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En
nuestro país el proceso democrático que culmino con el sistema de gobierno de
partido hegemónico, si bien se establece a partir de alternancia en el gobierno
federal, había comenzado a fraguarse desde una década antes.
Sin
embargo hay que diferenciar puntualmente, que la alternancia en este caso se
refiere solo a una parte del espectro de una democracia integral, porque en
todo caso, se trata de un componente de competencia electoral.
Una
democracia plena no solo depende de procesos electorales equitativos, en los
que cualquier fuerza política pueda ganar, en los que la voluntad ciudadana no
se vea obstruida por la influencia del Estado.
Considerando
los grandes avances al respecto, con todo y sus deficiencias, hoy en México
existe un sistema electoral que favorece la competencia, y que sin duda cada
vez será mejor, prueba de ello la Reforma política respectiva recién aprobada
en el Congreso de la Unión.
Pero
eso significa que la sociedad tiene a la mano herramientas útiles para elegir a
sus representantes, no que su voluntad se refleje en el comportamiento de estos
en el legislativo y el ejecutivo.
Los
candidatos a los diversos cargos de elección popular, en campaña plantean
propuestas que en la mayoría de los casos pretenden granjearse la simpatía
popular, pero no existe un condicionamiento legal que realmente implique el
cumplimiento de las mismas.
Incluso
se puede advertir que cada fuerza política obedezca a cierta ideología, misma
que no necesariamente es congruente con su desempeño, de tal suerte que la
oferta electoral tenga que cumplirse como se ofreció.
En
el plano ideal, haciendo a un lado el aspecto mercadológico que candidatos y
partidos usan para acercarse votos, sin hablar de los millonarios recursos que
se destinan para el propósito, tendrían que ser las propuestas las que
definieran el sentido de la voluntad popular.
Lamentablemente
aun y si eso fuera el factor principal, después de los comicios, los candidatos
electos, cuando entran en funciones privilegian en su actuación intereses que
nada tienen que ver con lo que esencia les permitió acceder a esos cargos.
Visto
de esa forma, el proceso democrático como tal esta todavía en proceso de
maduración, inacabado en una expectativa parcial, que impide su pleno
desarrollo.
Aunque
existen diferentes apreciaciones al respecto, el concepto de democracia no se
refiere a la forma en que se eligen a los candidatos a los cargos de elección
popular.
En
todo caso el fundamento se origina en una forma de organización del Estado, en
la que las decisiones colectivas son adoptadas por la sociedad en general, es
decir que, los representantes populares tendrían que obedecer esa voluntad.
Por
supuesto que en la practica eso no sucede, cada partido, sobre todo los que
gobiernan, administran el poder conferido sin respetar esa premisa, deciden en
función de sus propios intereses cupulares y en nuestro país, sobre todo para
conservar sus prebendas.
De
tal suerte que para poder alcanzar una democracia plena, sin adjetivos, hace
falta reformar desde el origen, de forma que si los ciudadanos no gobiernan, al
menos puedan decidir que tipo de acciones tendrían que llevar acabo sus
representantes.
Por
eso la diferencia entre lo electoral y el desempeño oficial, en México elegimos
candidatos, no propuestas ni plataformas especificas y no hay forma de exigir
el cabal cumplimiento de las mismas.
Esta
deficiencia permite que la autoridad disponga no solo de presupuestos, sino
incluso la forma de la convivencia a través de las instituciones, dejando al
individuo en estado de indefensión.
La
verdadera reforma que hace falta en nuestro país, tendría que empoderar al
ciudadano, darle herramientas mas allá del voto, para reclamar, porque si
partimos de la base de que puede hacerlo en la siguiente elección, no saldremos
del circulo vicioso actual.
No
se trata de confundir los valores de la democracia, es cierto que hemos visto
grandes avances, sin embargo no son suficientes, todavía dependemos de la
fuerza de las clases políticas preponderantes y no de las mayorías.
El
paso siguiente necesariamente tendría que contemplar la obligatoriedad del
cumplimiento de la oferta política, no es un asunto de competencia entre
candidatos, sino de la forma de hacer las cosas.
La
sociedad es la que tendría que decidir como quiere por ejemplo entre otros
aspectos, que se combata la delincuencia, como se aprovechen los recursos
naturales, como se defina la política fiscal.
Si
bien es cierto que el marco legal vigente lo sugiere, de fondo el formato es
excluyente, se limita y mucho en los criterios de aplicación y mientras eso continúe,
nuestra democracia no podrá consolidarse.
twitter@vazquezhandall