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No fuimos hechos para el Nirvana


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27/05/2014


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Toda mi vida de adulto la he dedicado a estudiar doctrinas orientales, además del cristianismo. Mi interés me llevo hasta iniciarme en la escuela de Paramahansa Yogananda a temprana edad y recibir Diksha en Kriya yoga en dos ocasiones y practicar meditación avanzada por muchos años y aun hasta hoy no dejo de hacerlo.


He comparado rigurosamente la mística occidental y la oriental tanto en su marco teórico, como en sus productos prácticos, las experiencias supra-concientes, el desarrollo psíquico, los poderes  espirituales que se logran con esos sistemas, la disciplina moral y el tipo de personalidad que se obtiene en esas escuelas.

Lo mismo he hecho con los estudios de ondas cerebrales y descubrimientos neurológicos que se han ido acumulando en laboratorios gracias a meditantes avanzados que se han ofrecido como conejillos de indias a los científicos. Idem con los estudios de los laboratorios de parapsicología del mundo desarrollado.

Y como  corresponde también he observado la vida humana tal como es, en toda su variedad y plenitud de energía, los milagros, y las aspiraciones de las culturas del mundo. Los libros sagrados también han pasado prolijamente bajo mi lente. He comparado los resultados alcanzados por los antiguos profetas de Israel y de los Rishis de la india, los Lamas tibetanos, los Maestros del Sufismo y del Shamanismo primitivo.

Y puedo concluir que los seres humanos no han sido creados para la extinción del yo  o para el nirvana. Fuimos creados para la vida, no para la muerte. Y para una vida ordenada, no para una anarquía moral como la que vivimos hoy. Es decir, fuimos creados para vivir sometidos a las leyes eternas o para el Dharma, no para una vida caótica sin sentido trascendente.

Las leyes de Dios inscritas en el alma son el origen espiritual de las leyes de las distintas sociedades, y si no se las obedece se producen desastres psicológicos, sociales, económicos e incluso ecológicos. El problema de las prácticas de meditación que hoy se promueven en los medios es que se han convertido en prácticas de evasión, como un fortalecimiento de tendencias esquizofrénicas latentes que hay en nuestra especie. Estado psicótico que incluye varios tipos de esquizofrenia moral y filosófica. (Maniqueismo entre ellas).

O en un medio de adormecimiento moral, pues meditando al modo oriental finalmente me conecto con un Dios que me ama incondicionalmente y que no me exige santidad de Vida. O bien en un vacio mental taoísta o budista que me deleita y que me hace olvidar mis deberes. O bien me sumerjo en un Dios impersonal que no tiene el menor interés en mi persona. No le interesa si existo o no, si cometo pecados o no. Si soy bueno o malo. Y tampoco le importa el destino del mundo.

Y nos vamos olvidando que para los Padres del Desierto en Egipto y en la iglesia primitiva la meditación era una batalla contra la carne y la mente desordenada y dispersa por deseos contrarios a los propósitos de Dios para con el hombre. La meditación debería producir, además de una sanación psico-somática, un ejército de santos, de adeptos, de gente iluminada por Dios, una milicia de guerreros de la luz que no se adapten al mundo materialista, ni a la inercia moral, ni a la sociedad de consumo.

La meditación no debería ser solo un medio para sanar la tierra con vibraciones y energías positivas, como intentan hacer muchos grupos. Sino también debe ser una fuente de heroicidad y de valor combativo contra todo cuanto ofende a la Imagen de Dios que llevamos dentro. Eso significaría el desarrollo de virtudes sólidas y no meros sentimientos de exaltación emocional.  Es bueno irradiar paz en el mundo con  la mente iluminada por la Divinidad Interna.

Pero uno debe combatir sus propias malas costumbres y no pensar que las eliminaré en la próxima encarnación, o pensando que a Dios no le importan unos pecados de más o de menos en mi alma.  Total me salvare igual. Dios me ama tal como soy. Y solo debo fluir y dejarme ir con mis impulsos básicos y no luchar contra mis tendencias tamásicas o rayasicas, como debería hacer un verdadero devoto del yoga indio. O bien en el Nirvana me librare de estos defectos para siempre.

La verdad es que todo problema, vicio o defecto que la persona no domine en esta vida, o en la encarnación actual, descubrirá que en la próxima vida el problema retornara igual, y reforzada por el fracaso que tuvo la voluntad en ese manejo en  esta  vida. Así se suman los pecados de hoy con los de ayer y se refuerzan. Y así la lucha contra mi ego falso será más dura y difícil. De allí que la meditación sin marco ético tradicional no produce los resultados que los grandes maestros esperan de los buscadores de hoy y de ayer.

Casi es un mero doparse psíquicamente tal como se practican hoy estos sistemas de realización espiritual. Les falta la determinación interior de hallar a Dios a como dé lugar, y someterse a sus designios. Volarse es lo que buscan muchas personas con las técnicas de oriente. Pero sus deseos terrenales siguen intactos y el ego impuro sigue gobernando las vidas de esos pseudo-buscadores de la verdad metafísica. O de los poderes secretos de la mente.

Pero hay más. Las técnicas místicas de oriente puede que sean bien aplicadas y produzcan resultados buenos, pero, si practico el desapego budista a fondo y ya no me importa nada de la vida ni de los problemas de mi prójimo, ¿será ese el propósito de Dios para mi vida? ¿O seré como Arjuna, del Guita, que no quería combatir y se jubilaba de vivir y de luchar por una causa noble y que no quería escuchar ni obedecer a Sri Krisna, que lo instaba a combatir?

Krishna le dice a Arjuna, que aunque no quiera tendrá que pelear, pues su propia naturaleza le obligara a luchar. Y hasta el temor a la deshonra militar de casta lo arrastrara al combate. El nació guerrero y lo será hasta la muerte. Eso son los chatrias en la india. La casta guerrera. Esa guerra es interna y es externa, y nadie puede evadirla, y se metamorfosea de mil maneras. Pero si no se hace somos un fracaso existencial. La vida llama a vivirla, y a vivirla con el sentido de un deber sagrado, eso es lo que le dice Krishna a Arjuna. Por eso es discutible que el nirvana sea el objetivo supremo de la existencia. 

El problema de los pueblos orientales es que piensan constantemente que la reencarnación es una rueda de esclavitud interminable, de puro dolor y pecado. Una especie de prisión cósmica para miles de millones de almas que giran en ella. Y por lo tanto hay que liberarse de esa cadena del renacer constante de una manera radical y profunda. De allí surge que es necesario el desapego, la renunciación, la huida del mundo a los Himalayas, la devoción a los dioses la muerte para cortar los lazos con el mundo y con el samsara. Y la búsqueda del nirvana con su quietud absoluta.

Pero esos conceptos incluyen una contradicción. Cada ser humano es Dios, es una expresión del Pamatmán, del Dios del Universo único y omnipresente. Un ser universal que tiene libertad absoluta, que no es prisionero de nada ni de nadie. ¿Cómo puede ser que ese ser universal que se hizo múltiple este prisionero si es la libertad misma? ¿Cómo puede ser que los hombres encarnados necesiten ser libres en el nirvana cuando siendo expresiones o manifestaciones de Dios  jamás han estado prisioneros, pues cada hombre o mujer es un punto de luz proyectado de la misma luz única que es el Paramatman? La vida de cada hombre es manifestación de la única vida que existe en el universo y que es Dios mismo. Y por lo tanto el pulso universal de la vida es el latido del corazón de Dios mismo.

Ya lo dijo el propio Sri Yogananda: “Dios es el Ser Interior del hombre y es la única vida del universo entero·”. Y el  mismo Jesucristo dijo: “el que pierda su vida por mi causa, la hallará”. Claro, el nirvana es la extinción de la ilusión de un ego separado de Dios, el final de la ignorancia. Pero no es el final de la vida. Es solo una puerta. El conocimiento infinito es la meta y adecuar la voluntad personal a ese conocimiento.

Por eso el mismo Jesús dijo en la última cena “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y Jesús, a quien has enviado”. (Juan 17,3) Y para completar ese dato y en el mismo Evangelio de Juan, Cristo agregó: “Sereis mis amigos si hacéis lo que yo os mando”.(Juan 15,14). Así el entendimiento humano irá de acuerdo con la voluntad o viceversa. El ser humano será uno consigo mismo y uno con Dios y uno con su prójimo, sin las distorsiones de la ignorancia y del pecado. Por eso Juan dice: “Para que todos sean uno, como tu Padre, en mi, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros….. “.  Juan 17, 21 .

Por eso mismo, Sri Ramakrishna Paramahansa, cuando explicaba el resultado final del éxtasis yóguico, el nirbikalpa samadhi, decía que en ese estado de supra-conciencia se purifica el yo pecador, y solo quedan tres aspectos del ego personal perfectamente unificados, que son: el yo conocedor, el yo servidor y el yo devoto. Y así termina en el alma humana la ilusión de separatividad con respecto a Dios, de su ser profundo y respecto del prójimo. Somos Uno, hasta con la madre naturaleza. En ese sentido hay un nirvana, pero es un paso hacia más vida y vida abundante en la plenitud de la luz infinita en la que ya estamos sumergidos todos, pero no lo sabemos.

De allí que se deben corregir algunos errores de nuestra forma de pensar y de concebir la vida. La reencarnación no es una prisión es, en cambio, el proceso de manifestación temporal y espacial de un único Ser Absoluto, proyección de una sola conciencia, de un solo yo superior, que se manifiesta como muchos porque los ojos carnales y la razón no iluminada no puede percibir el Todo. La creación entera es solo un gigantesco espejo multidimensional en que Dios contempla su rostro. No hay tal extinción del ser, la vida y la conciencia personal continúan siempre, con reencarnación y sin ella. Dios es el Yo del cosmos y somos proyecciones de él.

Por eso Jesús en los capítulos de San Mateo, en que se comenta el juicio final, dice: Todo lo que hicisteis a estos pequeños a mi me lo hicisteis. Todo el bien que habeis hecho a mi me lo hicisteis y todo el mal que habeis hecho a mi me lo hicisteis. Así que los obedientes irán al paraíso, es decir, a más vida, y los réprobos irán a menos vida, camino a la muerte eterna o la desintegración del ser.

 

 



Etiquetas:   Religión   ·   Filosofía
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