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Democracia sin adjetivos


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27/03/2014

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Recupero como titulo de esta columna, la frase del notable escritor e historiador mexicano Enrique Krause, como base de un análisis del contexto político nacional actual y sus implicaciones.


En nuestro país el proceso democrático que culmino con el sistema de gobierno de partido hegemónico, si bien se establece a partir de alternancia en el gobierno federal, había comenzado a fraguarse desde una década antes.

Sin embargo hay que diferenciar puntualmente, que la alternancia en este caso se refiere solo a una parte del espectro de una democracia integral, porque en todo caso, se trata de un componente de competencia electoral.

Una democracia plena no solo depende de procesos electorales equitativos, en los que cualquier fuerza política pueda ganar, en los que la voluntad ciudadana no se vea obstruida por la influencia del Estado.

Considerando los grandes avances al respecto, con todo y sus deficiencias, hoy en México existe un sistema electoral que favorece la competencia, y que sin duda cada vez será mejor, prueba de ello la Reforma política respectiva recién aprobada en el Congreso de la Unión.

Pero eso significa que la sociedad tiene a la mano herramientas útiles para elegir a sus representantes, no que su voluntad se refleje en el comportamiento de estos en el legislativo y el ejecutivo.

Los candidatos a los diversos cargos de elección popular, en campaña plantean propuestas que en la mayoría de los casos pretenden granjearse la simpatía popular, pero no existe un condicionamiento legal que realmente implique el cumplimiento de las mismas.

Incluso se puede advertir que cada fuerza política obedezca a cierta ideología, misma que no necesariamente es congruente con su desempeño, de tal suerte que la oferta electoral tenga que cumplirse como se ofreció.

En el plano ideal, haciendo a un lado el aspecto mercadológico que candidatos y partidos usan para acercarse votos, sin hablar de los millonarios recursos que se destinan para el propósito, tendrían que ser las propuestas las que definieran el sentido de la voluntad popular.

Lamentablemente aun y si eso fuera el factor principal, después de los comicios, los candidatos electos, cuando entran en funciones privilegian en su actuación intereses que nada tienen que ver con lo que esencia les permitió acceder a esos cargos.

Visto de esa forma, el proceso democrático como tal esta todavía en proceso de maduración, inacabado en una expectativa parcial, que impide su pleno desarrollo.

Aunque existen diferentes apreciaciones al respecto, el concepto de democracia no se refiere a la forma en que se eligen a los candidatos a los cargos de elección popular.

En todo caso el fundamento se origina en una forma de organización del Estado, en la que las decisiones colectivas son adoptadas por la sociedad en general, es decir que, los representantes populares tendrían que obedecer esa voluntad.

Por supuesto que en la practica eso no sucede, cada partido, sobre todo los que gobiernan, administran el poder conferido sin respetar esa premisa, deciden en función de sus propios intereses cupulares y en nuestro país, sobre todo para conservar sus prebendas.

De tal suerte que para poder alcanzar una democracia plena, sin adjetivos, hace falta reformar desde el origen, de forma que si los ciudadanos no gobiernan, al menos puedan decidir que tipo de acciones tendrían que llevar acabo sus representantes.

Por eso la diferencia entre lo electoral y el desempeño oficial, en México elegimos candidatos, no propuestas ni plataformas especificas y no hay forma de exigir el cabal cumplimiento de las mismas.

Esta deficiencia permite que la autoridad disponga no solo de presupuestos, sino incluso la forma de la convivencia a través de las instituciones, dejando al individuo en estado de indefensión.

La verdadera reforma que hace falta en nuestro país, tendría que empoderar al ciudadano, darle herramientas mas allá del voto, para reclamar, porque si partimos de la base de que puede hacerlo en la siguiente elección, no saldremos del circulo vicioso actual.

No se trata de confundir los valores de la democracia, es cierto que hemos visto grandes avances, sin embargo no son suficientes, todavía dependemos de la fuerza de las clases políticas preponderantes y no de las mayorías.

El paso siguiente necesariamente tendría que contemplar la obligatoriedad del cumplimiento de la oferta política, no es un asunto de competencia entre candidatos, sino de la forma de hacer las cosas.

La sociedad es la que tendría que decidir como quiere por ejemplo entre otros aspectos, que se combata la delincuencia, como se aprovechen los recursos naturales, como se defina la política fiscal.

Si bien es cierto que el marco legal vigente lo sugiere, de fondo el formato es excluyente, se limita y mucho en los criterios de aplicación y mientras eso continúe, nuestra democracia no podrá consolidarse.

twitter@vazquezhandall 





Etiquetas:   Elecciones   ·   Política   ·   Democracia   ·   Gobierno   ·   Sociedad

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