El desconocido del lago

Curioso el fenómeno vivido en Francia en 2013: mientras las calles de París acogían las mayores y más violentas manifestaciones homófobas de su historia -miles de personas gritaban contra el recientemente legalizado matrimonio gay-, su cine alumbraba dos obras maestras como La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) y El desconocido del lago (Alain Guiraudie, 2013), ambas de temática LGTB y, además, de claro carácter explícito. Reconocidas producciones en Cannes -Mejor Película para la primera y Mejor Director, en la sección "Un Certain Regard", para la segunda- que demostraron que el séptimo arte está siempre por encima de mentes obtusas y violentas. Este odio hacia el colectivo gay derivó en la más repugnante censura cuando dos ciudades como Versalles y Saint-Cloud, incapaces de apreciar la bellísima y vivificadora pintura fauvista de Tom de Pékin -artista clave en la visibilización gay y lésbica-, retiraron de las calles los carteles promocionales de El desconocido del lago por el simple hecho de mostrar a dos hombres besándose. Por alumbrarse en medio de este generalizado clima de intolerancia, la cuarta película del director y guionista Guiraudie ha terminado cogiendo un ¿involuntario? cariz político, alzándose como un (brillante) alegato a favor de esas minorías que -se quiera o no- ya no hay quien las calle. 

 

.wordpress.com/wp-admin/serueda.wordpress.com/2013/10/29/la-vida-de-adele/" data-mce-href="serueda.wordpress.com/2013/10/29/la-vida-de-adele/" style="color: rgb(27, 139, 224); text-decoration: none;">La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) y El desconocido del lago (Alain Guiraudie, 2013), ambas de temática LGTB y, además, de claro carácter explícito. Reconocidas producciones en Cannes -Mejor Película para la primera y Mejor Director, en la sección "Un Certain Regard", para la segunda- que demostraron que el séptimo arte está siempre por encima de mentes obtusas y violentas. Este odio hacia el colectivo gay derivó en la más repugnante censura cuando dos ciudades como Versalles y Saint-Cloud, incapaces de apreciar la bellísima y vivificadora pintura fauvista de Tom de Pékin -artista clave en la visibilización gay y lésbica-, retiraron de las calles los carteles promocionales de El desconocido del lago por el simple hecho de mostrar a dos hombres besándose. Por alumbrarse en medio de este generalizado clima de intolerancia, la cuarta película del director y guionista Guiraudie ha terminado cogiendo un ¿involuntario? cariz político, alzándose como un (brillante) alegato a favor de esas minorías que -se quiera o no- ya no hay quien las calle. 
La historia se ambienta en un apartado lago convertido en zona cruising -esto es, encuentros sexuales con desconocidos en sitios públicos- donde cada día se congregan una serie de bañistas, algunos dispuestos a dar rienda suelta a sus fantasías. Uno de ellos es Frank (Pierre Deladonchamps), quien divide su tiempo entre el solitario Henri (Patrick D´Assumçao) y la explosiva relación que mantiene con el peligroso Michel (Christophe Paou). Su argumento, en apariencia sencillo, es de largo alcance, sobre todo cuando a partir de su mitad lo que parecía una película erótica sorprende con un inesperado viraje al thriller. Aunque por lo gráfica que resulta en su tratamiento sexual algunos se vean incapaces de ver más que una sucesión de culos y miembros viriles, El desconocido del lago habla de (muchas) más cosas: del instinto, del amor, del deseo, de la compasión, la soledad, la seducción, la rutina, la amistad, la lujuria, la pasión, la franqueza, la sinceridad, el autoengaño, la sexualidad, los remordimientos, el peligro autoconsciente o, en última instancia, la búsqueda de la felicidad. Conceptos universales que vienen ejemplificados por dos de sus tres protagonistas: el deportista Frank o el misterioso a la par que bonachón Henri. Precisamente, el vínculo emocional que se establece entre ambos nos obliga a responder a uno de los debates de la película: ¿qué relación es mejor, la que mantenemos con una persona físicamente perfecta pero de condición oscura e impenetrable o aquella de apariencia imperfecta pero fondo noble? 

Impúdica y terriblemente realista en su retrato sobre la fascinación que siente el individuo hacia lo prohibido, lo inescrutable y lo ciertamente peligroso, aún cuando lo que está en riesgo en su propia vida, El desconocido del lago disecciona la condición humana con sorprendente lucidez. Por mucho que podamos reprochar la actitud que toma el protagonista a partir del decisivo punto de inflexión -lo que le lleva a mentirse no sólo a sí mismo, también a las propias autoridades-, podemos llegar, si no justificarlo, a entenderlo. En el plano artístico, sorprende por cómo Guiraudie es capaz de crear una atmósfera que envuelva a sus personajes, auténticas figuras de rol en un juego lleno de capas y lecturas en el que predomina un tratamiento hiperrealista de la imagen: el cineasta no sólo omite cualquier presencia musical, que distorsionaría la placidez naturalista de la obra, sino también baña cada fotograma única y exclusivamente de luz natural, al ser un rodaje llevado a cabo íntegramente en exteriores. Sin embargo, el sol no sólo está usado con fines lumínicos, sino que desempeña un papel vital en el plano narrativo, como demuestra la escena donde el protagonista se sitúa sentado frente a la orilla mientras ve a su oscuro objeto de deseo adentrarse, más que en el lago, en el fulgor que el astro refleja en la superficie, perfecta metáfora del deseo. Se acierta, también al convertir sus escenarios en algo rutinario, ya no sólo por establecer 3 sets recurrentes -el de las conversaciones con Henri, el de las conversaciones con Michel o las de la frondosidad del bosque-, sino por utilizar varias veces al mismo plano -el del parking-. 

Triunfadora en el Festival de Sevilla con los premios de Mejor Película y Mejor Fotografía, El desconocido del lago es una película donde la desnudez está siempre justificada, con algunas de las escenas de sexo más creíbles del cine reciente y momentos de lograda tensión, como sus últimos minutos no aptos para cardíacos o esa escena acuática donde Frank se ve amenazado por el pánico. Una obra tan densa y compleja que permanece incluso impertérrita a la poco creíble figura del policía. Sin entrar en la (absurda) polémica que ha provocado en algunos sectores, alarmados a estas alturas de la película por sus eyaculaciones o desnudos integrales, lo más inquietante de El desconocido del lago no es su final abierto -en el que cualquier interpretación pone la carne de gallina-, ni tampoco su comentadísima escena gore, sino que, realmente, nunca sabemos a quién alude su título. Nunca sabemos quién de los 3 personajes principales es el verdadero desconocido: si aquel que comete fechorías sin motivación aparente, el que se convierte sin necesidad en cómplice de un criminal o ese hombre que sólo desea dormir con otra persona para sentirse acompañado porque esta maldita sociedad presa de la imagen ha condenado a la más absoluta marginalidad.

UNETE



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