. Su alta prevalencia constituye un problema mundial, que en el año 2013
fue abordado por la OIT, definiéndola como “La Pandemia Oculta”.
Según
estimaciones, de un total de 2,34 millones de muertes relacionadas al trabajo
al año, 321.000 se deben a accidentes del trabajo y 2,02 millones a
enfermedades relacionadas con el trabajo. Según esta estadística, a nivel
mundial tendríamos un promedio diario de 5.500 muertes causadas por enfermedades
laborales. Se estima además que existen 160 millones de trabajadores que sufren
de enfermedades no mortales relacionadas al trabajo[1].
A pesar de esta estadística, hay
que considerar, además, que a nivel mundial existe un subregistro de la
cantidad de enfermedades profesionales, generalmente debido a un subdiagnóstico
por el desconocimiento de los factores de riesgo asociados al trabajo y las
enfermedades; un sistema de registro deficitario de las enfermedades
profesionales; la latencia prolongada entre la exposición laboral y la
expresión de alguna de las enfermedades que no permiten establecer una relación
causal directa y la existencia de flujos migratorios de trabajadores; así como
existe una dificultad de índole político administrativo que no permite
establecer comparaciones entre los distintos países dado por las diversas
definiciones de enfermedad profesional, legislaciones distintas, coberturas
diferentes, inclusión o exclusión de las patologías relacionadas al trabajo y
condiciones favorecedoras de enfermedades profesionales.[2]No obstante los problemas
expuestos en el párrafo anterior, la prevención de las enfermedades
profesionales debe ser un tema importante en las agendas de todos los
gobiernos, no solamente por el imperativo ético que implica el mantener sanos a
los trabajadores, sino por los costos asociados a ausentismo laboral,
compensaciones económicas por incapacidades y tratamientos.En cuanto a la prevalencia en
Chile, según estadísticas de la Asociación Chilena de Seguridad, la mayor
cantidad de casos diagnosticados y calificados como enfermedades profesionales
en el año 2012 corresponden a trastornos musculoesqueléticos (44%), seguidas
por el grupo de enfermedades profesionales por salud mental (19%), sobre un
universo de 4.640 casos. Esto difiere del año 2001 donde la mayor cantidad de
casos se concentraba en las laringopatías, dermatitis e intoxicaciones con
sustancias tóxicas, sobre un universo de 1.671 casos. Esta diferencia es
explicada en parte por la modificación al decreto supremo 594 realizadas en el
año 2005 y la aparición de la normativa para los trastornos musculoesqueléticos
y factores psicosociales por parte del MINSAL. En otras palabras, el estado ha
reconocido un problema y lo está abordando. Pero también se explica por un
mayor conocimiento y conciencia de los trabajadores acerca de las condiciones
ideales de sus lugares de trabajo, principalmente otorgado por el fácil acceso
a la información que disponemos en la actualidad con la Internet.El hecho que haya variado la
distribución de enfermedades laborales en estos 10 años en Chile, no implica
que debamos olvidar los agentes de riesgo clásicos como sílice, plomo o el
asbesto, que aunque parezca raro, este último aun lo podemos encontrar en
construcciones antiguas como material aislante. Tampoco debemos olvidar a
agentes sensibilizantes e irritantes para la piel y vías respiratorias que
causan dermatitis y patología pulmonar, relativamente frecuentes. Aun debemos
trabajar en mantener y mejorar los programas de vigilancia de la salud para
estos agentes.En síntesis, el tema de la salud
ocupacional, es transversal a todos quienes trabajan y debieran establecerse
políticas preventivas tanto en la empresa, como la generación de una cultura
del autocuidado que debiese ser inculcada desde las escuelas.Su implementación no es una tarea
vertical, sino de cada uno de los ciudadanos que deben cuidar y proteger su
estado de salud, estando correctamente informados de los riesgos a los que
están expuestos en su trabajo y las medidas necesarias para mitigarlos. Si esto
lo unimos a políticas gubernamentales que favorezcan la prevención junto a un
fuerte aparato fiscalizador en el cumplimiento de éstas, nuestra realidad sería
otra y problemas como asbestosis, silicosis, asma por resinas epóxicas, solo
por mencionar a algunas, serían temas que estudiaríamos como parte de la
historia de la salud ocupacional.
[1] The prevention of occupational diseases, ISBN:
978-92-2-127446-9 (impreso), ISBN 978-92-2-127447-6 (web) Ginebra, 2013
[2] García, Alejandro. Ciencia & Trabajo, ISSN-e
0718-2449, Nº. 40, 2011 , págs. 107-112¿Qué es una enfermedad
profesional?Una enfermedad profesional es
aquella enfermedad que se contrae como resultado de la exposición a
algún factor de riesgo relacionado con el trabajo. El
reconocimiento del origen laboral de una enfermedad, a
nivel individual, requiere que se establezca la relación causal entre
la enfermedad y la exposición del trabajador a determinados agentes
peligrosos en el lugar de trabajo. Esta relación suele establecerse sobre
la base de datos clínicos y patológicos, historial profesional (anamnesis) y análisis
del trabajo, identificación y evaluación de los riesgos del trabajo, así como
de la comprobación de la exposición. Cuando se diagnostica clínicamente una enfermedad
y se establece dicha relación causal, se considera entonces como enfermedad
profesional.
(OIT, The prevention of
occupational diseases)