No al bilingüismo

Imaginémonos que somos los dueños de un comercio, y que en el comercio de al lado se dedican también a vender productos de nuestro mismo sector. Imaginémonos que cada vez que llega un cliente le decimos que está bien que nos compre a nosotros, que se lo agradecemos, pero que mejor que le compre al comercio de al lado. Lógicamente, con el tiempo, nuestro comercio entrará en quiebra y el comercio de nuestro vecino tendrá enormes beneficios. Pues bien; algo parecido es lo que estamos haciendo con el idioma español.

 

. Imaginémonos que cada vez que llega un cliente le decimos que está bien que nos compre a nosotros, que se lo agradecemos, pero que mejor que le compre al comercio de al lado. Lógicamente, con el tiempo, nuestro comercio entrará en quiebra y el comercio de nuestro vecino tendrá enormes beneficios. Pues bien; algo parecido es lo que estamos haciendo con el idioma español.
Según parece –a juzgar por las últimas regulaciones en materia educativa-, las distintas Consejerías de Educación autonómicas y el propio Ministerio de Educación están obsesionados con convertir a todos los colegios e institutos en centros bilingües, con el beneplácito de la sociedad, que aplaude esta maravillosa iniciativa. En la actualidad –y según infinidad de evaluaciones internas y externas-, un número nada despreciable de nuestros alumnos salen balbuceando en español, sin embargo, los responsables educativos creen que es mejor que, en vez de aprender mejor español, salgan también balbuceando en inglés, que es más moderno. Esta ofuscación por el bilingüismo se debe –al parecer- a que es muy importante que los niños y jóvenes sepan hablar inglés por cuestiones laborales. Da la sensación de que, o bien todos nuestros alumnos se van a ir a trabajar a un país extranjero o que todos van a tener en su trabajo contacto con personas de esta lengua. La estupidez administrativa y empresarial ha llegado a tal punto que ahora se pide el inglés como requisito para cualquier trabajo, ya sea para envolver bocadillos, cortar chuletas o vender zapatos. Así, para trabajar en los jardines públicos de nuestro país hay ayuntamientos que piden como requisito conocimiento de idiomas, ya que –lógicamente- nunca se sabe en qué lengua nos va a responder un gladiolo.

Yo entiendo que aprender idiomas –especialmente el inglés- puede llegar a ser importante para la formación de un individuo -también lo es cocinar y, sin embargo, no se enseña en los institutos-. Sin embargo, el inglés ya se estudia como lengua en los centros educativos, y –para quién quiera perfeccionar su aprendizaje por razones personales o profesionales- existe la posibilidad de acudir a la Escuela Oficial de Idiomas, que para eso está. Por su parte, como deferencia, uno puede intentar contratar a personal que sepa inglés –no hace falta que sea nativo- para atender a los extranjeros que no sepan castellano, pero en nuestro país se habla español, y tampoco estaría de más que quien venga a nuestro país aprendan al menos un par de frases básicas, como hacemos todos cuando salimos por el mundo adelante.

A veces hay que recordar que el castellano –o español- es la segunda lengua en el mundo por número de hablantes nativos y el segundo idioma en comunicación internacional. Se calcula que con el ritmo de crecimiento de nuestra lengua, en 2030, el 7,5% de la población mundial será hispanohablante. En la actualidad, unos 18 millones de alumnos estudian español como lengua extranjera en todo el mundo. Con estos datos, es absolutamente absurdo llevar políticas educativas donde el inglés tenga la misma relevancia que nuestra propia lengua: aprender inglés, sí; bilingüismo, no, thanks. 

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UNETE



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