Neoliberalismo y libertad

El neoliberalismo deja sin libertad a las poblaciones y a los ciudadanos, pongamos un alto al neoliberalismo y recobremos nuestra libertad, no a través de gobiernos estatistas sino por medio de la configuración de una nueva sociedad que establezca un nuevo consumo, con libertad y un ambiente sano.

 

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Al final del régimen Feudal que los historiadores precisan con la firma del Tratado de Westfalia en 1648, concluyó la Guerra de los Treinta años, y de paso estableció un nuevo orden en Europa centrado en el concepto de Soberanía, marcando el inició de la nueva era del Estado Nación, bajo principios importantísimos; la Integridad Territorial, la No Injerencia en Asuntos Internos y la Igualdad entre los Estados, independientemente de su tamaño y fuerza.

La existencia del Estado Nación se fincó sobre el reconocimiento de un territorio plenamente definido, una población dentro de esos límites y la organización de un poder soberano interno para ejercer su gobierno.

El Estado Nación debería de organizarse para sostenerse al interior y al exterior como un espacio soberano, y dependiendo de la fuerza económica y militar del Estado Nación se comenzó a mover dentro de las redes internacionales, por medio de dos armas: Diplomacia o Guerra.

El Estado Nación adquirió nuevas responsabilidades, si eran Estados poderosos debería de expandir su influencia y su dominio más allá de sus fronteras, si eran Estados de mediano poder lógicamente buscaría hacer alianzas para no verse vencidos por otros estados enemigos y si eran débiles igualmente tendrían que hacer alianzas que les permitiera sobrevivir.

La geografía europea dio giros constantemente ya que los nuevos Estados Nación no fueron fácilmente definidas sus poblaciones: cultura, idioma, número de población, fuerza económica, fuerza militar y su posición geográfica en el comercio o militarmente, que les podía favorecer o perjudicar notablemente.

Las convulsiones europeas y su avasallamiento a otros continentes sobre todo en Asía y África, además su poderío ya establecido en América Latina, configuró un orden internacional inestable, en donde se libraban constantes guerras internas en Europa y que se extendían a otros continentes por la lucha de los imperios europeos como Gran Bretaña, Francia, Portugal, España, Italia, Holanda, Turquía, Rusia, además de EEUU, China, Japón y Alemania como Estados Nación de gran importancia.

Estas guerras vinieron a culminar con la Primera y la Segunda Guerra Mundiales, configurando el mundo actual. Todo esto bajo la egida del Estado Nación y sus dos armas estratégicas: la diplomacia o la guerra.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial la lucha de los Estados Nación entró en la fase que conocemos como la Guerra Fría que duro prácticamente desde 1945 hasta 1989 con la caída del Muro de Berlín y el desenlace definitivo en 1991 con la disolución de la Unión Soviética.

Todo este largo periodo de 1945 a 1991 el escenario internacional estuvo marcado por la lucha entre EEUU y la URSS, cualquier conflicto internacional se movía en esta lógica, la vida interna de los Estados para establecer sus gobiernos también estaba sellada por la lucha entre capitalismo y comunismo.

El tablero internacional sólo tenía un juego: Ganar o Perder, lo que perdía EEUU lo ganaba la URSS y al revés, así que las armas de la Diplomacia y la Guerra siempre estaban presentes en las relaciones internacionales.

Al concluir la Guerra Fría ya se estaban gestando nuevas contradicciones en la esfera internacional como el crecimiento de las empresas trasnacionales, la expansión del comercio, las finanzas internacionales y el gran salto tecnológico como la biotecnología, la robótica, la nanotecnología, las tecnologías de la información y la comunicación, la ciencia cognitiva, la genética, etc., además de fenómenos sociales internacionales nuevos como la migración de la mano de obra, el narcotráfico, la pobreza y el desempleo, y los efectos del cambio climático ante la sobreexplotación de los recursos naturales, que trajeron consigo nuevos desafíos, que aún no han sido eficazmente planteados y por ende no se podrán enfrentar eficazmente en el corto y mediano plazos.

Después de la Guerra Fría, la constitución de bloques económicos y el establecimiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995 hizo creer a muchos, que el mundo ahora caminaba hacia un Gobierno global encarnado en la OMC, o en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el llamado Consenso de Washington que a través de Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía y Vicepresidente del Banco Mundial, mandaba abrir el mercado laboral de las economías de los países subdesarrollados a la explotación por parte de las empresas trasnacionales del primer mundo; además del libre comercio; la liberalización financiera; el fin del Estado benefactor y la protección irrestricta de la propiedad privada de las empresas.

Lo que dio paso posteriormente a la teoría del neoliberalismo, como la solución a las crisis económicas internacionales y locales con efectos mundiales, como la crisis mexicana de 1995, la crisis asiática en 1995-1997, la crisis rusa en 1998, la crisis brasileña 1998-1999, la crisis argentina  2001-2002, la crisis de EEUU en 2008 aún vigente –, la crisis europea como extensión de la crisis inmobiliaria y crediticia de EEUU, la crisis española de 2008, aún presente; la crisis económica de Grecia de 2010-2011 y en general toda la economía internacional que ahora camina lentamente y con dificultades.

Sin embargo, a pesar de estas evidencias, una cosa queda clara, aunque todos los países actualmente se mueven dentro la lógica del capitalismo y las teorías del neoliberalismo, el Estado Nación no ha desaparecido, su papel no fue sustituido ni por el poderío de las empresas trasnacionales, ni los bancos trasnacionales, ni por los más grandes millonarios globales, ni por las instituciones como el FMI, Banco Mundial o la OMC; el Estado Nación está cada vez más presente y siguen vigentes sus dos armas más poderosas: la Diplomacia y la Guerra.

Cada Estado Nación deberá definir cuál es su futuro como población, territorio y gobierno interno, de acuerdo a sus capacidades económicas y militares, y no menos importante que tome en cuenta su posición geopolítica, lo único importante en este juego sigue siendo la Soberanía Nacional.

Esto incluye al mismo EEUU, ya no estamos en 1953, cuando Charles E. Wilson, uno de los mayores accionistas de General Motors Company, fue designado por el presidente Eisenhower como Secretario de Defensa, en la audiencia de confirmación del cargo, Wilson pronunció una frase ante el Senado de Washington: “Lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos, y viceversa “.

El mundo ya no es así, unos cuantos rapaces multimillonarios y sus empresas están arrasando todos los recursos naturales, humanos, científicos, tecnológicos, materiales y económicos disponibles del planeta en beneficio de ellos, pasando por encima de gobiernos y de sus poblaciones.

En la última crisis de EEUU del 2008 se develo que las empresas y las bancas globales van a contrapelo de los intereses de los ciudadanos y que el poder político está supeditado a las decisiones de los inversionistas, y que sus intereses no se cruzan con las necesidades de educación, salud y empleo de los ciudadanos.

El Estado Nación de origen burgués está llegando a su fin, pero no será para pasar a un gobierno global o a un gobierno manejado por las grandes corporaciones o los grandes multimillonarios que nos ha dado el neoliberalismo, sino por un nuevo Estado Nación en donde se respeten los derechos de las poblaciones a tener un medio ambiente limpio, posibilidades de empleo y acceso a tecnologías sustentables con gobiernos locales cada vez más cercanos, menos burocratizados y con mayor participación de la sociedad.

Una nueva sociedad y nuevo gobierno, que la disyuntiva no sea neoliberalismo o estatismo, dos salidas por lo menos para América Latina erróneas, sino debe ser entre neoliberalismo y libertad, acortar el poderío de las empresas globales no a través de las expropiaciones sino a través de un nuevo consumo de la sociedad donde se privilegie la economía de mercado local.

La sociedad por si misma tanto rural como urbana ya tiene acceso a tecnologías sustentables, de alcance local, en alimentos, ropa, educación, arte, diversión y esparcimiento, en este espacio podemos hacer intercambios con otras economías locales dentro del propio país y con otros países, que nos lleve a comunidades globales de nuevo tipo.

El consumismo del neoliberalismo debe llegar a un alto, que el ciudadano debe de establecer, construir  un nuevo consumo responsable, humano, solidario, ya no podemos depender de las inversiones de las empresas globales depredadoras de nuestros recursos, sino de la inversión en nuestras propias economías locales. En donde no nos interesen las economías de escala, sino que pertenezcan a las poblaciones y su sobrevivencia sana, solidaria, ampliando nuestros derechos humanos, medio ambiente, género, preferencias sexuales, religiosas o espirituales, para detener la violencia global de crímenes globales.

UNETE



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