. Soy un tonto de ese deporte. Yo es
ver un balón de fútbol y lanzarme tras él a zancadas como un león tras una
gacela. Y es que el fútbol es el deporte rey, el juego por excelencia, la madre
de todas las ciencias. A lo mejor no hemos cambiado una bombilla en nuestra
vida, ni hemos entendido el principio de Arquímedes, ni sabemos enlazar una
palabra con otra, ni sabemos hacer la o con un canuto, pero ¿quién no ha dado
alguna vez una patada a un balón o –en su defecto- a una lata de refresco
chafada? Ahí radica su grandísima virtud. Sin embargo, siempre que hablo del
fútbol se me queda una espinita clavada: amo el fútbol como deporte y lo
desprecio como negocio.
No creo que nadie en el mundo valga 41 millones de euros. Esa es,
precisamente, la cifra que cobra Lionel
Messi al año: 12,5
millones de euros de sueldo del F.C. Barcelona, 2 millones y medio en primas y 25 millones
más de diferentes marcas publicitarias, y
eso que es soso como él solo. Al igual que él, la mayoría de los jugadores de
fútbol mejor pagados del mundo –no he dicho científicos, ni artistas, ni
investigadores- juegan en nuestro país. Ya sé que cuando decimos 41 millones de
euros no se nos ponen los pelos como escarpias porque ya estamos acostumbrados
a escuchar ese tipo de cifras, pero con tan solo un millón de euros en el
banco, cualquiera de nosotros podría vivir de lujo sin trabajar durante toda la
vida.
El dinero suele corromper el
espíritu, y los jugadores de fútbol de hoy en día ven este deporte más como un
modo de enriquecerse que como un modo de desarrollarse. La escasa moralidad de
los jugadores de fútbol ha llegado a tal extremo que incluso la selección camerunesa se negó a viajar a Brasil para jugar el
Mundial si no llegaban a un acuerdo con las primas. A parte del dinero que
cobrarán, los propios jugadores de la selección española recibirán una prima de
720.000 euros si ganan el Mundial. El doble que Alemania, Brasil o Francia. Esto
absolutamente injustificable, ya que ganar es su obligación, y nadie debe
cobrar primas por realizar bien su trabajo. Tampoco se le pagan primas a un
cirujano cada vez que opera a un paciente a corazón abierto, ni a un bombero
que apaga un incendio, ni a un profesor que enseña a leer a un niño, ni a un
policía que detiene a un delincuente –aunque luego el juez se encargue de
ponerlo en la calle de nuevo-.
Hay quien dice que los jugadores de fútbol cobran lo que
generan, pero no es cierto. Los clubes de fútbol españoles todavía deben a Hacienda –a esa
hacienda que, según nos dicen, somos todos- 3.218 millones de euros. El
presupuesto del Ministerio de Sanidad es de 1.907 millones de euros. El
presupuesto del Ministerio de Educación es de 2.150 millones de euros. Cuando
cualquiera de nosotros comete un error de un céntimo en la Declaración,
Hacienda se encarga de cobrarnos el céntimo más una sustanciosa multa. Así que,
tal como está el percal, yo no sé si cuando aplaudo a mi equipo de fútbol o a
nuestra selección en realidad estoy aplaudiendo a mi equipo o a un modelo
social inmoral e injusto que mientras me entretiene, por detrás, me jode la
vida. Seguir en TwitterMe gusta en Facebookhttp://tonigarias.wix.com/tonihttp://blogdetonigarcia.blogspot.com.es/