. Tal vez se deba a esa cara simpaticona, o a que lo he visto en
tantas ocasiones que me he emocionado y me he enfadado con él como si fuese un
miembro más de mi familia, o a su imagen de preocupación en el 23-F, o a que ha
sido uno de los personajes principales para que en este país tengamos una
democracia. Yo que sé. Pero lo cierto es que, sin ser monárquico, sí soy
“juancarlista”, y creo que en todos sus años de reinado ha realizado una buena
labor como embajador de nuestro país, con sus aciertos y sus enormes errores, muchos
de los cuales son absolutamente injustificables.
Siendo progresista como soy, yo sé que
quedaría mucho mejor que dijera que en este momento de abdicación se abre un
periodo ideal para restablecer una “Tercera República”, pero no lo creo. Dicen
aquellos políticos y periodistas que defienden esta opción que los ciudadanos
deberíamos tener derecho a elegir en referéndum si queremos una monarquía o una
república. Y es cierto. Sin embargo, puestos a hacer referéndums así a lo loco,
yo preferiría poder elegir si los políticos que no cumplen sus programas
electorales o que hunden un país deberían ir a la cárcel, al igual que el resto
de profesionales que cometen graves errores en su trabajo. También me gustaría
poder elegir si aquellos nacionalistas cuyas ideas de independentismo generan
segregaciones y discriminaciones deberían ser acusados de alta traición al
estado. También me gustaría poder decidir si todo el sistema de justicia
debería ser reformulado, por eso de que en nuestro país hay más delincuentes
fuera que dentro de la cárcel. También me gustaría poder decidir si aquellos
banqueros que han hecho quebrar un banco deberían estar en prisión, y no en las
mejores empresas de España. También me gustaría poder decidir sobre la ley del
aborto, sobre la seguridad ciudadana, sobre la incultura de nuestro país, sobre
las becas, sobre el sistema sanitario, sobre las jubilaciones. Y después de
todo eso, también me gustaría poder decidir si establecemos en nuestro país una
República o seguimos con nuestra Monarquía parlamentaria.
Por otro lado, cuando veo quiénes
podrían ser Presidentes de la República en nuestro país, se me ponen los pelos
de punta, sobre todo cuando pienso en Zapatero
o en Mariano Rajoy. Lo mismo me
sucede si pienso en Susana Díaz, en Cayo Lara o en Pablo Iglesias. Ni qué decir tiene lo que siento cuando pienso en
otros políticos como Artur Mas, Inigo Urkullu, Alberto Ruiz-Gallardón o Pilar
Rahola. Y es que, a pesar de que la monarquía se basa en un derecho de
sucesión arcaico, también es cierto que nuestros políticos actuales son una
casta aparte, una casta con unos privilegios inaceptables, que se cubren y
defienden entre ellos, cuyos cargos también pasan de padres a hijos, primos y
demás familia, cuya formación es escasa y que roban mucho más de lo que nos
supone el gasto de la corona. Así que, puestos a decidir, yo preferiría que el
primer referéndum fuese cambiar la ley electoral e introducir en ella las
regulaciones y sanciones necesarias para no sufrir de nuevo esta lacra de politicuchos que nos han conducido a la
degeneración social, al hambre y a la miseria.
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