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Y a ti, ¿qué te molesta?


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12/06/2014


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Hoy, 12 de junio, se celebra el día contra el trabajo infantil. Se trata, entiendo, de un día reivindicativo, un día para concienciar y concienciarnos, un día que permita transformar algo en este mundo corrompido por la avaricia y la búsqueda del lucro. Pero, lamentablemente, no es así. El capitalismo posmoderno ha sabido desactivar la crítica mediante su reconducción a la normalidad del sistema. Que hay machismo, un día para celebrar los derechos de las mujeres; que hay racismo, un día para acordarnos de los no blancos; que el planeta se va a la mierda, un día para ser buenos recicladores. En fin, un día para acordarnos y 364 para olvidar que somos ciudadanos responsables y hombres cabales. Esta moda de los días D, que no olvidemos tiene una referencia bélica implícita, es el modo y el medio para desactivar cualquier propuesta de cambio.Funciona de la misma manera que funcionaban las subidas salariales en la época del Estado de bienestar: los obreros se hartaban con las migajas que caían de la mesa y no modificaban ni un ápice el sistema corrupto que explota sistemáticamente al hombre.


Sin embargo, he aquí que llega la Iglesia, qué cosas Dios mío, y toma la bandera de la justicia, bandera pisoteada por los supuestos revolucionarios: socialistas, comunistas, marxistas y demás istas. Con Francisco y Evangelii Gaudium, hemos llegado a un punto donde ya no sirven de nada los paños calientes y las componendas. Desde dentro y desde fuera de la Iglesia andan preocupados por las locuras (marxistas, hipiosas, bienintencionadas, dicen) de este papa. En lugar de dedicarse a condenar toda violencia, también la de los pobres, se le ocurre decir que hay dos tipos de violencia: la del sistema que mata y la de la gente que se defiende (números 59-60). Esto ha descolocado a los de dentro, acostumbrados como estaban a la ambigüedad calculada que permite a los poderosos una impunidad legitimada por la cruz. Pero, también ha exacerbado a los de fuera que ven un peligro en la denuncia valiente y profética de Francisco, porque ven en él al peor enemigo, a aquel capaz de abrir los ojos, las mentes y los corazones anestesiados de millones de católicos, un ejército que, de ponerse en armas, arrasaría con la injusticia, la corrupción y el sufrimiento de este mundo.

Francisco ha detectado el problema y no se callará. Él mismo lo ha dicho en Evangelii Gaudium: “¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable dedistribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia” (EG 203).

Molesta al sistema que el lenguaje pueda identificar la injusticia en la realidad, porque saben que la injusticia se encubre con la mentira, que diría San Pablo, y que sólo siendo consciente de lo real, poniendo correctamente las etiquetas en las cosas podremos tener opción para cambiar el mundo. Como Jesús con sus parábolas, Francisco con sus palabras, quiere cambiar las conciencias para cambiar el mundo.

Les molesta todo, que se hable de injusticia y de solidaridad mundial, aunque sí les gusta la individual que deja impune el modelo. Molesta que se hable de redistribuir, eso es comunista, y del trabajo, lo que importa es el capital. Molesta que se hable de la dignidad de los débiles, pero molesta más que se hable del Dios que exige justicia, aquél que vio la opresión del pueblo y quiso bajar para liberarlo. Y podríamos seguir, porque dentro de la Iglesia molesta que se hable de liberación, por marxista y violenta, pero no molesta que se hable de salvación de las almas, una desencarnación del mensaje jesuánico. En fin, molesta que identifiquemos la realidad para cambiarla, peor no molesta que 200 millones de niños, de hijitos de Dios, de nuestros hijos y hermanos, sean brutalmente explotados por un sistema asesino que utiliza al ser humano como medio de reproducción del capital y, por tanto, de los beneficios de los poderosos.

Y a ti, ¿qué te molesta?



Etiquetas:   Infancia   ·   Trabajo   ·   Papa Francisco

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