La comunicación es mucho más que diálogo... es, sobre todo, interpretación.

 

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No se trata de música, ni de sonidos... Ni siquiera se trata de palabras. De lo que hoy hablaré es de la sugerente banda sonora que nace desde el mismo centro de la conversación entre marcas y usuarios.

 

Acordes de una sintonía de sentimientos, emociones y experiencias compartidas, que se están convirtiendo en el mejor exponente de un crowdsourcing creativo inagotable. Tanto es así, que los test de productos han perdido una gran parte de su sentido, ya que la realidad tangible, la conversación cercana, directa y bidireccional, ha permitido acceder al corazón y a la psique del público, determinando a priori los fondos y formas de lo que proponemos.

 

La opinión cuenta, y mucho, a la hora de analizar el éxito o el fracaso de un producto. Pero, sobre todo, la opinión sirve como el elemento vertebrador de la tendencia. Saber la evolución correcta, tener la fiabilidad de hacia dónde corregir el rumbo para alcanzar la meta es, sin lugar a dudas, la piedra filosofal que nos ofrece la comunicación 2.0.

 

La redes sociales, las webs participativas, el diseño de estrategias de branding abierto, configuran un nuevo escenario de oportunidad para la proyección de marcas y productos.

 

Trabajamos inmersos en una apasionante partitura no escrita, en la que todos participamos a la hora de configurar la melodía. La improvisación ha dejado paso a la colaboración, al aporte de valor y talento de todos y cada uno de los intérpretes. Cada nota que queda escrita, incorpora la esencia de un diálogo proactivo, que determina el tempo y el tono de una melodía de empatía y reconocimiento.

 

Las marcas -gracias al modelo de comunicación 2.0- disponen ahora de un aporte de opinión de enorme valor añadido, que les permite la composición de un mensaje certero, la prospección de tendencias definidas por el propio criterio de su público y la consolidación de una imagen cercana y asumible.

 

Hoy no hablo de música. Hoy de lo que hablo es de la necesidad que tenemos de aprender a leer las notas escritas por el público, de interpretar cada matiz de lo que nos dicen, y de sentar las bases para estructurar una partitura sobre la que establecer nuestra sinfonía de marca.

 

Ahora, la comunicación es mucho más que diálogo... es, sobre todo, interpretación.

UNETE



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