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Lucha
entre los movimientos anarquistas y el creciente industrialismo catalán
en la Barcelona de la época de la primera guerra mundial y unida al
auge de la industria armamentística. La historia es llevada a la manera
de la novela policiaca, con sus enredos de odios y amores, sin rehuir el
retrato panorámico de la sociedad desde los bajos fondos hasta los que
ostentan y manejan el poder.
Javier
Miranda, que debe cobrar en nombre de la empresa Savolta una elevada
póliza de seguros en Estados Unidos, es llevado a juicio por la compañía
aseguradora. Pretende ésta no pagar unos gastos tan elevados. Es el año
1927. Desde el proceso judicial se rememora y recrean los hechos que
lo han motivado. Y no solo los últimos, sino los más antiguos, los que
se iniciaron en el principio de la prosperidad de la empresa. Savolta y
la posterior quiebra, y el incendio que la hace desaparecer después sin
que se conozcan las causas. Javier Miranda lleva el hilo conductor desde
que Lepprince y él mismo contrataron a dos matones para que
escarmentaran a los cabecillas de una huelga, en la época de la
prosperidad de la empresa Savolta y la posterior quiebra, y el incendio
que la hace desaparecer después sin que se conozcan las causas. Era el
mes de septiembre de 1917. La protesta obrera fracasó; pero un intrépido
periodista, Domingo Pajarito, idealista y estrafalario, denuncia la
depresión. El hábil Lepprince contrata al periodista para que realice
una investigación sobre la empresa y tenerlo así a su lado, pero una
cadena de hechos y situaciones que empiezan siendo insignificantes
desencadenan una serie de muertes inesperadas, de pasiones desatadas, de
engaños y odios que llevan al caos. El periodista se hace primero amigo
de Javier Miranda, luego éste intima con la mujer del periodista, que
encuentra en el joven empresario un camino para abandonar su miserable
situación, hasta que Pajarito es asesinado en extraña situación y poco
después el mismo Savolta es acribillado a tiros. El comisario Vázquez
que toma en sus manos el asunto, no logra evitar que se sucedan los
atentados unas veces con acierto y otros fallidos. Se casa éste con
Rosa Mª Savolta en su carrera imparable hacia la dirección del negocio.
Con el final de la guerra, la empresa se hunde y el desastre viene
acompañado de extraños traslados, nuevas muertes y raras bodas. Pero el
comisario declara a Miranda un poco antes de morir que Lepprince y nadie
más era el responsable tanto de la muerte de Pajarito como de la de
Savolta y también de la de los otros, argucias todas ellas destinadas a
ocultar el tráfico de armas con el ejército alemán. Entra
el lector en la novela por el epílogo, y ha de ir recomponiéndola a
retazos, a modo de puzzle mediante el cabal ajuste de sus fragmentos. La
voluntad primera del narrador es la de crear el suspense, un interés
que va incluso más allá del habitual en la novela policíaca. La forma,
experimento narrativo, está al servicio de esta intencionalidad, pues la
diversidad de perspectivas aporta veracidad al relato, le confiere
autenticidad y contribuye a la objetividad. Al servicio de ese objetivo
están los fragmentos, por una parte y el tiempo, por otra, hábilmente
situado en visión retrospectiva, en equilibrio con el argumento. El
método es añadir una secuencia tras otra, superponerlas, crear cierta
confusión y luego montarlas hasta conseguir que coincidan en busca de
una claridad de la que no se tiene conciencia hasta después de sondear
un buen número de páginas. En la base de la riqueza narrativa están las
declaraciones de Miranda en Nueva York, ante el juez, pero que también
aparecen cartas, artículos de periódicos, documentos varios…Lepprince es
ambicioso y amoral, maquiavélico en sus actos, sin escrúpulos, capaz de
todo lo que le abra camino, cueste lo que cueste. Frente a él, Javier
Miranda representa al perdedor: no tiene definida su personalidad y su
voluntad en endeble, manipulable, a caballo entre las reivindicaciones
de los de abajo y el mundo de las riquezas que descubre en el imparable
ascenso de Leprrince. La ciudad de Barcelona adquiere un elevante
protagonismo. Recordada desde las primeras líneas con cierta nostalgia
aparece en sus dimensiones más externas: acontecimientos históricos,
fiestas, vida nocturna, ambientes varios donde el periodista, el
mendigo, el empresario, el trepador y muchos y muy completos tipos de
personajes femeninos crean un universo muy completo. El autor dirige con
maña la acción por entornos y tipos rápidamente definidos con dos o
tres pinceladas de gran eficacia, y al mismo tiempo va dando forma a la
historia como si necesitara de todos ellos. El humor, la ironía, la
parodia, la sátira y los tonos cómicos junto a los trágicos la
convierten en una inteligente y divertida historia, heredera del cine,
pero también de la tradición española de novela social. Es para
Soldevila el escritor <<un consumado conocedor de las técnicas de
la manipulación suspensiva, y a pesar de la compleja serie de soluciones
de continuidad entre las secuencias, logra un texto de inevitable
pegajosidad: de los que se leen de un tirón>>. Tuvo un éxito
rotundo de crítica y de lectores, y en pocos años ha alcanzado su bien
merecida condición de texto clásico estudiado en las aulas de enseñanza
medias y universidades. Y Gil Casado cree que <<el acierto de
Mendoza consiste en gran parte en haber montado una historia poco
convincente en un escenario sumamente interesante, el de las luchas
entre las patronales y las asociaciones proletarias>>. Los
ambientes están muy cerca de los retratos de La ceniza fue árbol.