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El dinero como precio de la esclavitud


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21/04/2014

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Existen varios textos, no muchos, pero sí importantes, en los que los evangelios nos muestran a Jesús en relación con el dinero. Lo importante en ellos es que su actitud siempre es de enfrentamiento y que, por eso mismo, hay habido muchos intentos por suavizarlo o armonizar esos textos con las prácticas habituales de los creyentes. Lo primero que salta a la vista es que Jesús no parece tener ningún aprecio por el dinero. Y lo segundo es que tiene claro que es un instrumento no adecuado para sus seguidores, es más, muy probablemente no lo usarían en ninguna ocasión, excepción hecha del pago de impuestos romanos o en el Templo de Jerusalén. Esto es así porque el dinero no empezó a ser utilizado como medio normal de pago de bienes y servicios hasta la baja Edad Media y no en todos sitios. Se puede decir que hasta la Revolución francesa no es la forma habitual de pago en Occidente. Esto puede extrañar a muchos, habituados como estamos a pensar en el dinero como medio de pago y como atribución de valor, pero la realidad dista mucho de ser así.


El dinero ha tenido muchas formas a lo largo de la historia y en los distintos pueblos. En las sociedades antiguas, antes de la llegada de los imperios, se usó como dinero cosas tales como conchas, dientes  y huesos de animales, plumas, pieles, pinturas corporales, perfumes y distintos utensilios para el adorno. Como se puede ver, dinero e imagen corporal tenían mucha relación. En esas sociedades, el dinero no era utilizado como medio de pago para alimentos, caza, casas, madera o cosas así. No, el dinero tenía una utilidad social: su uso era reservado para el pago de acontecimientos como podía ser una boda o el pago a otra familia por un muerto en una pelea, en definitiva, el dinero era un medio para medir el precio de la vida humana. Un muerto se debía pagar con otro muerto, para no hacerlo se usaba el dinero. Una mujer, para el matrimonio, se debía pagar con otra mujer, como en el caso que una familia intercambia hijos e hijas con otra para el matrimonio, o bien pagar con dinero. El dinero no era un medio habitual de intercambio de productos y servicios, era un medio para no tener que intercambiar personas. La medida del valor, por tanto, no era el dinero, sino la persona. El dinero medía el valor de la persona, no le otorgaba ese valor, pues es la persona la que le otorga el valor al dinero. No era posible comprar a otra persona, pero sí "pagar" por ella. Pagar a la familia de un muerto en pelea para no pagar con una vida propia, o pagar a la familia por la mujer si no se tenía otra, pero esta mujer no era una esclava, sino que entraba a formar parte plena de la familia. El dinero, en las culturas primitivas, y hasta la llegada de los imperios, era una realidad inserta en el medio humano, formaba parte de una economía humana.

Con la llegada de los imperios cambia completamente el significado y el uso del dinero. Los primeros imperios utilizaron como dinero el oro y la plata principalmente, minerales raros, que no es posible obtener si no es con mucho trabajo. El valor de esos metales estaba definido por su rareza y por la cantidad de trabajo que había que utilizar para su uso: extracción, refinado y acuñamiento. En un primer momento se utilizó el metal en estado bruto, sin acuñar, pero pasado el tiempo se acuñó como medio de pago privativo del imperio en cuestión. Mediante el uso de efigies y otras imágenes se aseguraba su propiedad. Para crear este dinero era necesario ejercer una enorme cantidad de violencia mediante el uso de esclavos en el trabajo en las minas y las fundiciones. Se puede decir que el dinero nace ensangrentado en los imperios, pero también nace como medida del precio de los seres humanos esclavizados, el dinero es el precio, por tanto, de la esclavitud. Si esa esclavitud no se habrían acuñado las monedas de oro y plata de imperios como el romano. Pero, el dinero tenía otra función más: crear mercados para seguir obteniendo esclavitud.

En efecto, los romanos, pero antes de ellos el resto de imperios, lo primero que hacen cuando someten un pueblo es poner un impuesto de capitación: una moneda por persona y año. El ejército era el encargado de cobrar este impuesto y asegurarse que se hacía. Graves castigos penaban a los morosos. Si cada habitante de una región debía quería conseguir la moneda para pagar el impuesto, debía hacer algo que fuera útil al imperio, en este caso, al ejército, que era quien tenía las monedas. En pocos años tenemos toda la región realizando trabajos para el ejército o el imperio en general, como medio para obtener las monedas del impuesto, monedas que había creado el imperio, con las que pagan la soldada y que le revertían para seguir con la extorsión. Con el dinero, los romanos extiende un imperio creado por la fuerza de las legiones. 

Ahora podemos entender mejor los evangelios en el asunto del dinero. Jesús se da perfecta cuenta de que el dinero es el medio para extender el imperio y su apuesta es desacreditarlo, pero sin un enfrentamiento directo que sólo serviría para llenar los campos de sangre. En Mt 17, 24-27 Jesús le dice claramente a Pedro que los impuestos son el medio de someter a los pueblos por parte de los imperios. No pueden no pagar, pero tampoco quiere colaborar. Lo que pretende el imperio es que Jesús y los suyos trabajen para el imperio, en lugar de ello, envía a Pedro a pescar, saca un pez en cuya boca había una moneda de cuatro dracmas para el impuesto de Jesús y Pedro. Pagan el impuesto, pero no trabajan para el imperio. En Lc 20, 20-25 tenemos el famoso "dad al César lo que es del César". Jesús es puesto a prueba. Si dice que no hay que pagar impuestos a los romanos las consecuencias pueden ser fatales, si dice que sí, no es coherente con lo que predica. Pide una moneda, pues es claro que él no lleva y les muestra la efigie. La imagen es del César, pues se la devolvéis, pero vuestra imagen es de Dios, devolvédsela a Dios. No deis al César lo que es de Dios, vuestro ser íntimo. Devolver las monedas es una forma de no colaborar con el imperio.

Por último, tenemos la diatriba con los suyos sobre la imposibilidad de servir a Dios y al dinero. Ahora está totalmente claro: quien sirve a Dios no puede estar al servicio de la violencia imperial que, por medio del dinero, se extiende a todos los lugares y hasta a lo íntimo del ser humano. Existe una imposibilidad radical en el servicio y el seguimiento. Servir a Dios es odiar al imperio, servir al imperio es odiar a Dios. No podéis servir a dos amos.



Etiquetas:   Esclavitud   ·   Jesucristo

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