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La Tra(ns)ición española


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24/03/2014


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Se ha cerrado el círculo, se ha completado el cuento de la mal llamada transición. La muerte de Suárez les ha dado la ocasión para abrochar una historia que han ido urdiendo desde finales de los noventa con la llegada de la derecha al poder. Como muy bien indicaba este fin de semana Isaac Rosa, la derecha necesitaba crearse un pasado democrático tras ser hija legítima de la masacre de la guerra civil por parte de las fuerzas fascistas, falangistas, monárquicas y filonazis de Franco. La Transición fue su verdadero mito de los orígenes, el relato de creación de una entidad democrática que es capaz de abarcar a toda la nación. La derecha lavó sus manos ensangrentadas durante cuarenta años de represión en la pila bautismal de la recién inventada democracia española. Mediante leyes de punto final, las masacres, los robos y latrocinios, las ignominias padecidas quedaban impunes y sus perpetradores listos para seguir gobernando las instituciones del Estado, llamado ahora democrático.


Nos han estado alimentando con una historia recreada según el dictado de los vencedores, como siempre ha sucedido. No bastó con vencer en la guerra y con cuarenta años de represión e injusticia, ha sido necesario legitimar la barbarie mediante un relato que deje impunes los crímenes que dieron origen a las fortunas actuales, a las riquezas generadas mediante la corrupción y la represión. No es casual que las mismas familias que controlaban la riqueza en España con Franco, sigan manteniendo y disfrutando ese control; que los mismos que entonces se enriquecían bajo el palio de la dictadura, sean hoy los más demócratas de todos los tiempos; que sus dineros no puedan ser puestos en entredicho, y que nadie pueda reclamar daños y perjuicios; que todo se tape con una manta de impunidad a la que llaman reconciliación y perdón.



En un país donde impere la justicia habría que juzgar a los culpables de los tres años de guerra y cuarenta de represión; habría que expropiar las riquezas ilegítimas y restaurar los derechos y propiedades usurpados. Pero el régimen, ayudado por los intereses de los poderosos de fuera, jugó sus bazas para dejar todo como estaba, atado y bien atado, modificando los gestos y las caras. Franco fue sustituido por el Borbón y la dictadura por la democracia, pero solo fue un acto cosmético; dictadura e injusticia siguieron siendo quienes gobernaban este país. Como escenificación de la ruptura dieron un autogolpe de estado (lo de Évole, pero en serio, sin guasa de ningún tipo). Aquel fue el origen de la supuesta legitimidad democrática de la dinastía borbónica y el cierre, por si acaso, de las demandas de reparación. “Ya tenéis democracia, qué más queréis”, nos dijeron a las claras.

Pero, como no basta con un schock social para aceptar una mentira histórica, había que generar un relato acorde con tal patraña y ahí llegó la televisión. Victoria Prego puso la selección de imágenes y hechos: mutiló la historia, cortó y pegó a su gusto, torturó la verdad hasta que esta se doblegó a los dictados de los vencedores. Luego vino Cuéntame cómo pasó o, gracias a Franco llegó la democracia. Porque el relato que todo el mundo acepta ahora es el de los vencedores de la guerra de exterminio del 36: que hubo una guerra por culpa de todos, que nos matamos entre hermanos, que Franco gobernó gracias a la victoria, que tras su muerte hubo un consenso tácito para instaurar, no restaurar, la democracia y que eso fue lo que nos permite hoy vivir en democracia. Por tanto, la guerra fue inevitable, la dictadura necesaria y la democracia un regalo afortunado por el que debemos estar agradecidos, sin necesidad de volver la vista atrás. Ahora sí, por fin, como siempre quisieron los vencedores, el resto es historia.

No es menos importante la coincidencia de la muerte de Suárez, el protagonista del relato, con el inicio de la movilización para el cambio del régimen en España. Me gustaría leerlo como un acto poético a los que la historia nos tiene acostumbrados. Muerto el protagonista del cuento, podemos empezar a crear nuestra verdadera historia. Es hora de rescatar la memoria de las víctimas de la historia, resucitar las cruces enterradas en el oprobio para que los españoles construyamos nuestra España, la de Machado y Lorca, la de Alberti y Juan Ramón, la de Picasso y Miguel Hernández, una España de todos, sin exclusiones ni restricciones. Una España donde se hablan cuatro idiomas y un lenguaje común, el de la alegría de vivir y el gozo por compartir el tiempo con los demás; una España abierta cual nao dispuesta a zarpar al encuentro de los otros, un crisol de culturas, un cruce de caminos, un torreón de justicia, una unidad de destino en la solidaridad. De esta España me siento orgulloso, no de la bazofia moral en la que nos han instalado. Recuperemos la dignidad con un proyecto común de justicia, solidaridad y libertad. Que la España robada nos sea devuelta a los que amamos este proyecto que puede ser muy hermoso.



Etiquetas:   Política   ·   Democracia   ·   Dictadura   ·   Adolfo Suarez   ·   Transición Política

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