Introducción
Introducción

. Creo firmemente que la mejor aproximación a un verdadero conocimiento está en la experiencia y en la interacción presencial con el objeto de estudio más que en una reflexión crítica de diversas teorías. Me preocupa dejar en claro que el hecho de no ser madre aun no le otorga una distancia emotiva y por tanto recubre de mayor objetividad a esta revisión crítica. Como mujer en edad madura para la reproducción la pregunta por la maternidad es recurrente en nuestros círculos cercanos y para cualquier mujer en su vida increpada en su respectiva sociedad.
La finalidad de este trabajo es analizar la evolución del concepto de maternidad y una revisión de los símbolos circundantes basado en diversas etnografías que determinan culturalmente que significa ser madre , cuales son sus deberes y límites de acción, llegando finalmente a una comprensión de la maternidad en nuestro contexto capitalista actual mediante el resurgimiento y la fuerza que ha ganado la postura critica que plantea el ecofeminismo respecto a la violencia obstetricia, lo que ha derivado en diversas prácticas de resistencia y empoderamiento respecto al modelo y legislación actual para el trabajo de parto y mantención de la maternidad, con una consecuente crítica al manejo de la fertilidad a través de anticoncepción hormonal como desvinculación de la conciencia para con el cuerpo y la renuncia al autoconocimiento. La pregunta de estos nuevos grupos es : ¿ Es verdadera emancipación la inserción de la mujer al trabajo en la lógica capitalista? ¿Es empoderamiento ceder nuestros cuerpos y el autoconocimiento cíclico menstrual ante la anovulación como inhibición de nuestra naturaleza? De este modo este trabajo tiene por objetivo una repercusión en el cuestionamiento a los discursos y reproducción de estos mismos a la que se somete a diario y desde antaño a las mujeres en el mundo. Sexo y Género: La inclusión teórica de la mujer Con la irrupción de las antropólogas feministas en los años cincuenta se pone énfasis en los estudios de género centrados en la mujer ya no como mero objeto de intercambio en el establecimiento de alianzas en los estudios de parentesco. Surgen las preguntas respecto al papel que las mujeres desempeñan para la reproducción de la sociedad y en especial de los roles de ésta dentro de la familia. Tal preocupación remite a la necesidad de delimitar las fronteras entre sexo y género, el primero se encuentra anclado a diferencias biológicas, relacionada con los genitales y la procreación, lo que en teoría no se puede cambiar. El género en cambio es una diferenciación social culturalmente codificada. El género no está anclado a una naturaleza determinada, sino más bien es una construcción que en ocasiones puede llegar a ser un proceso. Es decir, ser hombre o ser mujer en términos biológicos, no es lo mismo que en términos sociales, este último no está enteramente determinado por el sexo porque las representaciones e imaginario social de ello emergen como una convención cultural con sus reglas performativas y prácticas particulares. Con la irrupción de los estudios de género fue posible dar cuenta de la visión tradicionalmente segmentada y marginal de la mujer, esto por el paralelismo en la asociación de la vida doméstica con la mujer y al hombre con la vida política. Por lo general la distinción de roles se notaba en la división del trabajo entre Cazadores v/s recolectores, siendo reconocido como de mayor prestigio el trabajo de cazador del hombre por exponer su vida en riesgo y demostrar las capacidades de su cuerpo físico en público. Sin embargo en términos de Eriksen (2001) esta distinción no se trata más que de una “lucha” de visibilidad del poder en sociedad, más que a la verdadera importancia del aporte nutricional que cada uno realiza con sus labores, en el caso del hombre su labor se exhibe, la mujer trabaja en la casa y por tanto sus frutos solo se ven en ámbito privado doméstico. Del mismo modo Ortner (1972) increpa la distinción de la mujer y lo femenino ligado a la naturaleza y al hombre y lo masculino ligado a la cultura, el punto crucial de que tal identificación es precisamente la capacidad reproductiva y el simbolismo de la fertilidad circundante a la capacidad biológica de la mujer que adquiere un nuevo significado social, ella convierte la naturaleza en cultura a través de los hijos, actuando como mediadora cataliza los sujetos de la cultura, legitimando su rol social mediante su capacidad reproductiva. Esta lucha de géneros como naturaleza/cultura se materializa a través de la llegada del niño, quizás hasta el día de hoy pues : El niño desempeña una función esencial en este conflicto entre el hombre y la mujer. A quien lo domine y lo tenga en su campo le cabe la esperanza de prevalecer cuando la sociedad le otorgue ventajas. Mientras el niño estuvo sometido a la autoridad paterna, la madre hubo de conformarse con desempeñar funciones secundarias en la casa. Según las épocas y las clases sociales, la mujer padeció esas funciones o sacó ventaja de ellas para huir de sus obligaciones como madre y emanciparse del yugo del marido. En cambio, si el niño es objeto de la ternura de la madre, la esposa prevalecerá sobre el marido, al menos en el seno de la familia. (Badinter, 1981) Ser madre biológica y ser mamá ¿Cuáles son las construcciones sociales que legitiman el instinto materno y a una buena madre? Según Elisabeth Badinter (1981) el amor maternal tal como lo conocemos hoy es una invención de la modernidad, donde los discursos científicos entre otros colaboraron en la construcción del instinto maternal, el amor espontaneo, inmutable e incondicional que surge en toda mujer por sus hijos, pues a decir verdad, durante el siglo XVII el poder marital y paternal prevalecía en mucho sobre el amor, en especial sobre el conyugal donde el matrimonio eran alianzas políticas y no una relación de buenos amantes enamorados. La razón era simple: la sociedad toda se fundaba en el principio de autoridad, replicando los principios del cristianismo que daba un lugar de obediencia a la mujer, subyugada a una creación accesoria para el hombre por derecho divino. De este modo las expresiones de ternura son castigadas por la nobleza cortesana que sólo busca la perpetuación de un legado de poder en el régimen absolutista , así la mujer no atiende al niño en su nacimiento y lo entrega inmediatamente a una nodriza, si el niño sobrevive volverá a la edad de 6 años con los padres para instruirse con un profesor particular que lo prepara en las labores de heredero (si es niña se le instruye para ser casada). La irrupción de la concepción de la buena madre, emerge según la autora a través de la revalorización del niño, pues antes según el cristianismo estricto los niños tenían una naturaleza malévola a la cual había que enderezar, surge la ideología de que la infancia es un periodo de vida valioso, así hacia fines del SXIX se elaboró una ideoloogia científicamente estructurada y guiada por expertos para disciplinar a las madres con el fin de que estuvieran al servicio de la grandeza de la nación, el discurso médico fue un modo de disciplinar la naturaleza adecuándola a un papel social redefinido (Saletti, 2008). Porque claramente aún por la importancia que le hayan asignado a este rol femenino la mujer sigue estando en un rol secundario a la usanza de lo que expresa Ortner. Tal como apunta la crítica de Simone de Beauvoir, en el fondo al designar el ser madre como un hecho estrictamente natural, la ideología patriarcal sitúa a las mujeres dentro del ámbito de la reproducción biológica negando su identidad fuera de la función materna. De este modo Badinter resalta la variabilidad del sentimiento materno indicando que el instinto maternal es un mito, ya que la maternidad es un sentimiento variable que depende de la madre, de su historia y de la madre, demostrando a través de su análisis que el rol de la madre es una construcción cultural (…)La existencia del mito maternal se crea al asignar al campo de lo instintivo conductas complejas y elaboradas, como la maternidad, considerando que las conductas de las mujeres están dictadas por principios inmutables y ahistoricos (Saletti, 2008) Por ejemplo, históricamente en Latinoamérica la madre aparece como una representación de la institución de la familia ya que la unión entre un hombre español y una indígena rara vez terminó en la institución del matrimonio, cuando había niños la madre india se quedó sola para cuidar de ellos. La madre fue vista por sus hijos como la "super madre” el único progenitor y la fuente de origen (Montecino en Cienfuegos, 2010). Así la historia de la familia latinoamericana revela la adopción de una división moral: el padre, cuando lo hubo, fue el encargado de proveer a su familia con honor en términos de posición y el pasado de la familia, mientras que fue la madre quien estaba a cargo de proporcionar la virtud a la familia a través de su conducta intachable en su papel de cuidar de la casa familiar. El honor que la madre proporciona el honor moral de la familia. De esta manera, la figura de la madre no sólo remite a un origen, sino que también es el depositario de la identidad y el prestigio de la familia (Cienfuegos, 2010). Esto se refleja en el marianismo latinoamericano y la visión de la madre como una reminiscencia a la imagen de sacrificio y sufrimiento de la madre de Cristo. En este sentido la lejanía física de la madre permite repensar su significado, correspondiendo a que la convención paradigmática de la buena madre es la visión de aquella que nutre física y emocionalmente al niño en una cercanía emocional y corporal. Así tanto la etnografía realizada en Apiao , Chiloé por Bacchidu, como el estudio de la maternidad en madres peruanas migrantes en Chile por trabajo por Javiera Cienfuegos, muestran que el lazo entre madre e hijo es repensado de diversas formas y se ligan más al hacer que al ser. Para el primer trabajo el argumento es que las madres no son siempre las que cuidan de sus hijos, las unidades domésticas no son necesariamente formadas por madres biológicas (Bacchidu, 2004) ya que en esta localidad son las abuelas las que crían a los hijos y son denominadas “mami” por toda la familia, la madre biológica no forma un lazo convencional con su hijo y éste la denomina según su nombre. Cuando las mujeres se embarazan dicen que se “enferman” pues este estado las inhabilita para continuar con su trabajo, las mujeres embarazadas generalmente actúan como si no lo estuvieran y eso oculta este estado, tanto las mujeres casadas como las solteras tienen la misma predisposición al embarazo, lo que fortalece la idea de la convención cultural particular respecto al instinto materno. Si la mujer se va de la casa y deja al hijo con la abuela sin “acordarse” (es decir enviar regalo, llamar o tener gestos de comunicación), se le olvida por completo lo que significa dejar de nombrarla en casa y no hacer referencia a ella. En Cambio la migrantes peruanas en Chile distinguen dos dimensiones de su situación ; ellas sienten culpa y responsabilidad respecto a su decisión de viajar por perspectivas económicas para la supervivencia de la familia: En la primera dimensión, lo que predomina es una experiencia de tensión moral por la tristeza de estar lejos y las ganas para estar cerca que surge de tomar una decisión que se experimenta como forzada. La segunda dimensión se justifica la culpa por dejarlo al hijo como parte de un ejercicio responsable de la maternidad. En este sentido, la responsabilidad de la madre es asegurar el bienestar de sus hijos, incluso si esto implica estar físicamente lejos de ellos (Cienfuegos, 2010). Otras etnografía latinoamericanas respecto al complejo trato de la maternidad se relaciona con el conflictivo caso de alto do Cruceiro (Sheper-Hugues, 1985), bajo las extremas condiciones de pobreza y desnutrición en que se embarazaban las mujeres muy pocos de sus hijos sobreviven, de manera que alcanzan una justificación en la agencia del niño para destinar los cuidados pertinentes. El instinto materno acá se expresa en la capacidad para distinguir si el hijo quiere vivir o no, en lo que la autora denomina “selective neglect”. Debido a las enfermedades epidémicas que circundan a esta localidad las mujeres dicen que no pueden dar mucha leche a sus hijos, se arriesgan a morir todas de tuberculosis al exponerse. Así ellas identifican mediante la agencia del bebe cual puede sobrevivir y cual no, el instinto materno se activa : Yo prefiero un bebé más activo, ya que cuando son rápidos y animados que nunca estará en una pérdida en la vida. El peor temperamento en un bebé es uno que es aburrido y morto de espirito [sin vida], un bebé tan tranquilo que sólo se sienta allí sin ningún tipo de energía. Cuando crecen son buenos para nada. (testimonio de una joven madre en Sheper-Hugues, 1985) Estas mujeres están convencidas de que si no ejercieran tales decisiones como “eutanasia pasiva” la misma vida en la tierra haría su trabajo, los intentos por salvarlos serían solamente alargar una agonía, sin embargo los bebes son vistos como angelitos que deben volver a Dios, no hay una relación de amargura o culpa como en el caso peruano. De este modo nuestra misma realidad latinoamericana circundante da luces de que el instinto maternal responde a una construcción cultural que se valida en prácticas pertinentes para cada contexto. Construcción cultural de la fertilidad femenina y el cuerpo como resistencia del Ecofeminismo en la lucha contra la violencia obstetricia y el nuevo activismo menstrual Diversas corrientes del pensamiento han desafiado al cuerpo como el lugar en el cual se expresan luchas de poder (Foucault). Las mujeres del mundo estamos acostumbradas a vivir en una sociedad que constriñe el cuerpo femenino desde el canon estético que cosifica las características físicas que hacen de una mujer “bella”. Esto no solo respondiendo a las exigencias de un modelo físico caucásico explotado en la publicidad capitalista, sino en todas las esferas culturales del mundo. Así mismo el cuerpo de la mujer es disputado en sus derechos reproductivos, su genitalidad es cuestionada y modificada . Ejemplo de ello es el tributo rendido a la virginidad y a la desfloración para definir la honra femenina a la hora de contraer matrimonio. En el ejemplo de los gitanos de Jarana en Madrid la honra se ubica físicamente, se materializa en el cuerpo femenino en las glándulas de bartolino, las cuales son presionadas por la ajuntadora (una mujer anciana del grupo) que hace el veredicto de la castidad a la moza demostrando su capacidad de resisitir al deseo sexual previo al matrimonio, a través de las manchas que quedan en el pañuelo que utiliza el cual se guarda y anuda como una flor. Luego de su formalización es bien visto que ella hable y disfrute abiertamente su sexualidad pero debe hacerlo solo con su esposo. Otra constricción es a la extensión de su cuerpo mediante la vestimenta, ella debe mostrarse deseable pero resistir el deseo y por lo tanto se le prohíbe usar pantalones o andar en bicicleta (Gay-y-Blasco, 1997). Mientras la fertilidad de la mujer en Sudan no es consentida en la menarquia, si no en la modificación corporal que supone la circuncisión femenina,. Se considera necesario para la transición niña-mujer esta práctica, que remarca y otorga el carácter sexual que la prepara para la procreación, cuya finalidad es dar un hijo al linaje del marido, de manera que aumenta su propio estatus, la mujer se da valor en esta idea de ser escogida en matrimonio. Esta circuncisión se apega a los ideales estéticos de Sudan, lo cerrado, lo liso, lo blanco. Se es enteramente mujer con la protección de la virginidad en la circuncisión, sin embargo la virginidad se asocia a la fertilidad y no ala abstinencia sexual como en el caso gitano. La virginidad en Sudán es un status-social constante y no solo físico, se reactualiza con cada embarazo, se reconstruye la vagina y se vuelve a cerrar tras cada parto (Boddy, 1982). De manera que el sexo que para una sociedad es único e inmutable, para la otra es una reactualización constante y la fertilidad es una capacidad biológica determinada culturalmente en las prácticas. Por otro lado el boom del Ecofeminismo se alza de la mano del postfeminismo, sus luchas revierten las múltiples demandas y exigencias que imponen sobre la maternidad y el hecho de ser mujer las actual lógica capitalista, pues con la liberación que supone la inclusión de la mujer en la cadena productiva ( a pesar delas inequidades salariales), su lucha es una búsqueda y legitimación de lo que han llamado maternidad consiente apuntando a una desnaturalización sistemática a la que han sido sometidas por el sistema moderno. Si bien, la mayor parte de la bibliografía crítica de estos movimientos hacen alusiones autoras como Simone de Beauviour o a Badinter van por la conquista de una libertad intuitiva de la maternidad, no niegan la existencia de este instinto y por ello quieren recuperarlo, se alzan más bien contra las imposiciones y formas de control imperante en la actualidad. En mi calidad de madre, se me negaba la condición de “experta” en partos; ese estatus estaba reservado para la médica. Yo era el cuerpo ignorante; la médica era la mente sapiente. “El Cuerpo de la mujer, la semilla y la tierra, enclaves de la regeneración creativa, se han tornado en objetos “pasivos” manipulados por los expertos para la obtención de beneficio. De esta forma, las fuentes de renovación de la vida se han transformado en material muerto, inerte y fragmentado, mera “materia prima” a la espera de ser manipulada procesada para llegar a ser un producto terminado”....“De creadoras y sustentadoras de la vida, la naturaleza y la mujer están reducidas a ser “recursos” en el modelo de mal desarrollo, fragmentado y contrario a la vida” ( Shiva , 1997) Se alega contra la medicalización de la maternidad y no es de sorprenderse encontrar a esta nueva generación de mujeres organizando y cuestionando el uso de las vacunas en sus hijos. Principalmente denotan que esta desnaturalización del evento partero por parte de la incorporación de la medicina modera conlleva una redefinición de la salud femenina, vinculándola meramente con la reproducción y desvinculada de la sexualidad. Proclaman que es posible parir con placer y que este nuevo modelo niega la sexualidad de las mujeres en el rol de la “buena madre”, además de obligar a parir en un ambiente de estrés y enfermedad como suponen los hospitales y clínicas privadas. Ahora la salud maternal excluirá a otros conceptos como el deseo o la satisfacción sexual, sustituyéndolos por el amor, el entendimiento y el respeto entre los cónyuges. De esta manera, el discurso médico moderno reproduce la ideología católica del medievo en la configuración de una madre colmada de amor y sin sexualidad (Burgaleta, 2011) En especial la difusión a través de internet de esta ideología ha permitido que cada vez más mujeres se articulen en torno a colectivos llamados “círculos de mujeres” cuyo objetivo es La recuperación del paradigma biológico original (Blazques-García, 2007) inspiradas por el libro Luna Roja de Miranda Gray, a honrar las diosas, brujas y emperatrices arquetípicas que suponen cada etapa del ciclo menstrual, estimulan sus úteros mediante la danza del vientre y ofrecen sus fluidos menstruales como fertilizante a la tierra. Reconocen que el cuerpo y el autoconocimiento de éste como los principales instrumentos de resistencia, para ello surge el Activismo menstrual, como un llamado a terminar con la conversión del ciclo menstrual ( en cuya cosmología se asemeja a los ciclos lunares, de manera que reemplazan la palabra regla por luna) en una “maquinización” a través de la ingesta de fármacos para aliviar los dolores o la anticoncepción hormonal, pues no son más que herramientas funcionales al sistema capitalista para no decrecer en el rendimiento del trabajo. Abogan “sinestesicamente” por escuchar el utero. De modo que si antes la anticoncepción natural estaba ligada a ideologías católicas Opus Dei, mediante el calendario y la palpación y registro diario del moco cervical o método billigs, estos círculos revierten su significado no a modo de opresión de la sexualidad, si no a vivirla en completa conciencia , respetando los ciclos y la agencia corporal que se manifiesta. Cuando las mujeres ignoran sus procesos corporales o, peor aún, los reconocen sólo como un problema cuya solución sólo está disponible a través de consumismo, la opresión internalizada se hace cargo... Cuando las mujeres participan del silencio alrededor de la menstruación permite que otros hablen por ellas". (Bobel, 2010) Critican que la menstruación es un tiempo sagrado que nuestra cultura no honra. La información menstrual es reflexiva e intuitiva. Diagnostican que el Sindrome pre menstrual es una consecuencia de no respetar nuestro cuerpo y su necesidad de subir y bajar como las mareas. No atendiendo a la necesidad de descanso que estos días suponen, Los fármacos eliminan los síntomas del SPM, pero la causa verdadera del malestar es el hecho de ser mujer y los dones que esto conlleva. Las mujeres somos cíclicas como la vida y la Tierra, y no lineales como nos han hecho creer y desear ser Conclusiones De este modo una revisión activa y crítica de la maternidad en un curso sobre parentesco resulta altamente importante, si bien la mujer tiene el poder (y no la obligación) de la reproducción social, su trato merece especial cuidado, en ella se reproducen las esferas de poder imperantes y los cambios que sociales que invoquemos por su bienestar repercuten a nivel de la sociedad. Este trabajo no busca deslegitimar el amor paternal ni las funciones complementarias que desempeñan los hombres. De hecho, parte de las ideas del ecofeminismo son una manifestación de lucha contra los imperativos de masculinidad y machismo al que los hombres también se han visto forzados, la sexualidad consiente no es posible de llevar a cabo sin un compañero afiatado al entendimiento de los ciclos menstruales de su pareja, por lo mismo la búsqueda del empoderamiento de la sexualidad femenina busca que el hombre participe y no que exija la toma de la píldora como obligación y deber de la mujer, quien tiene el derecho a cuestionar esta ingesta ante los posibles efectos secundarios de las pastillas. La covada, reconocida práctica latinoamericana hace participe también a los hombres del parto “Mientras ella está de parto, el marido huichol se sienta en las vigas situadas sobre su cabeza con una cuerda atada a los testículos. Cada vez que tiene una contracción, la parturienta tira de la cuerda. Al final, el marido siente tanta alegría por el nacimiento del niño como la mujer[1]". Si a final de cuentas el instinto materno es creado culturalmente o se busca en los nuevos movimientos sociales de ideologías posmodernistas (a lo Inglehart) como el ecofeminismo y el activismo menstrual, lo cierto es que la experiencia de la maternidad cambia radicalmente las vidas de las mujeres. Esto no quiere decir que las determine, pero si que en calidad de madres merecen ciertos derechos que deben ser protegidos. En un país donde la palabra violencia se escucha a diario en la televisión aun no se ha hecho efectivo hablar de la violencia obstetricia, de manera que considerando que 1) Chile es uno de los países que en la ultima década ha tenido más cesáreas en todo el mundo (en relación al número total de partos del país), en la actualidad casi la mitad de los partos en chile es a través de una cesárea, y en el sector privado estas cifras llegan a un 70 % y que 2) en Chile, tanto en el sector público y privado, en la gran mayoría de los partos se realizan procedimientos que no son necesarios, y por otro lado no se promueven conductas ni comportamientos cuyos beneficiosos se encuentran científicamente demostrados hace largo rato, décadas, es necesario hacer emerger estas temáticas[2]. Así independiente de nuestras posturas y nuestra decisión de ser madres, estos temas deben ser problematizados para no perpetuar esquemas enfermizos en nuestra sociedad. Nicole Valenzuela EscobarEstudiante de SociologíaPontificia Universidad Católica de Chile. Bibliografía · CIienfuegos, J. 2010. Migrants Mothers and Divided Homes: Perceptions of Immigrant Peruvian Women about Motherhood. Journal of Comparatives Family Studies. 41(2): 205-224. · Shiva V, Mies M. Ecofeminismo. Primera edición. Barcelona: Ed. Icaria; 1997 · Badinter, E. (1981). ¿Existe el amor maternal?. Historia del amor maternal siglos xvii -xx. Barcelona: Paidos. · Saletti, L. (2008). Propuestas Teóricas Feministas en relación al concepto de maternidad. Clepsydra (7), 169-183. · Sheper-Hugues, N. (1985). Culture, Scarcity, and Maternal Thinking : maternal Datachment and infant survival in a brazylian Shantytown. Ethos , 13 (4), 291-317. · Gay-y-Blasco, P. (1997). A different Body? Desire and virginity among Gitanos. Journal of the Royal anthropological Institute , 3 (3), 517-535. · Boddy, J. (1982). 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