. No quise hablar del fútbol porque como a la inmensa
mayoría de los mexicanos me dolió y mucho, que con un penal inexistente nos
hayan sacado de la competencia. Ahora, ya a toro pasado, podemos decir que la
selección como que se cansó, que dejaron de jugar con la misma emoción y
además, podemos pontificar mil cosas más. La verdad, la que existe en la
realidad, esa solo la conocen El Piojo Herrera y tal vez, algunos de los
directivos. No hay más allá,
Pero debo regresarme a empezar por el
principio. Hoy es domingo, me levanté temprano, antes de las ocho de la mañana
y con mi esposa fuimos a buscar frutas… yo tenía en mente una compra rápida, en
un súper de esos que hay en las esquinas y ella, caminar para disfrutar el
folclore mexicano, la vida que es tan nuestra y que es la realidad del México
en que vivimos.
Fuimos, en Monterrey, a las calles del
centro de la ciudad. Había romerías, gente ataviada con todas las galas
inimaginables y también, una verdadera exhibición de modas urbanas. Aretes por
aquí, colguijes por allá, los pantalones más inverosímiles, las blusas que me
obligaron a voltear la cara por decencia, pues a la imaginación no le dejaron
lugar y muchas cosas más. Había gente, infinidad de gente. Mucha gente.
Mexicanos, gastando y haciendo la vida.
En aquellos puestos ¡A 55 el aguacate!
¡Puede tocar, puede tocar! ¡Llévele, llévele, todo le vale a diez!, los precios
son muy similares a los de los comercios establecidos. Tal vez, la fruta
mallugada esté ligeramente más barata, pero en el fondo, es lo mismo. Obvio, no
es lo mismo. Faltaba el aire acondicionado, el carrito para ir juntando las
cosas (yo venía cargando las compras a pulso) y las demás comodidades de
quienes estamos acostumbrados a la civilización.
Pero faltaba una cosa que también es una
realidad. El control fiscal. Ahí, en ese mundo real, donde se mueve el grueso
de los mexicanos, no existen ni el IVA, ni la “Factura electrónica”, ni “correo
para envío” ni ninguna de esas cosas que a nuestros genios trasnochados se les
han ocurrido.
Fuimos al mercado que ocupa varias
manzanas y no vi ni facturas, ni gente entregando sus datos fiscales, ni
personal llenando formatos para envío de facturas con el archivo PDF, el XML,
el formato en físico y todo lo que ahora pide Hacienda. La gente ve la
mercancía, pregunta el precio, se ponen de acuerdo, se paga y recogen la
mercancía y la operación entre particulares es perfecta. Nadie le avisa a
Hacienda porque nadie tiene el menor interés en hacerlo.
De cada operación que se realiza, que
debería estar gravada con IVA, el vendedor (porque pregunté, tienda por
tienda), confiesa que sí tienen contador que les lleva sus asuntos, que hacen una
factura (pero con poquito, para que no salga mucho de impuestos) y así no
tienen problemas.
En este México nuestro, surrealista, la
autoridad fiscal deja pasar las cantidades grandes de dinero de los negocios
lícitos, como son los puesteros fijos y semifijos, que tienen ventas de ensueño
para muchos negocios establecidos. Claro, esos negocios o no pagan impuestos o
lo que pagan es solamente para que los inspectores no los molesten.
Los de siempre, EL 14% DE MEXICANOS que
sí pagamos impuestos, somos los mismos. Los del negocio establecido, los que
tenemos un empleo formal y por ende, somos causantes cautivos con nuestros tres
mil pesos por quincena, contra los tres mil pesos cada diez minutos del señor
que vende aguacates. Lo vi, nadie me lo va a contar. Ni paga impuestos ni sufre
por auditorías ni tiene problemas.
Eso sí, cuando les empecé a preguntar a
los trabajadores de los distintos puestos: de tacos, de verduras, de plásticos
procesados, de ropa y muchos más, me dijeron que eso, lo de la esa ley del
trabajo ahí no tiene aplicación, pues los que mandan son los patrones. Ahí no
hay ni prima dominical ni séptimo día… hoy que fui era domingo y me explicaron
que es el Día de Plaza, es decir, cuando más se vende… así que la gente, los
trabajadores, no descansan en domingo, pero claro, eso de pagarles de más
porque es domingo no está establecido ahí. La ley federal del trabajo es para
los patrones que se dan de alta ante el SAT y entonces están obligados a pagar
todo.
Los patrones que no se dan de alta ante
el SAT, ni ante el IMSS, ni tienen registros de ningún tipo, mueven grandes
cantidades de dinero sin reportar nada a Hacienda. De hecho, Sara Ochoa León,
en su obra ECONOMIA INFORMAL: Evolución
reciente y perspectivas, publicada por la Cámara de Diputados de México,
nos dice: Existe una base de trabajadores
cautivos que pagan la mayor parte de los impuestos, pues de una población
económicamente activa de casi 40 millones, menos de la mitad forman la base de
contribuyentes. Lo anterior implica que como lo he venido manifestando, el
propio gobierno sabe, pues la Cámara de Diputados lo publicó, que el grueso de
los ingresos no está en lo que se le quita a los causantes cautivos. Las
cantidades fuertes están en los invisibles. En los informales, en los que no
aparecen.
El problema para el gobierno es que no
ha encontrado la forma de lograr que esas personas contribuyan, a pesar de que
digan que es obligación, que es un derecho y todo lo que quieran decir.
Mientras la gente no “sienta” que le conviene algo, no lo va a hacer. Y a la
gente, los de hacienda no los convencen, no los logran enamorar.
Hacienda necesita una propuesta que
implique un beneficio a la población abierta, algo que no exista en la
actualidad y que a la gente podría interesarle. Aquí es donde le ofrezco al
gobierno y a la población, la posibilidad de que todos tengamos derecho a
servicio médico y a pensión, a lo que distingue a la seguridad social de los
empleos de tercer mundo o informales.
Sin embargo, lo que se propone no guarda
relación alguna con un empleo formal, ni tiene nada que ver con darse de alta
ante hacienda. Se trata de crear “clientes frecuentes” o “lealtad del cliente”
entre la población y que todos puedan participar, de manera que mediante una
tarjeta deslizable, en cada operación que tenga IVA, el equivalente a 3 puntos
de IVA deban ser en favor del titular de la tarjeta. Obligas al vendedor a
reportar la operación. Generas ahorro interno por más de cien mil millones de
pesos por año por cada punto de IVA.
Vas a tener una población que
políticamente está comprometida y vas a cambiar la forma de pensar de los
ciudadanos. Del “no pago” a buscar la forma de que el IVA siempre se reporte.
Es una operación ganar-ganar.
Lo único que falta es una voz que la
haga valer. Y claro, voluntad política. Por favor, ayúdeme a difundirlo. Es por
México. Es por usted. Es por todos.
Me gustaría conocer su opinión. Vale la pena.Referencia a fuentes: ECONOMIA INFORMAL: Evolución reciente y perspectivas, de
SARA OCHOA LEÓN, visible en: http://goo.gl/MVhLsW