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Panem et circenses


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12/06/2014

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Al parecer ya no funciona la famosa fórmula romana para tener al populus hambriento pero contento. O los plebeyos han aprendido de los patricios, y utilizan los ludi, los juegos, al contrario que el poder, para proclamar la miseria de gobernantes y amigos. Y así en las noticias están ocupando más espacio las huelgas y manifestaciones de los habitantes de donde se va celebrar el mundial de fútbol que las consabidas y cansinas declaraciones de jugadores, entrenadores, cocineros y demás farándula del endeudadísimo negocio del cuero. Los plebeyos, no todos los tiempos son unos, ni siquiera se han tranquilizado ante la advertencia, de una zafia sinceridad, de que no se iba a robar nada porque todo lo que se podía haber robado, ya se había robado. Es una falsedad como otra cualquiera. Cosas de los herederos.

No solamente con el fútbol se entretiene el hombre de nuestros días. Este fin de primavera, e inicio de verano, hemos tenido, también, una pequeña abdicación monárquica que ha servido para remover las aguas patrias, nunca tranquilas del todo. Ante un rey que se va y otro que nos viene, se ha metido la cuña de la democracia, es decir la demanda de una votación para saber si el país quiere monarquía o no la quiere. Cosa que ha enfadado, entre otros, al gobierno y al partido que lo sustenta. Y vuelta a la misma: como el circo ya no nos distrae, ahora nos vamos a entretener con las discusiones. En la inmensa mayoría de ellas, sabido es, ha funcionado de maravilla la demagogia cuando no el más crudo de los denuestos. Y los intereses, pues cada uno corta la historia por donde le interesa y le conviene. Y así nadie ha hablado de la expulsión de Isabel II y de su nieto de Alfonso XIII. Y del regreso de este último. Extraño ha resultado que los nacionalistas no resucitaran al general Prim con su única palabra, repetida tres veces, como manda la tradición, para dejar bien claro que jamás, jamás, jamás, permitiria el regreso de los Borbones. Cosa que retrata muy bien al país: nos gastamos una millonada en restaurar la momia del general Prim, en saber si fue estrangulado o no, cuando fue gravemente herido en un atentado, pero nadie se acuerda, quizás porque no interesa, de lo que hizo o dijo. Jamás, jamás, jamás.

El general Prim parece ser que no tuvo en cuenta que la tradición española es de tradición monárquica; y que esta alentaba una corrupción tan grande que estudiar la camarilla de Isabel II es sentir el más profundo de los ascos. Tal vez ni Herakles desviando los ríos Alfeo y Peneo sería capaz de limpiar semejante cuadra. Allí no había ni el más mínimo sentido de la ética ni de la moral. Por tener hasta tuvieron a una monja con las llagas de la crucifixión que, cosa curiosa, jamás se ocupó del bienestar de los pobres, sino de aquellos que será más difícil que entren en el reino de los cielos que un camello, o una maroma de barco, que para el caso es lo mismo, por el ojo de una aguja. Como ya he dicho en más de una ocasión, la mamá de la pobre Isabel II, con su morganático marido, no se llevó al país en el bolso de viaje porque no le cabía. Y, cosa curiosa, hay ciertos paralelismos, aunque lo que antes lo hacían las mamás, lo hace ahora la hija y su no menos morganático marido.

En las aguas revueltas de estos días, por la regia abdicación, se ha oído de todo, y se ha escrito de todo. Yo, modestamente, y a fin de traer un poco de luz a tan grave cuestión, me limitaría a recomendar la siempre reconfortante lectura de los Episodios nacionales, de don Benito Pérez Galdós. O si no todos, por si alguien se marea al ver tanta novela, la tercera y cuarta serie de dichos Episodios. Es mi pequeña contribución a la causa. Don Benito debería ser el alma mater del país. Si el país leyera algo más de lo poquito que lee.

No ha dejado de sorprenderme que, en un artículo periodístico, demandando un referéndum, República o Monarquía, se planteara que no se puede dejar el destino de un país al albur de unos genes, o de las leyes de la herencia, o de Mendel. Si se tiene en cuenta que el rey reina, pero no gobierna, dicho artículo sobra. El artículo hubiera sido válido en tiempos de Isabel II entre otras cosas porque, al parecer, esta buena señora tuvo hijos con varios de sus amantes, y ninguno con su infausto marido, don Francisco de Asís. Y que se llamara así este nefasto personaje fue una broma de mal gusto.

Aunque ninguna ley lo dice, creo, hay muchos cargos que se heredan, dejando de lado al trono, y que tampoco son garantía de nada bueno ni honesto. Entre ellos el de no sé qué organismo mundial del fútbol. La princesa heredera de ese reconfortante butacón fue quien dijo, en un rapto pinciperil que la honra, que ya no iban a robar más porque todo cuanto se podía robar, ya se había robado. Es una verdad a medias, por supuesto, que, al parecer, los habitantes de la sede de este evento no se acaban de creer, pues reclaman, con toda justicia, menos circos y cuadrigas y más escuelas y hospitales. Al fin y al cabo estadios y primas a futbolistas salen del dinero de todos. Y hay gente que, aunque parezca mentira, prefieren gastarlo en otras cosas de más enjundia. Asombrado por estas huelgas y manifestaciones a uno sólo le queda pensar, tal vez ingenuamente, que ojalá las quejas sean sinceras y no mera demagogia.

Porque no es cierto, volviendo a nuestro tema, y siguiendo con la demagogia, y como algunos quieren hacernos creer, que en España se votara, cuando murió Franco, si el país quería no quería la monarquía. En un paquete nos dieron esta con la democracia o la nada. Lo cual me recuerda la famosa película de Fred Zinnemann, Un hombre para la eternidad. En ella también a Thomas Moro le dan a elegir entre aceptar la monarquía de Enrique VIII, que acepta, y su divorcio de Catalina de Aragón, usurpando la autoridad papal, cosa a la que se niega Thomas Moro, y que le cuesta la cabeza pues todo va escrito en el mismo folio, que nadie le quiere trocear. Por lo tanto, digamos claramente que no se hace el referéndum porque tenemos miedo a un cambio de régimen cosa que en este país, no hay más que ver la historia, siempre ha ido acompañado de un baño de sangre. Y no porque la república fuera pésima o el peor del los gobiernos posibles, era imposible superar a María Cristina, a Fernando VII, a Isabel II, o a algunos de los espadones; pero los militares, por algo será, desconfiaron de la república, y sabido es cómo terminó todo. Sí, a veces en mejor no meneallo, pero no porque llevemos en los genes la monarquía ni a los reyes magos. Monárquicos fueron muchos países europeos con los que los políticos nos comparan cuando les interesa, para bajar salarios y subir los billetes del metro, y hoy en día son repúblicas, más o menos saludables.

Y sea como fuere, y sin ánimo de desviar el debate, el verdadero problema que tenemos ahora y aquí no es este, monarquía o república, ni de este dimanan los otros: hay unos gobiernos, central y autonómicos, corrompidos hasta la medula. Hay más corruptos que termitas; hay poca voluntad, o ninguna, de acabar con ellos, hay un país desalentado, con un insoportable paro, una justicia vendida a los políticos o al afán de medrar, una sanidad que luchan por privatizar, y un sistema educativo que da pena. Huele todo que apesta. Y para muchos estudiantes de este país, por aquello de la regeneración, del estudio y demás, don Miguel de Cervantes y don Benito Pérez Galdós son casi alienígenas: alguien de quien se sospecha su existencia, pero de quien no se sabe nada a ciencia cierta. Y muchos padres, no lo olvidemos, quieren que a sus hijos los aprueben para que no les den la lata y no tener que ocuparse de ellos. Y más ahora que comienza el mundial. Por cierto algunos futbolistas ganarán en un par de meses lo que nunca ganará ni un albañil ni un maestro de escuela en toda su vida. Pero como dijo otra brillante cabeza pensante, un cráneo privilegiado, muchos futbolistas hacen muchas obras de caridad. Demagogos aquí no faltan. Quien se echa a faltar es a don Ramón María del Valle-Inclán. Qué guisote más suculento podría hacer con semejantes ingredientes. La amargura de Max Estrella está a la orden del día. Y me parece que con República o sin ella. Aunque no saben cuánto me gustaría equivocarme.











Etiquetas:   Fútbol   ·   Monarquía

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