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Reproducción
de la vida literaria española en el Madrid artístico y también de
ambientes políticos y galantes de la primera década del siglo XX con la
intención de presentar el intelectualismo noventayochista con su
pesimismo, contradicciones y abulia. El balance será hirientemente
negativo.
La acción se sitúa cuando Alberto se despide de Fina en su novela anterior, La pata de la raposa,
con la promesa de volver para casarse después de conquistar la gloria
literaria en Madrid. Entre otras actividades en la capital, Alberto es
educador de dos prostitutas, Rosina y Verónica. Rosina es la misma
lugareña de Tinieblas en las cumbres, solo que convertida en
mujer refinada; y aunque no ha abandonado su sugerente oficio, es ahora
amante de un señor rico. Mujer de sensibilidad a flor de piel, Rosina
tiene con Teófilo Pajares vínculos vitales, afectivos, y también
literarios, pero ella de quien está enamorada es de Fernando. Verónica,
su compañera, adquiere una dimensión aún mayor. Dos momentos cumple
destacar: la visita de Rosina al Museo del Prado, acompañada por
Teófilo, donde se nos da una popular interpretación del cuadro de
Velázquez Las Meninas; y el libro de cabecera de Verónica, Otelo
de Shakespeare. Con la tragedia del dramaturgo inglés se explaya en
sabrosas disquisiciones de crítica literaria tras la que se adivina
inmediatamente el pensamiento del autor.En
su dimensión de novela clave los artistas madrileños figuran también
simpáticamente evocados, con cierta emoción, y a modo de chiquillada va
apareciendo una galería de personas más o menos renombradas mediante
nombres supuestos o levemente reformados, de tal manera que los amigos
de la pensión de Alberto recogen modos de ser y fáciles remedos del
mundo intelectual de entonces: Ortega y Gasset, Valle-Inclán, Baroja,
Benavente…pero también gentes que hoy no podría identificar el lector
porque han dejado de ser populares. Cargada
de argumentos tan productivos, de lances pintorescos, de ambientes tan
singularmente concebidos, y de sugerencias intelectuales, tratado todo
ello con fina postura satírica, la novela resulta muy entretenida. El
personaje central, Alberto, que no aparece hasta la segunda parte, no
evoluciona. Se trata de estudiar sus reacciones y con ello surge un tipo
de mujer muy conseguido, cuya intuición la empuja hacia la redención de
su vida. Ni siquiera le pasa algo importante. Lo que vive el
protagonista no está razonado: se acuerda de su novia, escribe una
novela y consigue cierta notoriedad, pero sin provecho económico.
<>. La técnica, aunque realista,
está inspirada en un modo directo de la vida que consiste en fragmentar
las acciones, simultanearlas o narrarlas de manera paralela, la misma
que utilizará después la técnica del contrapunto. A ello se añade una
ácida ironía con la crítica intención de plasmar la realidad española a
través de las costumbres, la educación y las ambiciones en el quehacer
de todos los días.