. Investigación que ha sido
efectuada por dentro y por fuera de a lo menos cuatro grupos que se denominan
de inspiración rosacruz en el siglo XX y comienzos del siglo XXI. En las
investigaciones externas la mirada se puede extender por un territorio más
grande. Pasando por la Orden Hermética del Amanecer Dorado, La Antigua y
Mística Orden Rosacruz, La Fraternitas Rosicruciana de Arnold Krumm Heller, y
la Fundación Pascal B. Randolph, uno ya puede emitir opiniones autorizadas
sobre el tema. Claro, consultando también los antiguos documentos rosacruces
publicados en Alemania por Juan Valentin Andrea, a comienzos del siglo XVII.
Una mirada más acuiciosa me ha
llevado a observar la influencia rosacruz en la masonería, en los movimientos gnósticos
y neo-templarios, en la obra literaria de Paulo Coelho, de Goethe, Edward
Bulwer Lytton, Rudolf Steiner, y otros
notables autores, tanto del mismo siglo 17 como Roberto Fludd y Michael Maier,
como de nuestra época contemporánea.
A estas alturas sólo los más
recalcitrantes pastores del cristianismo defienden la tesis de que el
cristianismo no contiene huellas de un esoterismo propio, de una doctrina kabalística
o de secretos semejantes al pitagorismo. Pues de hecho si las tiene. La
doctrina interna del cristianismo está dispersa en los mismos textos sagrados
de la Biblia, y sólo los dormidos no los ven o no los notan. Y hablo de un
esoterismo propio, no de induismo inserto en la biblia, ni las huellas de algún
documento tibetano xx como hoy se estila entre los semi-sabios.
Pues para que se sepa el Tibet
sólo alberga documentos de sabiduría desde el siglo VIII después de Cristo en
adelante, ya que Padma Sambhava, el apóstol y fundador del Budismo Tibetano
predicó sólo en ese siglo y antes nunca hubo monasterios ni libros de sabiduría
de esa religión en el territorio de Tibet y de Mongolia. Asi sabemos que Jesús
nunca estuvo en el Tibet además de otras razones que ya están en otro de mis
artículos.
La Rosa es Jesucristo
crucificado, el rojo es su sangre redentora, la cruz es la cruz de los cuatro
elementos naturales y de los prejuicios humanos, marcados por la ignorancia.
Tierra, Agua, Aire y Fuego son los cuatro elementos de la antigua filosofía de
Empédocles, que al mismo tiempo vehiculizan y limitan al Espíritu o el Quinto
Elemento. Las letras del INRI o de Jesús de Nazaret Rey de los Judíos del
Evangelio de San Juan 19,19, se convierten en una sigla latina de meditación IN
NOBIS REGNAT IESUS, vinculada a Colosenses 1,27, “… Cristo en vosotros es la
esperanza de gloria”.
En el simbolismo masónico la rosa
y la cruz reciben el agregado del Pelícano crucificado que alimenta con su
sangre a siete polluelos, en el grado 18 del rito escocés antiguo y aceptado, y
eso se origina en una plegaria de santo Tomás de Aquino que dice: “Jesús mío,
pelícano piadoso, con tu sangre mi pecho impuro limpia, que de tal sangre una
gotita puede todo el mundo salvar de su malicia”.
La sangre es, para los hebreos el
vehículo del alma o la nefesh, y como la sangre de Cristo se derramo en la
tierra se entiende que el alma divina de Jesucristo entró en el alma de la
tierra para limpiarla y redimirla, y por añadidura liberar a las almas
encadenadas a ella.
Así, con magno sacrificio, una
nueva corriente de vida fue injertada en el mundo para sanarlo, física,
psíquica y espiritualmente. Una nueva esperanza se infiltraba en las
polvorientas y oscuras moradas de los hombres para reorientarlos hacia la luz
infinita y reorientarlos amorosamente en la materialización de la voluntad de
Dios en el mundo.
Desde luego el rojo de la rosa y
de la sangre de Cristo se relacionaron con la Piedra Filosofal, como una sangre
cristalizada, y con el Fuego del Espíritu Santo, esta vez pasó a ser un fuego
cristalizado. Eso debido a que la Piedra Filosofal es un polvo rojo o una
piedra roja, como la pintan en la literatura alquímica y en el primer film de
Harry Potter. Esa corriente de vida o de energía divina es un poder transformador de almas, un trasmutador
de pecado en virtud, del plomo en oro, como lo hace la piedra filosofal de la
leyenda.
Es lo que los rosacruces
denominaron la Palingenesia o el renacer de la humanidad, proceso que va unido
al trabajo permanente de la Panacea de la sabiduría, que sana al hombre de su
ignorancia metafísica ancestral y esencial.
Pero las modernas escuelas
tienden a olvidarse de la Biblia y de los Evangelios, por privilegiar o la
alquimia, o la astrología, o los evangelios apócrifos, creyendo que estos
últimos son la suprema clave de la sadiduria cristiana, cosa que es falsa, de
falsedad absoluta, para un investigador bien informado. Tales posturas modernas
traicionan el espíritu y el contenido de los primeros documentos rosacruces del
siglo XVII, la Fama Fraternitatis y la Confessio, que recomiendan el profundo
estudio de las Escrituras canónicas y de la Kabalah para entender la filosofía
rosacruz. Y no contienen ni una palabra sobre los libros apócrifos, como para
avalar su uso permanente en las escuelas contemporáneas.
El uso de la astrología y del
simbolismo alquímico es aprobado en esa literatura primera, pero no para
sustituir con ello el fondo cristiano de la doctrina rosacruz como ahora
ocurre. Que los modernos buscadores del rosacrucismo retornen a la lectura del
Liber Mundi en sus corazones, del cual la Sagrada Escritura es reflejo.