Voto útil o inútil

 

. Esta expresión se ha extendido tanto y de forma tan torticera que ya nadie sabe lo que significa. Es bien sabido que cada partido piensa que el voto útil es el que se deposita en la urna con sus siglas y, sin embargo, a la vista de la corrupción y de la degradación política española, la ciudadanía suele pensar que el voto útil no existe, porque en una partidocracia donde cada formación ‘trabaja’ para sí misma y no para la ciudadanía.

Si algún proceso electoral tiene baja estima – que hoy suelen tenerlo todos en España—son las elecciones europeas las que menos interés tienen para el ciudadano, porque Europa está muy lejos y no llega al ciudadano, excepto para meterle mano en el bolsillo, argumentar que deben bajarse los sueldos y apoyar a la banca en detrimento del ahorrador. Sirva como ejemplo que lo que va de legislatura pasará a la historia de la Unión Europea como los años de crisis en los que se benefició a la banca y se autorizó a sacrificar los ahorros de la ciudadanía en beneficio de la banca ‘manirrota’, torticera, desorganizada y, en muchos casos, egoísta, impostora y fraudulenta.

 De cara a las elecciones europeas, a celebrar el próximo 25 de mayo, los votantes van a tener en cuenta muchos temas que han hecho daño al desarrollo de las colectividades e incluso personalmente. Estamos ante la mejor ocasión de romper con el bipartidismo; una fórmula que ya no sirve por haberse mostrado engañosa y detractora de los intereses nacionales; de la misma forma que no sirven los nacionalismos en versión independentista, por su evidente incapacidad. El voto útil, en esta ocasión, es el que no se deposita.

Lo ideal sería votar a quienes tienen un claro peso para resolver problemas de la agricultura, ganadería, minería, desempleo,… Lo de menos es el color. Lo que tenemos no nos sirve y lo que hemos visto es caduco y, en ocasiones, miserable. Lo peor que ha hecho la UE en el tiempo reciente ha sido consentir que la banca española echara mano de los ahorros (quitas) de los ciudadanos, tanto en preferentes como en subordinadas, para evitar inyecciones económicas de otro tipo. A eso se llama desprecio, indignidad, irresponsabilidad, exceso de ocio, egoísmo y mala fe.

De momento, para muchos ciudadanos esa fecha de las elecciones europeas es una fecha tachada en el calendario. No la tendremos en cuenta. Y nos gustaría que esa idea se extendiera. Votar a quienes al día siguiente hacen daño a quienes han pedido el voto es pura excentricidad y maldad. Por eso… ¡que les den! En la mayoría de los casos la presencia española es casi testimonial; no hay más que preguntárselo al señor Almunia. ¡Dios nos coja confesados o en buena postura ante la que se avecina!

Jesús Salamanca Alonso

UNETE



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