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La Vida Sexual de los Maesfros Espirituales del Mundo.


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16/06/2014


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La sombra del maniqueísmo y del faquirismo oriental ha gravitado seriamente sobre la forma de vivir la espiritualidad humana. Los renunciantes y los monjes en todas las épocas han marcado una ruta verdadera y falsa al mismo tiempo respecto de la sexualidad. La castidad y el celibato han marcado caminos que no todos pueden seguir, y es necesario afirmar que el propio Jesucristo no obligo a sus seguidores a ese sendero. Leer al respecto Mateo 19,12. Se  trata de un don espiritual para algunos, no para todos los hombres ni para todas las mujeres ni para todos los pastores de  los pueblos. Por eso los maestros espirituales pueden optar por uno de estos caminos según cierta vocación interna que surge en sus almas. Primera de Corintios cap. 7.-


Y ambos caminos producen frutos admirables de virtud, pero siempre en relación con un grado de participación de una voluntad personal libre, que siempre considera el propósito que Dios tiene al enviarlos a la tierra. Por eso se puede, pero no se debe, institucionalizar el celibato y hacerlo obligatorio para todos. Ese es el error histórico de la Iglesia católica. Se olvidó que al comienzo de su caminar por la historia hasta los apóstoles se podían casar con una discípula que los acompañaba en su tarea por los países e ir sembrando La Palabra de Dios entre las mujeres piadosas de las iglesias en formación. Ver Primera carta de san Pablo a los Corintios 9,5.

Esa era una sana costumbre y una regla de vida importante, pero entre el tercer y el cuarto siglo después de Cristo la iglesia, bajo la influencia de Manes y de los santos eremitas del desierto, como San Antonio Abad y otros, como Simón Estilita, etc., se apartó de la ruta, pensando que el gobierno de la iglesia debía entregarse a hombres y a mujeres célibes. Por la misma época se promovió a fondo el culto de la virginidad en las mujeres, siguiendo la supuesta ruta de la virgen María y el de otras santas mujeres. Pero eso fue una distorsión de un ideal que se denomina en teología moral como castidad según el estado de vida. Es decir, existe una castidad de los solteros y otra para los casados. Cosa que es inseparable de la fidelidad y del concepto de la unidad interna del corazón humano, que no se debe dividir al amar a otros de un modo que la ley de Dios repruebe.

Si, pues amores que estén en contradicción con los propósitos o con la misión que Dios otorga a cada ser humano dividen el alma y desvían del recto camino. Y eso pone en peligro la propia salvación y rompe la unidad del alma. Jesús dijo: Reino Dividido no prevalecerá. Y es así. Pero los maestros espirituales siempre han sabido sortear ese escollo donde la mayoría choca y hunde su embarcación. Por algo son los maestros supremos de la humanidad.

Unos escogen el celibato y otros el matrimonio. Según la misión y lo que la voz interna les dice. Pero es malo que la gente crea que solo hay una sola forma de elevarse a la verdad o a Dios. Desgraciadamente los célibes han tenido demasiada pantalla en la historia, y ahora vemos los resultados en las manches de pecado que la prensa de hoy nos muestra. Pero fue por romper la sana costumbre originaria, no es culpa de Cristo ni de la Biblia. Afortunadamente se está revisando eso, pero ya se habría resuelto el tema en el Concilio Vaticano II, pues el asunto fue plateado hace 55 años y desechado. Fue una lástima, se habrían evitado numerosos escándalos y la ruptura de la fe de mucha gente.

Manes y el maniqueísmo subsecuente decía que la carne y la materia eran malos, solo el espíritu humano, y los ángeles de luz eran buenos. El Dios Padre de Jesús creo solo el mundo espiritual y el mundo material lo creo el diablo. Es la idea de Manes. Claro que es necesario el dominio propio y el control de los apetitos, y es bueno que el cristianismo lo enseñe, pero decir que la materia y la sexualidad en si es perversa es enseñar algo contradictorio con lo que dijo el mismo Cristo, quien afirmó que su cuerpo era un templo, y un templo que podía morir pero El lo podría levantar de nuevo. Ver el capítulo dos del Evangelio de San Juan. Como también es contradictorio con la doctrina de que Dios es creador de lo visible y de lo invisible, según el credo de Nicea.

Combatir los impulsos desordenados de la carne es necesario pero la carne en esencia es solo un instrumento de una mente ordenada según la Ley de Dios o desordenada según la ley del pecado o la ley del hombre caído. Purificar la mente es más importante que la victoria sobre el cuerpo, pero es mejor hacer las dos cosa. Pero controlar o matar el cuerpo sin controlar los pensamientos y la imaginación es algo inútil, pues así el pecado siempre renacerá en la mente y el cuerpo volverá a entregarse al poder del maligno arrastrado por la mente pervertida o desviada.

Asi es el cristianismo y el judaísmo. Y profundizando en el judaísmo, hay que decir que la mayoría de los santos profetas son casados y con hijos, lo mismo Rama, Krishna y otros Rishis de la India. Moisés era casado y con dos hijos, y Paramahansa Yogananda decía que Moisés era un verdadero maestro de Sabiduría, según testimonio del Swami Kriyananda. Ezequiel y Oseas eran casados. Lo mismo Isaías. Jeremías, Daniel y Samuel eran célibes. En Israel hubo profetizas casadas. Débora, Hulda. De otros profetas no hay datos suficientes para afirmar no su condición de casados o de célibes. José hijo de Jacob, el vidente, era un profeta del más alto nivel, y era casado con una egipcia y con dos hijos. Lo mismo los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob.

Jesucristo es un caso especial. Aunque los Evangelios Canónicos nos hablan de un Jesús casto y célibe, hay suficientes antecedentes para corregir esa imagen sin dañar su esencia divina. El Evangelio Apócrifo de Felipe nos aclara algo de eso. En esos textos, muy cercanos a la ortodoxia judeocristiana, se nos habla de la sexualidad de Cristo y de Maria Magdalena, en un elevado sentido místico semejante a las interpretaciones del Cantar de los Cantares de los kabalistas. Lo mismo en otros textos gnósticos de Valentino de Alejandría, como la Pístis Sophía. En rigor el amor conyugal es la forma más sagrada y superior de amor respecto de otras formas del amor humano.

Eso se deduce del contenido mismo del Cantar de los Cantares, como de los textos del profeta Oseas. San Pablo también confirma la trascendencia del amor conyugal respecto de otros tipos de amor. Ver Efesios 5, 21 al 33. Oseas capítulo uno y dos. Esa superioridad tiene relación con la fusión total de dos seres de polaridad diferente en uno solo. Ya Platón en algunos de sus mitos nos hablaba de que en el origen los seres humanos eran muy poderosos, con cuatro piernas, cuatro brazos, dos cabezas y un solo corazón y para reducir su poder Zeus los dividió en dos sexos. Y asi cada uno anda buscando su mitad perdida, lo mismo sucede con las doctrina kabalística de las almas gemelas.

En Alejandría santa Catalina tuvo un matrimonio místico con Jesucristo. Lo mismo Santa Teresa de Avila, Santa Hildegarda de Bilgen, Santa Teresita de Liseaux, Santa Rosa de Lima, y muchas otras mujeres de alto espíritu. Aunque en la mayoría de los casos se trata de matrimonios en un plano invisible y acompañados de votos de castidad, existen casos de uniones matrimoniales de carácter integral, que toman características de hierogamias, en que se unen cuerpos y almas de un modo total e irrevocable. De eso nos habla el Evangelio Apócrifo de Felipe, la vida de Sri Krisna y Radha, Mahoma y Kadija, Majnun y Laila y ciertos testimonios del tantra yoga indio y taosta. En esos casos la experiencia sexual se convierte en unión con la Divinidad misma.

Pitágoras era casado con una de sus discípulas, Theano, quien tenía treinta años menos que el gran sabio místico-matemático. Tuvieron dos hijas. Y tras la muerte del maestro ella se convirtió en la jefa del movimiento pitagórico. Lo mismo Orfeo con Eurídice. Aristóteles también era casado, como también Sócrates. Lo mismo Cicerón y Marco Aurelio. Gautama Budha era casado y renuncio a su matrimonio para dedicarse a la Gran Búsqueda y años después su mujer se hizo su discípula. Lo mismo Mahatma Gandhi en el siglo XX, tuvo cuatro hijos con su mujer. Algo parecido es el caso de Martin Luther King. El gran Yogui de la india Sri Syama Charan Lahiri Mahasaya, era casado y con hijos. Lo mismo Rabindrah Tagore y su padre.

Y a pesar de estar casados y con hijos pueden ejercer grandes poderes milagrosos, como es el caso de Maestro cristico Phillip de Lyon, fallecido en Francia a comienzos de siglo XX. La actividad sexual moderada dentro del matrimonio o de un verdadero y fiel amor heterosexual no impide el manejo de poderes ocultos o participar en la Conciencia Universal, como es el caso de este gran taumaturgo francés clarividente y católico.

En realidad la vivencia del amor divino no mutila sexualmente a las personas, pero si les enseña a controlarse y a no seguir las rutas de los más vulgares pecados de la carne, la lujuria, la homosexualidad, el sadismo, el masoquismo, o el de los amores narcisistas tan corrientes en nuestros días. O el de los seguidores del amor libre o del amor grupal, etc. Y nunca debe olvidarse que los pecados de la carne también son pecados de la mente y de la voluntad. Por eso es imposible pecar solo con el cuerpo, de allí que el alma también se mancha.



Etiquetas:   Religión   ·   Filosofía   ·   Sexualidad
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