La recuperación democrática de los ochenta tuvo por protagonista a la sociedad civil, integrada por colegios profesionales, académicos, poetas, artistas e intelectuales, dueñas de casa, cesantes, excluidos políticos y económicos. Los políticos desembarcaron después, para ocupar las vanguardias, pero esa historia es asunto aparte, que no cabe conversar hoy. Lo importante a destacar es que esa energía de la gente se mantiene viva y en los últimos 10 años la hemos visto brotar a borbotones y expresarse a lo largo de Chile, con la revolución de los pingüinos, con las luchas sociales de localidades como Calama, Taltal, Chañaral, Huasco y Freirina, Aysén, Punta Arenas. Están presentes las luchas por los cines de cuello negro, por el Alto Maipo, por justicia frente a La Greda, la usurpación del agua en Petorca, expresándose contra megaproyectos que no han atendido los impactos ambientales y sociales sobre las comunidades. El modelo vigente desmovilizó a la civilidad en los noventa, en aras de consolidar la democracia, pero eso se agotó el 2010 cuando el voto castigo echó fuera por 4 años a la Concertación, que ha retomado el gobierno con un nuevo nombre, Nueva Mayoría, mediante un conjunto de promesas que sintonizaron al menos electoralmente con aquellos requerimientos sensibles para la ciudadanía.




