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Capitalismo clientelistas


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27/03/2014


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Es tiempo de mirar hacia atrás, hacia el inicio de la crisis de 2007/2008 y ver qué hemos avanzado en el proyecto de la clase enriquecida para aumentar su influencia y sostener su posición. Pues todo lo que hemos vivido y padecido no es sino eso mismo: la profundización de un sistema injusto que mantiene a una pequeña clase social mundial como dueña de todo lo que se produce. Desde la quiebra de las puntocom en el año 2000, la élite financiera mundial ideó un medio para conseguir asegurar su riqueza mediante la creación de la siguiente burbuja, la llama subprime. No fue más que una reorientación de la inversión perdida en el 2000 hacia valores que todo el mundo cree sólidos, como son las viviendas y las propiedades. En poco más de siete años, los precios se duplicaron y hasta triplicaron, llenando de ingentes recursos las arcas de los que ya poseían el 50% de la riqueza mundial. El capitalismo había llegado al máximo de su expresión financierizada, que no es otra cosa que el intento de generar beneficio sin necesidad de crear valor real en el mundo. Esto fue así porque la capacidad neta de creación de valor, y por tanto de generar beneficio, dentro del capitalismo productivista, había llegado a su límite máximo. En otros términos, el mundo no puede seguir produciendo más en un crecimiento exponencial, algo que no quieren reconocer de ninguna manera.


Cuando quiebra la burbuja de las hipotecas subprime en Estados Unidos, todo el mundo se ve sacudido, pues todos los bancos y entidades de inversión habían dedicado una parte importante de sus recursos a la compra de paquetes de inversión donde las subprime eran una parte importante. Con estos instrumentos financieros, Estados Unidos exportó su crisis, que no era otra que una crisis del límite del capitalismo. En 2008 y 2009, los bancos de todo el mundo asumieron las enormes pérdidas generadas, un agujero de varios billones de dólares y una pérdida del 20% de la riqueza mundial. Pero, estos bancos, muchos de ellos españoles, no asumieron las pérdidas, sino que las endosaron a los erarios públicos mediante una estrategia bien orquestada de privatización de las pérdidas. De esta manera llegamos a la situación actual en la que los Estados han asumido la deuda de los bancos por sus pérdidas en el casino global y son esos mismos bancos los que se quedan con la titularidad de la deuda con la ayuda de los bancos centrales. Parece complicado, pero es muy sencillo: el Banco Central Europeo, La Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco Central de Japón o el Banco Central de Gran Bretaña prestan dinero líquido a menos del 1% a los bancos de inversión para que compren deuda pública a los Estados. Los Estados pagan esta deuda al 3, 4, 5 o 25%, como es el caso de Grecia, y los bancos sanean así sus cuentas con el dinero público. Pero, no solo eso, sino que ahora los bancos poseen la mayor parte de la deuda pública y pueden, como acreedores, exigir cambios en política fiscal, económica y social. En esto están siendo ayudados por las organizaciones internacionales del capitalismo: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otros organismos, que recetan sistemáticamente lo mismo que los bancos necesitan: menos gasto público, menos presión fiscal al capital y rentas altas y cambios legales que beneficien la "inversión".



La pregunta es cómo es esto posible. Y la respuesta está en lo que los americanos llaman crony capitalism, el capitalismo clientelista. Las élites mundiales, apenas el 1% de la población mundial, saben muy bien cuáles son sus intereses. En la etapa anterior, su interés era que aumentara la producción y venta mundial, lo que generaba grandes beneficios, pero la caída progresiva de la tasa de ganancia les lleva a generar el capitalismo financierizado que genera beneficios sin necesidad de aumentar la producción y el valor real de las cosas. Este capitalismo financierizado necesita de unos gobiernos que legislen en su favor, básicamente que eliminen las trabas a la inversión financiera. Esto lo consiguen mediante la manipulación de los partidos políticos que pueden gobernar, financiando las campañas y situando a sus hombres de confianza en ellos (el caso de Guindos es evidente, hombre de Lehman Brothers). Mediante esta estrategia, las finanzas consiguieron entre 1986 y 2007 su utopía financiera golbal: un solo mercado donde no hay trabas ni normas, rige el quien pueda que lo pille y se lo lleve. Los mercados interconectados, las regulaciones bancarias casi nulas y los paraísos fiscales para guardar el dinero. Todo funcionaba bien, pero en esta fase no es suficiente y hay que dar un paso más.

A partir de 2008 hemos asistido a la eclosión del capitalismo clientelista en toda su expresión. Hasta esa fecha era suficiente con financiar campañas electorales y colocar hombres de confianza que sabrían tomar las decisiones correctas en el momento oportuno. Hoy hemos dado el paso definitivo: las corporaciones mundiales, unidas en una gran red de control y dominio, por medio de los bancos y los organismos internacionales, controlan todos los medios para que sus decisiones sean las que prevalezcan. Los políticos saben perfectamente que su trabajo es conseguir ganarse un futuro puesto en una gran empresa y eso depende de su actuación pública. Los medios de comunicación están controlados por los capitales de los fondos de inversión y saben a quién y qué deben defender. Hemos dejado atrás la fase en la que algún político tomaba una decisión que beneficiaba a alguna empresa y esta le recompensaba, eso es un juego de niños. Ahora, hemos pasado directamente al control de la política. Todas las decisiones que toman los políticos garantizan los intereses de la élite global.

En realidad, las élites no son capitalistas. Para ellas, el capitalismo es un medio. En China se aprovechan de una terminología no capitalista para seguir haciendo lo único que quieren, riqueza. No son más capitalistas que feudalistas o comunistas. Son lo que necesiten para asegurar su poder. El capitalismo clientelista es la fusión de una economía hiperdesarrollada con parámetros de relaciones feudales. Esta élites no necesitan ya Estados que aseguren sus riquezas, poseen todo lo que necesitan sin los Estados, pues han privatizado la seguridad, último reducto de legitimidad para los Estados modernos, y ya son capaces de defender sus riquezas ante el posible ataque de los empobrecidos globales o el intento quijotesco de algún juez quimérico.



Etiquetas:   Crisis Económica   ·   Capitalismo   ·   Estados Unidos

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1 comentario  Deja tu comentario


Roberto Lopez Zalbidea, Comunicación Magnífico artículo, Bernardo, como tantas otras veces.
Enhorabuena.
Y gracias. Un saludo!




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