGI), esta realidad es muy dolorosa y contrastante.

Es curioso y hasta irrisorio (solo en México pasa), en medio de esta enorme desigualdad y protección política Telmex surge como monopolio privado gracias al PRI y se perfila como un competidor con amplio poder de mercado en el ramo de la televisión de paga, gracias a los gobiernos del PAN. Lamentablemente, para Slim, el PAN perdió la presidencia de la República y la nueva configuración del poder en México también cambió el juego de ajedrez empresarial en el país. Primero se deben rehacer y equilibrar las estructuras de poder político y económico del país; y por otro lado, también es definitivo que Slim no puede entrar en un nuevo mercado bajo las mismas reglas con las que operó en la telefonía local y de paga. Eso es definitivo.

En mayo pasado el IFETEL concluyó acerca la integración Telmex-Dish, lo siguiente: “...se tienen elementos indiciarios de que los Emplazados son probables responsables de realizar una concentración en términos del artículo 16 de la LFCE, debido a que los derechos y obligaciones otorgados en LOS CONTRATOS generan que Telmex, Teninver, DMH, EchoStar, EchoStar México, Grupo MVS y GFMTV persiguieron intereses financieros y comerciales comunes en cuanto a que dichas sociedades coordinen su comportamiento para controlar conjuntamente la operación de DM y Cofresa en el mercado. Situación que de conformidad con el artículo 16 de las LFCE, en relación con los criterios señalados por la SCJN, constituye una concentración”.

En este contexto, con el regreso del PRI al poder y la necesidad de promover una segunda generación de reformas que quedaron inconclusas en 1994, cuando el país se convulsionó política y económicamente, para el Presidente Enrique Peña Nieto, la promoción y aprobación de las leyes secundarias en telecomunicaciones equivaldrían a la expropiación petrolera que Lázaro Cárdenas llevó a cabo en 1938. De ese tamaño sería el logro para el Presidente Peña Nieto si reduce el poder de Slim y de otros empresarios de éste y otros sectores de la economía de nuestro país. Las reglas cambian: más poder y control del estado.

Quien lo dijera, ahora es el PRI quien le impone sanciones y controles a uno de los empresarios institucionales del Estado. Claro que en un contexto y coyuntura política distintas.

Impactos positivos de la reforma en telecomunicaciones y el IFETEL.

Ahora bien, el nuevo marco regulatorio no garantizará por sí mismo una mayor competencia, aunque constituye un mensaje claro a favor de un terreno de juego más parejo. La clave ha sido anteponer los beneficios de la ciudadanía.

Las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones que han comenzado a votarse en comisiones del Senado de la República y que tendrán que ser aprobadas en el pleno de la Cámara alta y de los diputados en los próximos días, se han convertido en una batalla política y también empresarial, pero se olvida que, en última instancia, de lo que se tendría que debatir es, sobre todo, del beneficio para los consumidores.

No se trata y no se debería tratar, de una lucha entre Telmex y Televisa, sino de contar con servicios eficientes, competitivos y con capacidad de opción para poder elegir entre ellos. En realidad, las resoluciones que había tomado el IFETEL sobre preponderancia afectaban mucho más a Televisa que a Telmex, aunque declarara preponderantes a ambas empresas. Era sencillo: mientras que para las televisoras las medidas eran muy estrictas y vinculantes, para las telefónicas eran laxas y en buena medida interpretativas. Hoy, la iniciativa de leyes secundarias enviada al Congreso perfecciona esas resoluciones y establece un terreno más justo para la competencia y la apertura del sector.

La carencia más importante que había que solucionar es lo que se conoce popularmente como la de la última milla, y que, técnicamente, se denomina como el tráfico “on net” y “off net”, que no es otra cosa que los costos de la interconexión que hacen otras empresas vía las redes de Telmex y Telcel y se resume en algo muy sencillo: cuánto se cobra, si es que se cobra, a otras empresas por utilizar la red de la empresa que tiene más de 80% del mercado y controla para sí misma esas redes. Para cualquier competidor es imposible acceder en términos competitivos a esa red, porque los costos se disparan inmediatamente.

Pues bien, la iniciativa de las leyes secundarias en el sector subsana esas carencias. Un punto es clave: le impone una tarifa de interconexión cero a Telcel que hará efectiva la competencia. La tarifa de interconexión es el mecanismo que ha impedido a todos sus competidores crecer y hace una diferencia enorme a la hora de aplicar tarifas. Es imposible superar ese escollo porque, por un mismo servicio, siempre la empresa preponderante puede cobrar menos que sus competidores. Ya no será así.

Tampoco podrá discriminar entre las llamadas producidas dentro de su red y las que provienen o salen de otra red y además se logrará que el roaming, o sea las llamadas de larga distancia, terminen siendo sin costo adicional. ¿Sabe cuánto nos cuestan a los consumidores las llamadas de larga distancia al año? 19 mil millones de pesos, un costo que no tiene, tecnológicamente hoy, ninguna justificación.

Telmex ha argumentado hasta el cansancio que esa red fue comprada en su momento por Telmex, una empresa en muchos sentidos envidiable. Es verdad, pero 20 años después esos costos se han más que amortizado, han generado ganancias enormes, y mantener el monopolio en ellas castiga la competitividad y por ende los costos para la gente y las empresas. 

No olvidemos, además, que ninguna de las empresas declaradas como preponderantes, o sea Telmex y Televisa, cada una en su sector, deberá desincorporar activos, o sea deshacerse de parte de las mismas para hacer más competitivo el mercado, como ocurrió en su momento, por ejemplo, con la principal empresa telefónica de  Estados Unidos, que se tuvo que dividir en cinco empresas, o como se sancionó al grupo Clarín en Argentina, para que se dividiera también en varias empresas diferentes y desincorporar alguna de sus partes.

Las leyes secundarias atacan temas capitales: obliga a todos a competir con mejores precios y servicios; dos nuevas cadenas de televisión podrán utilizar en ciertos ámbitos capacidad instalada de Televisa para su transmisión; la tarifa cero de interconexión coloca la mesa para la competencia en el sector (y detona la posibilidad de grandes inversiones de quienes quieran ser competidores reales); elimina las exclusividades de eventos relevantes para televisión y de ciertos equipos móviles para telefonía. Por tanto, el dictamen propuesto es positivo para la gente y para el mercado, para las inversiones y para los consumidores.

Aunque para los economistas aún y con todo este análisis no es evidente cuál es el tamaño óptimo de una empresa en cada mercado, lo que debe importar no es el porcentaje del mercado, sino el abuso o no de una posición dominante.

La integración de mercado encubierta por un poder monopólico inmenso (Telmex-Dish) y la influencia de Slim en el poder público y en un sector de alta rentabilidad, han contribuido a que la desigualdad en México sea un tema recurrente en la agenda gubernamental y una gran deuda de la democracia mexicana con los ciudadanos.

Por ello, mitigar la pobreza, incrementar la riqueza y el crecimiento económico y el bienestar de los mexicanos son algunos de los objetivos del Gobierno de Enrique Peña Nieto y del regreso del PRI a la presidencia de la República. Esperemos que se logre por el bien de los ciudadanos. Este es el verdadero reto para este gobierno.





Leonardo Alvarez

@leon_alvarez

 



Etiquetas:   Leyes   ·   Monopolio   ·   Telecomunicaciones   ·   Telmex-Dish

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