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Una nueva era con grandes retos para España


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04/06/2014

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El por demás sorpresivo anuncio de la abdicación del Rey Juan Carlos I de España, independientemente de su implicación histórica y la conmoción natural causada por la noticia, tiene que significar el inicio de una nueva era para la madre patria, sin embargo esta no esta exenta de una importante cantidad de retos.




En principio porque España atraviesa en este momento por cuatro muy duras pruebas para su estabilidad, primero la crisis económica y la política derivada de la anterior, después las intenciones separatistas de Cataluña y el país Vasco, finalmente pero no menos importante, las manifestaciones de diversos grupos que claman por el fin de la monarquía.

En los cuatro aspectos precisamente lo que coincide y esta de por medio es un tema de cohesión social, de unidad, como elementos fundamentales para solventar estas coyunturas.

Estamos hablando de que lo que esta en riesgo es la estabilidad general necesaria, que supone el peligro latente del resquebrajamiento institucional, con ello el vacío de poder.

Visto así el orden de importancia de los problemas varia, porque entonces no es la crisis económica en este momento el principal obstáculo, sino precisamente la importancia de la corona como factor de unidad y estabilidad.

Por supuesto que la renuncia del monarca, revive la polémica al respecto, aun y cuando el movimiento republicano realmente no es tan trascendente como algunos lo quieren ver, mas del sesenta por ciento de la población apoya la monarquía, pero los últimos escándalos de la familia real, lesionaron severamente su dimensión.

En España la corona simboliza un poder mas allá de la discusión política, es como apuntábamos un factor histórico de unidad, que precisamente en el reinado de Juna Carlos I demostró cabalmente su invaluable utilidad.

Sin embargo hoy el sesenta por ciento de los españoles nacieron después de la transición democrática, para ellos el recuerdo de la dictadura franquista es solo un lejano episodio histórico, como para nosotros podría ser la revolución.

Sin olvidar que el movimiento encabezado por Francisco Franco, en su momento se levanto en contra de la segunda republica y que fue el propio caudillo, quien designo a Juan Carlos de Borbón como su sucesor y como Jefe del Estado a titulo de Rey.

Las nuevas generaciones no sufrieron en carne propia ni la oscura dictadura, como tampoco fueron testigos de la extraordinaria contribución del Rey Juan Carlos para instituir la democracia de la que hoy gozan.

Al Rey Juan Carlos no se le puede escatimar su lugar en la historia, la envergadura de padre de la democracia española, mediante la cesión de sus privilegios como monarca absoluto, para establecer una constitución democrática.

Mas aun en el desarrollo del intento de golpe de estado orquestado por un grupo de militares que pretendían retornar a través del Rey, el estado de gobierno anterior instaurado dictatorialmente en el franquismo.

Hace cuarenta años los españoles no eran monárquicos, pero se volvieron juancarlistas, sin embargo el relevo generacional, los escándalos de la familia real, el fantasma del separatismo y las crisis económica y política, suponen una crisis todavía profunda.

De cualquier forma es una perspectiva a todas luces injusta, porque sin hacer de menos los yerros recientes del Rey, estos no pueden siquiera compararse con su extraordinaria contribución como Jefe de Estado.

Participación que las generaciones anteriores han reconocido ampliamente incluso por aquellos que no comulgan con la monarquía, la proporción histórica de Juan Carlos de Borbón esta por encima de las facciones.

Ahora bien, si bien es cierto que el prestigio del monarca se ha venido mermando en los últimos años, la popularidad de su sucesor quien reinara como Felipe VI es muy alta, de tal suerte que si el Rey termino por agotarse, la monarquía no.

Si consideramos que el Rey no abdica en principio por razones de salud, tendríamos que entender que lo hace reconociendo que su presencia ya no estaba siendo ese factor de unidad al que tanto hemos hecho referencia, por tanto su partida es un acto de honestidad que es sin duda una mas de sus contribuciones al fortalecimiento de España.

Pero mas allá de la aceptación y la popularidad, la monarquía ha sido la forma histórica tradicional de gobierno de España, mediante la cual la sociedad espera y exige una suerte de interlocución y tutoría por encima del gobierno.

Felipe VI seguramente no tendrá un inicio de reinado tan espectacular como el de su padre, momentos de esplendor que le hicieron ganarse una posición moral superior al tema hereditario.

Sin embargo el nuevo Rey tendrá una gran oportunidad en el reto, sobre todo por la complejidad del escenario que recibe, porque aunque no tomara decisiones ejecutivas, su posición respecto tanto del asunto separatista, como en la crisis económica puede y debe significar diferencia.

El verdadero problema de España es económico, por lo mismo una confusión respecto de su integración, puede volverse el elemento de quiebre que termine por ahondar sus circunstancias.

Porque independientemente de lo complicado del tema económico, los dos principales partidos, el Popular en el gobierno y el Socialista Obrero, se han enfrascado en una competencia que materialmente esta paralizando la posibilidad de entablar acuerdos para solventar los conflictos.

La actual clase política española cedió a la tentación de la frivolidad y la corrupción, elementos fundamentales para llegar al estado económico inviable actual.

Esta circunstancia por supuesto no hace diferencia entre un régimen monárquico o republicano, es una condición de ideología y conducción política, de tal suerte que la abolición eventual de la monarquía, no va a terminar con esos defectos.

En todo caso y como lo hemos apuntado, la existencia de la corona al menos garantiza unidad en torno al nacionalismo, la identidad y en el peor de los casos si fuera necesario para la estabilidad en caso del vacío de poder gubernamental.

Como siempre sucede, es muy difícil reconocer en vida, lo que deja tras de si el Rey Juan Carlos, es la conducción de uno de los episodios mas brillantes de la historia política española, no podría entenderse esta España sin la aportación personal del Rey Juan Carlos.

El Rey como sea ya tiene pues el lugar que le corresponde en la historia y no hay duda que en el futuro será reconocido en toda su dimensión, el asunto ahora es la resolución de los enormes y complicados retos que el país tiene por delante.

 

Twitter@vazquezhandall 





Etiquetas:   Economía   ·   Política   ·   Crisis Económica   ·   Partidos Políticos   ·   Juan Carlos I   ·   España

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