. La primera de la tetralogía es Recuento, las dos últimas. La cólera de Aquiles y Teoría de conocimiento. A pesar de sus dependencias, las obras permiten una lectura individualizada.
Taller
de escritura, podríamos llamarla, más que propiamente relato pues se
trata de un estudio del pensamiento de un escritor y sus medios y
procedimientos para dar forma al texto escrito; las notas preparatorias,
en definitiva, que explican el trabajo del novelista, aunque
acompañadas de una tenue anécdota central. La acción transcurre entre
Rosas y Cadaqués.
Raúl
Ferrer Gaminde, el narrador, es un escritor que abandona su ciudad,
Barcelona, y llega a Rosas con su madre. Ignoramos en qué trabaja o de
qué vive. No interesa sino la representación. Tiene la intención de
meditar sobre su vida matrimonial y también concentrarse en su creación
literaria, una novela, pero al mismo tiempo recuerda su pasado desde la
infancia y la vida familiar hasta su vida profesional. Ambos asuntos le
hacen hablar con sus amigos, con la gente, y todo ello se una a las
alusiones a los cambios que ha experimentado el pueblo influido por el
turismo. Pero destacan las notas que toma sobre su novela. Piensa el
escritor que el acto de escribir es para él una aceptada forma de
alineación, una fuerza que lo empuja a realizar sus textos por encima de
todo, aun a expensas de abandonar el resto de sus quehaceres. Vamos
viendo la transformación de unos pasajes de sus apuntes y la anulación
de otros; la multiplicidad de temas, las pasiones humanas y la reflexión
sobre el estilo del texto literario, las variaciones, el
cuestionamiento del texto escrito. Sirven de ejemplo los nombres de
protagonistas de su obra que empiezan siendo llamados él y ella. Luego,
avanzado el trabajo, les da nombres: Camilla y Ricardo, pero éstos
resultan ser una trasposición literaria del propio escritor y de su
mujer. Y termina afirmando que <>. Nada
impide que luego modifique a placer sus apuntes.Fluye
una sátira medio organizada en el caos, una crítica a la burguesía,
pero con cauces excepcionales pues estamos ante una novela experimental
más que relato de ficción, novela de ideas. Vienen éstas imbuidas en
sensaciones y sensibilidad, en pasajes eróticos, en personajes que son,
incluido el narrador, entes de ficción desdibujados más que personajes
insatisfechos con el tipo de vida que ellos llevan pero incapaces de dar
solución a los escollos que tienen ante ellos. Interesan las
reflexiones profundas en relación con el acto creador, las meditaciones
sobre el proceso literario a medida que evoluciona. Es el relato dentro
del relato. Cada uno de los seis capítulos van divididos en párrafos
encabezados por una frase en mayúsculas que alude al contenido, pero sin
particular orden en las divisiones. En el último capítulo se suprime la
definición de los fragmentos y todo aparece en una continuidad. Muchos
críticos han destacado esta novela como una de las más representativas
del autor y la más significativa de la serie. Lo que se describe, sin
duda, es la personalidad del escritor, los rasgos de su carácter, su
interior y la explicación de sí mismo. Como metáfora utiliza el cuadro
de Las hilanderas de Velázquez, en cuyos segundos planos se
inspira para sugerir mitos (el rapto de Europa). Dice Gil Casado que el
lector percibe la narración como una totalidad indiferenciada e
indiferenciable. Por ejemplo, la técnica de pasar de un narrador a otro
narrador tiende a oscurecer el cambio, con el obvio propósito de que el
lector no note el paso de un punto de vista a otro. En definitiva, no
importa quién habla, lo importante es únicamente el discurso y el
pensamiento.