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Por Quien Doblan Las Campanas


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27/04/2014


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Tras ver a su equipo perder la final de la Copa del Rey de una manera contundente contra su eterno rival, la afición del Barcelona despide a sus jugadores con aplausos. Más allá de no ser una ovación estruendosa, una de esas que solía ser moneda corriente en cada partido de local tan solo unos años atrás, es un justo reconocimiento para un grupo de profesionales que lo ha dado todo por el club y que inexorablemente ven como el ciclo abierto en el año 2008 ha llegado a su fin.


La renuncia del conductor de este equipo legendario, Josep Guardiola, tras obtener la Copa del Rey ante el Athletic de Bilbao en el año 2012, en una temporada que incluyó además un nuevo título de La Liga pero también una dolorosa e inmerecida derrota contra el Chelsea en las semifinales de la Champions League, fue un baldazo de agua fría para el club. En la serie contra los de Londres se vio a un Messi agobiado y extrañamente desconectado del equipo y a una máquina que ya no funcionaba de una manera tan precisa. El toque y el juego estaban presentes pero nunca pudieron quebrar la muralla que una de las versiones más mezquinas que se hayan visto del Chelsea. Aun así, la esencia todavía estaba presente y nadie puede dudar – ni el madridista más fanático- que lo del team de Pep fue apabullante. Que el Chelsea (posterior campeón de esta edición del trofeo más importante de Europa) debió haberse ido en ambos partidos dos o tres goles abajo en el marcador final. Pero el Barcelona era un equipo plagado de grandes estrellas que a esa altura no les quedaba nada más por ganar ni por demostrar y que física y mentalmente estaban agotadas tras uno de los ciclos más exitosos que se hayan visto en la historia del fútbol. Tras el empate en dos en el Camp Nou que dictaminó la salida del gigante catalán - del mejor equipo del mundo en ese entonces - de la competición, Guardiola avisó que al terminar la temporada dejaría de ser el Director Técnico del club que lo formó, lo consagró y le dio su primera posibilidad en su carrera fuera de las canchas de fútbol. No hay nada raro en todo esto, ya que es muy difícil que un gran equipo se mantenga eternamente en un primerísimo nivel. Como en todo ciclo exitoso hubo un comienzo, un momento ascendente en el que se llegó a la cima del mundo y una lenta y progresiva caída que comenzó en la temporada 2011/12, que con la llegada de Tito Vilanova al banquillo pudo sostenerse durante una temporada pero que con el Tata Martino al timón tomó tal velocidad que se hizo imposible de controlar y amortiguar.

La directiva del Barcelona eligió no hacer nada con el mensaje que Pep les estaba mandando. Un recambio futbolístico y generacional era necesario, pero eligieron dejar todo tal cual y esperar que los títulos siguiesen lloviendo. Por el cariño y el respeto que tenía por el grupo con el que a esta altura estaba hermanado tras 5 años a pura intensidad y conquistas, Guardiola prefirió no hacer el trabajo sucio. Solo lo marcó de una manera bastante clara y esperó que esta vez los dirigentes hiciesen lo correcto. Había que sentar a algunos jugadores, agradecerles por sus servicios y decirles que era hora de cambiar de aire o hasta de retirarse (caso de Puyol, por ejemplo). A otros también aplaudirlos y luego explicarles que era muy probable que debiesen sentarse en el banco de suplentes y ganarse el lugar nuevamente (casos de Mascherano, Piqué, Alves, Xavi, Busquets). Él podría haberlo hecho sin ningún problema, pero puso lo humano por encima algo que fue completamente lógico si uno mira cómo era la convivencia dentro de ese grupo. Pero el tiempo pasó, nada de esto sucedió y al comienzo de la transición el equipo a pesar de cambiar algunas cuestiones tácticas y de mostrar algunas grietas detuvo la caída con triunfos contundentes y una Liga maravillosa, algo a lo que volveremos unas líneas más adelante.

La era de Pep Guardiola fue una de las más vistosas y exitosas de la historia, sentando un modelo universal para jugar al fútbol  – sin ir más lejos fue el que adoptó para la selección nacional española, y con mucho éxito, Vicente Del Bosque cuando llegó al cargo- que fue alabado por todos los fanáticos y especialistas en la materia. La revolución de Guardiola y Vilanova enamoró a todo el mundo y se transformó en el faro de quienes gustan del buen fútbol, de ese que trata bien al balón sin resignar la verticalidad y la efectividad, de ese estilo que parecía haberse extinguido. No exagera el periodista Santiago Segurola en una muy recomendable charla (https://www.youtube.com/watch?v=pu3ezBU1GWo) con el ex atleta olímpico y eminencia en el periodismo deportivo Martí Perarnau cuando dice que “Guardiola es más Cruyffista que Cryuff”.

Pep llegó en el año 2008 en el medio de un tironeo entre el Barcelona y la Selección Argentina debido a la participación de Lionel Messi, estrella en ascenso, en los Juegos Olímpicos de Beijing. Tras cuestionamientos iniciales y dudas acerca de su capacidad de rearmar un equipo que venía golpeado tras varias temporadas irregulares en cuanto a logros y rendimiento, el catalán decidió imponer mano dura al equipo y dejar en claro que quien mandaba era él. Golpeó de entrada y antes de asumir formalmente su cargo avisó que Deco, Ronaldinho y Eto’o - quien finalmente se quedó un año más para luego ser vendido al Inter de Milán- no iban a ser parte de sus planes. Sacaba del equipo a tres pesos pesados del vestuario pero que también eran los más indisciplinados y problemáticos. Los referentes acataron no sin mirarse extraño entre sí, pero no pasó mucho tiempo para que cayesen bajo el embrujo del carismático y exigente ídolo del Barcelona. Desde allí en adelante, el primer equipo cosechó 14 títulos en tan solo 4 años. Las cifras son espeluznantes: de 247 partidos jugados en total (Liga y competiciones europeas y mundiales), el equipo venció en 179 ocasiones, empató en 47 y solamente perdió 21 partidos. Ganó tres Ligas de España consecutivas (2008/09, 2009/10 y 2010/11), dos Copa del Rey (2008/09 y 2011/12), tres Supercopa de España (2009, 2010 y 2011), dos UEFA Champions League (2008/09 y 2010/2011) – siendo el entrenador más joven en obtenerla en la historia del certamen en aquella inolvidable primera temporada donde ganó todo lo que jugó de manera aplastante-, dos UEFA Super Cup (2009 y 2011) y dos FIFA Club World Cup (2009 y 2011). Y hasta aquí solo el palmares de un entrenador que grabó su nombre a fuego en este deporte y que todavía lo sigue haciendo ahora en el Bayern Munich. Más allá de romper récords de todo tipo y especie, algo que merece todos los halagos y el mayor de los respetos, lo más importante siempre fue y es su manera de ver el fútbol. Hubo muchos equipos que se ganaron el status de leyenda gracias a sus victorias pero muy pocos lo hicieron jugando realmente bien. Aquí es en lo que se diferencia el Barcelona de Guardiola y eso es lo que vamos a analizar ahora mismo.

La idea, la concepción del juego que tiene Pep y que decidió trasladar al Barcelona era la misma que honraba cada vez que salía a una cancha cuando era jugador profesional. Estoy hablando de los valores que se enseñan en La Masia, la famosa cantera del Fútbol Club Barcelona, donde se privilegian la caballerosidad y el buen trato del balón por sobre todas las demás cosas. Ganar un partido de manera sucia y/o jugando realmente mal no es algo que sea bien visto aquí y, a decir verdad, así debiera ser en todos los clubes del mundo. La Masia siempre se distinguió por formar a los jugadores dentro de una idea rectora y quien primero puso énfasis en este lugar ya místico fue Johann Cryuff al desembarcar como DT. En los otros clubes del país y del resto del globo vemos como en las inferiores se moldea a los futuros profesionales de una manera individualista. Se los prepara físicamente y se les explotan todos sus talentos individuales sin importar la armonía del equipo. El objetivo: una jugosa venta al exterior que deje buen dinero en las arcas de la institución. Lo elogiable y valioso del Barcelona como club es que siempre les inculcó a los jóvenes el juego en equipo mediante una serie de pautas tácticas y – sobre todo- filosóficas que siempre llevarán consigo el resto de su carrera. A que voy con esto: el Barcelona posee un estilo de juego que es respetado por todos sus futbolistas. Hay una base que no se quiebra y que se mantiene más allá del recambio de nombres. Esto fue lo que Pep Guardiola reintrodujo en el equipo, tarea para la que contó con la ayuda de dos canteranos e ídolos absolutos como él: Xavi Hernández y Andrés Iniesta (Lionel Messi se fue configurando como líder durante los primeros años hasta consolidarse en 2009/10).

Y que haya tenido éxito no significa que haya sido un trabajo fácil: tras perder los dos primeros partidos oficiales las críticas llovieron y se dijo que Pep era más habladuría que otras cosas. Tras sacar 1 solo punto de 9 posibles en las primeras tres – más que nada por ineficacia en la definición, pues la posesión fue brillante desde el principio- el DT decidió mantenerse firme en sus convicciones y no ceder ni un ápice en su idea de juego. Hablo de esta matriz compuesta por un juego de toque corto, rápido e incesante hasta abrir el hueco en la defensa rival, de verticalidad sin ir por las bandas frenéticamente ni abusar de los centros, de la posesión como valor primario e incuestionable, de profundidad y efectividad en la última línea, de una solidez defensiva impresionante con un pase al ataque constante, de una conexión perfecta entre las tres áreas del campo de juego, de vértigo solo en los metros finales (ergo, cuando es necesario) y de defensa sin resignar la tenencia de la pelota (no agruparse frente al arco sino defenderse atacando) que fue ejecutada de manera perfecta por un grupo de enormes jugadores que estaban hambrientos de gloria y revancha por varios años consecutivos de sinsabores. Guardiola fue muy inteligente y le dio poder a sus jugadores pero siempre se encargó de dejarles en claro que el único jefe era él, logrando así una armoniosa y sana convivencia que no tuvo problemas serios de indisciplina de parte del plantel. La gran pata de su proyecto fue La Masia, que desde el primer día quedó bajo el atento ojo de Guardiola quien venía de dirigir al Barcelona B con mucho éxito. Jugadores clave en este ciclo como Pedro y Busquets salieron directamente de esa generación. Para él, el futuro del club pasaba principalmente por su cantera. Los estandartes de este equipo legendario fueron Iniesta, Messi y Xavi Hernández pero a decir verdad hubo muy pocos jugadores que realmente desentonaron (el caso más resonante fue el de Zlatan Ibrahimovic, pero – y más allá de su conflicto personal con el técnico- todos sabemos que no era del riñón del club y que jugaba en una posición que le quitaba protagonismo a Messi) con lo que el entrenador pudo armar una estructura sólida sin ninguna grieta, un grupo homogéneo que en cada partido se convertía en un bloque imposible de vencer.

Párrafo aparte para el trabajo que Guardiola hizo con Lionel Messi. Cuando debutó en primera, el DT era el holandés Frank Rikjaard quien lo llevo muy prudentemente y de una manera paternal en sus primeros pasos en La Liga. Para ese entonces la figura del equipo era Ronaldinho y él se llevaba todos los flashes y los elogios. A Messi se lo venía siguiendo desde hacía mucho tiempo y era señalado como el futuro del Barcelona. Tanto el astro brasileño – en ese entonces el mejor jugador del mundo, aunque en una decadencia particular- como Samuel Eto’o y Deco se hicieron muy amigos del crack argentino y lo ayudaron a hacer la transición al primer equipo. Cuando los 4 se juntaban eran dinamita y muy pocas defensas podían frenarlos. Pero el argentino todavía no era el mejor del mundo sino tan solo un proyecto demasiado interesante que sin dudas algún día devolvería y con excesivos creces la inversión realizada en él por el gigante de Catalunya. Cuando llegó Guardiola su primera decisión fue barrer con los tres amigos de Messi del primer equipo, pero aclaremos que Eto’o se quedó un año más y que se ganó su lugar a base de talento y esfuerzo para terminar siendo pieza central en esa primera temporada de ensueño donde se ganaron 6 títulos sobre 6 posibles-. Pep entendió que Messi era un jugador de un talento y una calidad pocas veces vistas y que tenía destino de número uno. Lo sacó del extremo derecho donde brillaba pero no conectaba con el resto del equipo. Era uno de los 5 mejores en su puesto a nivel mundial ya, pero no era parte del circuito de juego. Participaba con apariciones eléctricas y vertiginosas que solían terminar en gol o en un buen pase para que otro definiese la jugada (más lo primero que lo segundo). Por todo esto, tomo la decisión de ir contra sus principios y resignar jugar con un delantero punta marcado. El nueve de área clásico no tendría lugar en el nuevo Barcelona pues esa era la única manera de convertir a Messi en el centro gravitacional de la escuadra. Entendió a la perfección que sin ese delantero centro su partitura iba a ser perfecta y que el juego sería mucho más dinámico y con el balón al piso. Los centros pasaron a ser una rareza en este Barcelona donde Messi se sintió cómodo y pieza vital. Si hay que hacer una analogía basquetbolística – y esta se la robo a Juan Pablo Varsky- Lio fue el Michael Jordan del equipo y Xavi e Iniesta fueron sus Scottie Pippen y Dennis Rodman. El trabajo sucio lo hacían ellos y el brillo imposible de apagar lo ponía Messi. Y en esto reside el otro acierto de Guardiola con el argentino: le inculcó que solo no podía hacer nada, que sus compañeros lo potenciarían al máximo, y que el Barcelona sin él tampoco podría llegar a concretar sus objetivos. Le hizo entender que esta aventura iba a ser una relación de tipo “gana-gana” entre el club y su persona. Y no se equivocó. Si hoy festejamos que Lio sea el mejor jugador del mundo y nos enorgullecemos de ello – lo mismo aplica para los hinchas del Barcelona y fanáticos del fútbol de verdad- es gracias a la perspicacia y al genio de Pep Guardiola que fue el que logró que descubriese y explotase todo su potencial. Fue su padre futbolístico, fue quien lo puso en el camino de la grandeza.

Pero el sueño no iba a ser eterno y estaba destinado a terminar algún día. Como ya dijimos al comienzo de esta nota, tras una última temporada en la que se hizo evidente el desgaste físico y mental de todo el grupo y en la que se avizoraba una necesidad urgente de recambio, Guardiola dijo “hasta luego”. Al poco tiempo de este suceso, la directiva se encargó de elegir un sucesor. Muchos dicen que el haber colocado al ayudante y mejor amigo del ex DT, Tito Vilanova, fue una especie de golpe contra el ídolo por haberse ido. Creo que estas versiones son más bien basura amarillista y que no merecen más de nuestra atención, más allá de que algún roce sin dudas hubo entre ambos. La decisión de contratarlo fue muy acertada ya que se sabía que Tito había sido parte central en estas cinco temporadas llenas de gloria. Vilanova – el otro padre futbolístico de Lionel Messi, pues lo cobijó y acompañó apenas llegó al club con menos de 14 años-, vieja promesa de La Masia, había regresado en 2001 para dirigir al Cadete B de la generación de Messi, Cesc y Piqué (un equipo imparable que destruyó a todo equipo que se le puso por delante) y traía consigo la misma concepción del juego que Guardiola pero con alguna intención adicional de provocar un cambio en lo táctico y en el estilo de entrenamiento. Tito y Pep se conocieron en La Masia cuando ambos jugaban allí y desde ese entonces se hicieron amigos inseparables. Ambos llegaron al primer equipo tras revolucionar al Barcelona B con el mismo estilo que luego aplicarían en la primera división. El buen trato de la pelota iba a mantenerse – su ADN era el mismo que el de Pep-  pero Vilanova veía al fútbol como un deporte al que se le debía agregar un poco más de vértigo en el mediocampo. Sin resignar el tiki-tiki que era marca registrada de su trabajo, trató de imprimirle mayor velocidad a la transición entre la mitad de la cancha y los delanteros. Además, y en una decisión arriesgada, les dio todo el poder a los jugadores y redujo la intensidad de los entrenamientos algo que ellos agradecieron pues su antecesor era intenso al extremo.

Las dudas acerca de lo que podría haber significado anímicamente para los jugadores la ida del entrenador más glorioso del club y de un gran conductor como Guardiola quedaron despejadas desde el comienzo de la temporada. El Barcelona tuvo un comienzo de Liga arrollador y se mantuvo parejo en las demás competiciones. Esa Liga sería una de las más apabullantes de la historia del club: con un juego mucho más vertical se cubrieron las falencias físicas de varios jugadores importantes y la gran responsabilidad recayó sobre Lionel Messi que una vez más demostró por qué era el mejor jugador del mundo. Perdió solamente dos juegos y marcó 115 goles para terminar 15 puntos por encima de su inmediato perseguidor, el Real Madrid. Igualó el récord de La Liga, hasta allí en manos de los blancos, llegando a los 100 puntos y consiguió el mejor arranque de la historia del club ganando los primeros 6 partidos en el torneo doméstico y los tres primeros de la Champions League. Más allá de perder la Super Copa de España con el Real Madrid, podrán ver que la primera temporada de Tito fue en demasía exitosa pues solamente cayó en 6 partidos a lo largo de esta. El problema es que esas 6 caídas fueron en esos partidos que no deben perderse. La mencionada Super Copa, las Semis de la Copa del Rey contra el eterno rival de una manera ajustada y la más preocupante: el 0-7 global contra el Bayern Munich en las Semi-Finales de la Champions League.

Aquí fue el momento en el que la corona cambió de lugar. Fue aplastante lo que los alemanes hicieron con un Barcelona apático y sin alma, que había llegado hasta allí solamente por los chispazos de un Messi con el físico destruido. Tito Vilanova pasó su única temporada como DT del primer equipo luchando contra un doloroso cáncer de glándula parótida que se le detectó un año antes de asumir el cargo más emocionante e importante de su vida. Sus constantes idas y venidas a Nueva York para tratarse – algo que claramente estuvo fuera de su control- hicieron que el equipo se quedase sin una voz clara de orden. Al poco tiempo de la derrota contra el Bayern, Tito tuvo que dar un paso al costado bajo estricta recomendación médica para enfocar todo su tiempo en la lucha contra su enfermedad (*)

Las miradas estaban todas sobre Messi. Por más que siempre se sintió protegido y a gusto con Vilanova, es una realidad el que la ida de Guardiola fue un golpe muy duro para él y creo que es hasta el día de hoy que no termina de digerirlo. El equipo comenzó a desordenarse de manera progresiva y todo terminó recayendo sobre sus hombros. El crack argentino siguió jugando en un excelente nivel pero al final de la temporada se le comenzó a ver demasiado cansado y sin esa explosión en los metros finales que siempre lo caracterizó. En la caída contra el Bayern Munich no apareció y en la Copa del Rey tampoco, repitiendo una tendencia que se iba a hacer costumbre: en algunos partidos decisivos su injerencia no sería la que corresponde al mejor jugador del mundo. Recordemos que ya en 2012 ante el Chelsea había jugado muy mal y además fallado un penal clave que podría haberle ahorrado problemas al Barcelona y llevado a una nueva final de Champions League. Pero decir solo esto es ser injusto con Messi, pues más allá de algún bajón lógico, desde 2008 viene jugando en el más alto nivel y revalidando todos los elogios que recibe. Tras la salida de Pep, ha sido el único que sacó la cara por el equipo y lo ha arrastrado a pelear – y a ganar muchas veces- dignamente todos los títulos desde entonces. Hace dos años que se la pasa de lesión en lesión debido a que se lo ha hecho jugar estando al límite y necesitado de un descanso urgente. El resultado: dos temporadas en las que estuvo más tiempo en el consultorio que en el campo de juego, aunque esta tendencia se agravó con la llegada de Gerardo Martino al puesto de Director Técnico hace un año. Messi no está en su mejor nivel pero continúa metiendo goles y rompiendo todo tipo de récords (por ejemplo, es el mayor goleador histórico del Barcelona a sus tan solo 26 años). Su sola presencia impone respeto y temor en sus rivales y puede cambiar el rumbo del partido más adverso. Basta recordar la victoria en los Cuartos de Final de la UCL ante el A.C Milan este año o sus 20 minutos en una pierna ante el PSG en 2012 que le valieron el pase a semis en una serie que parecía liquidada desde lo futbolístico y desde el resultado. Sería de necios negar que el equipo no es el mismo desde la salida de Pep y además ya hemos dado suficientes argumentos como para explicar las razones. Pero Messi siempre se mantuvo como mínimo un escalón por encima de un grupo que se fue cayendo a pedazos lentamente. Hasta este año se veía en él una actitud y un espíritu admirables. Cada vez que su equipo estaba en la lona, él iba al rescate y lo sacaba adelante sin prejuicio de quien fuere el rival o de una posible lesión.

El argentino Gerardo “Tata” Martino llegó al Barcelona tras un paso exitoso por el club de sus amores Newell’s Old Boys de Rosario. El Tata regresó a la institución - de la que es ídolo junto a Marcelo Bielsa- tras un paso exitoso por Libertad de Paraguay y la Selección de ese mismo país a la que logró posicionar como uno de los mejores equipos del continente durante mucho tiempo y como un rival de riesgo para cualquier equipo del mundo. En su paso por Newell’s, convirtió a un equipo condenado al descenso en el mejor del país, en el campeón indiscutido y lo llevó a las Semi-Finales de la Copa Libertadores quedando muy cerca del premio mayor. En un fútbol tan mediocre y en crisis como el argentino, su equipo marcó una clara diferencia respecto al resto en cuanto a lo futbolístico. Con buena posesión de pelota de a ratos, un mediocampo aceitado que entendió el concepto de tocar y pasar para recibir, con mucho juego por las bandas y con jugadores que entendieron lo que era atacar y defender en bloque consiguió traer una bocanada de aire fresco a un ambiente podrido. Me sorprendió su elección como director del Barcelona y no tengo dudas acerca de que Messi tuvo mucho que ver con ello. El gran problema no fue solamente que llegó resistido por la afición y el periodismo – preferían a Luis Enrique, algo con lo que coincido plenamente- pero por sobre todo que arribó en el momento en que el ciclo se había terminado de manera definitiva. Martino es sin dudas un trabajador y un obsesivo del fútbol que tuvo que pagar todos los platos rotos de una transición muy mal manejada. Poco es lo que ha podido hacer ya que ha estado tironeado por una dirigencia plagada de horrores institucionales (caso Neymar, que eyectó a Rosell de la presidencia, por ejemplo) y deportivos (más que nada darle poder a Zubizarreta) que lo tuvo a maltraer durante todo este año.

La “Era Martino” comenzó con el expreso pedido de los jugadores de no realizar ninguna incorporación para no romper un grupo unido y en teoría armónico. Tito Vilanova había logrado exprimir lo última que quedaba de juego y entrega y logrado retrasar un poco la caída. Pero en el transcurso de esta temporada quedó demasiado en evidencia que la renovación es lo que debe seguir y que es impostergable. Como ya mencionamos, Vilanova había comenzado a darle un poco más de vértigo y juego por las bandas al equipo pero en la justa medida. El nuevo DT siguió una línea similar tratando de crear un dibujo táctico al estilo Bielsa pero sin dejar de lado (al menos del todo) el sagrado tiki-tiki. De ahora en más el Barcelona debía ser un bloque que defendiese y atacase en conjunto y explotase las bandas todo lo posible. Si bien tuvo un auspicioso arranque liguero y copero, desde los medios se lo acusó de traicionar la identidad que con tanto trabajo se había forjado y de no ser el indicado para el trabajo. Cada decisión que tomaba y cada cosa que decía era y es objeto de todo tipo de críticas por parte de periodistas que lo quisieron ver fuera desde un primer momento (y no los de Marca o As justamente). Me acuerdo de las ridículas críticas tras un partido contra el Rayo Vallecano - en el que este fue apabullado por el equipo de Martino- porque había obtenido un porcentaje menor que el rival en posesión. También pidieron su cabeza por eso más allá de que el Rayo es después de los catalanes la escuadra que mejor toca la pelota en La Liga, de que la victoria fue tan inobjetable como abultada y de que la diferencia entre ambos porcentajes fue apenas superior al 1%. A esto se enfrentó el Tata todos los fines de semana, a lo que hay que sumarle una directiva en serios problemas y un grupo en una lógica decadencia. Pero él aceptó la crítica y corrigió lo que se le pedía llegando el equipo hace unos partidos al porcentaje más alto de posesión en los últimos 10 años. Hubo algo que se empezó a notar mucho antes de la caída ante el Atlético de Madrid – que lo expuso de manera definitiva- y que Martin Perarnau lo vió muy claro en este artículo: http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/evaporado-el-juego/. La pelota era monopolio del Barcelona y se creaban situaciones, pero a fin de cuentas cada partido se resumía en dos cosas: tenencia inocua y dependencia de algún chispazo de una de sus tantas estrellas. No había juego entonces quedaban las acciones aisladas – si es que las había- de los muy buenos jugadores del Barcelona. El bajón se acentuó con una seguidilla de caídas que lo alejaron de la lucha por La Liga, más allá de ese espejismo ante el Madrid en el Bernabéu, y se confirmó con la eliminación en Cuartos de la UCL y la final de la Copa del Rey perdida apenas una semana después.

Durante el final de temporada, y cuando eran más necesarias que nunca, la motivación y la actitud brillaron por su ausencia. Todos los síntomas que se venían mostrando a comienzo de temporada estallaron en un final para el olvido. No ayudó que Messi se la pasase lesionado casi todo el tiempo, en el que ha sido uno de sus años más terrenales. Contra el equipo de Simeone, rebosante en garra y presencia – y bastante carente de juego a decir verdad-, se vio a uno de los peores Messi en años. Ausente, escondido en un rincón y sin pedir la pelota terminó corriendo casi los mismos kilómetros que el arquero Pinto. Basta con decir que en los primeros diez minutos en el partido de vuelta en un Vicente Calderón en llamas, el Aleti podría haber marcado tres goles si los palos no hubiesen acudido al rescate de los Culés. Hundido en un festival de toques laterales e intentos de profundización solo por el medio – Martino perdió la voz gritando que vayan por las bandas, que se hagan anchos- el Barcelona cerró una de las épocas más doradas del futbol y la más importante de su larga historia. El Tata cargó con todas las culpas justo en el momento en que su (buena) mano se empezaba a notar. El bajón se hizo demasiado pronunciado y tras varios buenos partidos llegó el agujero negro que terminó con su ciclo en el club. Un Messi sin físico lo venía sosteniendo pero también hay que decir que jugadores como Iniesta y Valdés dejaron el alma en cada partido. Lio recién reapareció la semana pasado contra el Athletic de Bilbao donde estuvo más movedizo y eléctrico y marcó un golazo de tiro libre. La victoria fue valiosa pero inservible y además ocurrió algo impensado hace unos años: en el mítico Camp Nou – que recién estalló en gritos de apoyo con el empate a mediados del segundo tiempo- el local terminó atrincherado delante del arco y pidiendo la hora.

Más allá de los jugadores, es verdad que Martino tuvo varios errores concretos  que vale la pena mencionar:

- Sobre exigió a un Messi que estaba muy justo desde lo físico y le provocó lesiones hasta más graves que las que acarreaba. La urgencia hizo que hasta lo llevase al banco lesionado para ver si hacía alguna genialidad en quince minutos.

- No pudo darle solidez a la defensa en toda la temporada, en lo que fue el punto más flojo de su trabajo. Cada vez que llovía un centro había que rezarle a Víctor Valdés por una salvada de las suyas.



-          - No pidió refuerzos para ganarse a los referentes del grupo y esto atentó contra la capacidad de rotación de un equipo compuesto por jugadores de mediana y gran edad mayormente que debían afrontar tres competiciones al mismo tiempo. La falta de relevos se hizo notar en el mediocampo pues Xavi, Iniesta y Busquets ya no aguantan toda la temporada en un alto nivel de respuesta física y Song y Cesc no terminaron siendo suficientes para cubrir esta carencia.

-          - No consiguió que el equipo aplicase su añorada verticalidad. Todos los centros y pases fueron por el medio y nunca por las bandas. Soñaba con un equipo ancho y veloz que finalmente terminó jugando al fulbito en la puerta del área rival.

-          - En los partidos más importantes sacó de la formación inicial a Alexis Sánchez quien sin dudas fue el mejor futbolista de la plantilla en esta temporada. Sus actuaciones y números han sido sensacionales por lo que no se entendió la insistencia del Tata con un Cesc que tuvo un mal año (es decir: buena decisión táctica, pero mala futbolística).

-          - No fue el artífice de la química entre Messi y Neymar, desafío complejo que queda en la lista del debe. No los hizo jugar mucho juntos y eso llevó a que no se llegasen a acostumbrar al otro. Tarea para quien venga a mitad de año o para él mismo si es que por esas cuestiones misteriosas deciden dejarlo en su puesto.

-          - Abusó demasiado de los centros, algo que hubiese estado justificado con un delantero faro pero que en un equipo de bajitos no tiene sentido alguno.

-          - No pudo evitar caer en la posesión sin pase profundo, entrelíneas que rompiese con la línea de fondo del rival.

-          - No logró que todas las individualidades jugasen como un verdadero equipo. El Barcelona lujoso, solidario, sólido en todas las líneas, punzante y efectivo vio su fin en el magnífico partido contra el Santos por la final del Mundial de Clubes. El 3-7-0 planteado por Guardiola y Vilanova fue una clase de fútbol, una maravilla para ver un millón de veces. Ese 4-0 a cero quedo demasiado corto en esa ocasión. Nada de esto, ni siquiera algo parecido, se vio durante esta temporada.

El Tata ha sido bien claro en la conferencia tras la derrota por 2-1 contra el Real Madrid por la Copa del Rey. Tras junio su intención es irse y además, como el caballero que es, no generarle problemas al club. Su ciclo, en realidad ese que comenzó en 2008, se cerró con un canterano cojonudo (el interesante Bartra) arrastrando de los pelos a un equipo con mucha espalda y cicatrices pero que solo gracias a este joven estuvo a una jugada de llevar el partido al tiempo extra que habría sido inmerecido. El Barcelona de Martino hace media temporada es Messi lesionado empujando junto a Iniesta, Valdés y Sánchez a un equipo que no ha tenido vergüenza deportiva en los momentos más difíciles. Quedan muchos fracasos y dos certezas: hay que barajar y dar de nuevo. Y Messi debe ser el centro de la reconstrucción.

(*) Lamentablemente mientras escribía esta crónica Tito Vilanova ha fallecido tras un agravamiento severo en su salud que había causado su internación hace dos días. Me tomo este espacio para expresar mi profunda tristeza y dolor y dar mis condolencias a sus familiares y amigos en este duro momento. Se fue un revolucionario del fútbol y un gran jugador. Pero por sobre todo, una gran persona. Que en paz descanses Tito. 

 

        

 

 



Etiquetas:   Fútbol   ·   Barcelona   ·   Pep Guardiola   ·   Lionel Messi

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