Desheredados

He leído en reiteradas oportunidades que el nivel de educación de la madre, es vital para el crecimiento en todo sentido de sus hijos. Pero sucede que los hijos por las diversas exigencias de la vida moderna y por las múltiples circunstancias que inciden en la composición de la familia actual, no están todo el tiempo que correspondería con su madre. Esta, se encuentra teniendo que trabajar, por las exigencias de la sociedad, por su auto exigencia, o por imperio de la necesidad. Delegando la crianza de sus hijos en otras personas que casi siempre están fuera de su familia ampliada y que por lo general, no tienen su nivel educativo.

 

. Pero sucede que los hijos por las diversas exigencias de la vida moderna y por las múltiples circunstancias que inciden en la composición de la familia actual, no están todo el tiempo que correspondería con su madre. Esta, se encuentra teniendo que trabajar, por las exigencias de la sociedad, por su auto exigencia, o por imperio de la necesidad. Delegando la crianza de sus hijos en otras personas que casi siempre están fuera de su familia ampliada y que por lo general, no tienen su nivel educativo.
A su vez, quienes son contratadas para cuidar los hijos de quienes trabajan en su profesión, si estas a su vez tienen hijos, delegan esta función en las hijas mayores de la familia.

También, se delega gran parte del tiempo de crianza de los hijos en la televisión y en los otros aparatos diseñados para entretener y divertir. Concluyendo, cuando ven a sus hijos sonrientes y divertidos, que estos están siendo felices. Es decir, que gran parte de las nuevas generaciones, se están educando, si cabe la expresión, en soledad o en compañías que no son precisamente la de su madre.

Al padre, cuando existe dentro del grupo familiar, se lo ha bombardeado tanto desde distintos ángulos, que han logrado  transformarlo en un ser edulcorado. En nuevos padres, que como los placebos, no hacen ni bien ni mal. Sobre ellos se han promovido las conductas que lo acercan al hijo para que sean amigos, dejando de marcar los límites infranqueables que exige toda buena educación. Diciéndoles que si, a todo lo que solicitan o plantean.

Luego vendrá la escuela, donde a las personas que cumplen el rol de docentes las han convencido que cada uno de los educandos debe construir su propio aprendizaje, por lo que se sienten relevadas de transmitirlos en un altísimo porcentaje. Cambiando la naturaleza del rol docente, así como lo conocimos, a uno que acompañe los intereses de los educandos. Como si por el simple hecho de contar con las posibilidades de vivir en el mundo del futuro, conocieran mágicamente cuáles serán sus desafíos y exigencias.

Muchas de las creencias sobre que los chicos ya nacen sabiendo, se debe al estar expuestos sobre una gran cantidad de horas del día frente a la pantalla de la televisión, adquiriendo las expresiones que les transmiten quienes ocupan los espacios televisivos, además de los mensajes difundidos en las tandas publicitarias. Siendo otro de los indicadores de que estamos ante super-niños, es el manejo osado que hacen de los nuevos objetos tecnológicos que los nuevos tiempos les ponen al alcance de la mano.

Es decir, que desde el vamos, se los está abandonando a su propia suerte. A que se arreglen como puedan. A que construyan su propio aprendizaje. Haciéndolo sin madre, por muchas horas y sin padre. O con uno reciclado, para ser utilizado en estos nuevos tiempos. Además, sin docentes que les transmitan conocimientos, porque eso también se los tienen que construir en soledad, asistidos por un docente que se propone contener, en vez de educar.

Estando, evidentemente, ante la presencia de niños desheredados de una cultura Judeo-Cristiana que agoniza con el transcurso del tiempo. La que es reemplazada paulatinamente por la cultura que se expresa en los medios masivos de comunicación. Sobre todo en la televisión.

Eugenio García

http://garenioblog.blogspot.com.ar

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