Niños que no son…

No hay niños malos, no hay niños deportistas, lentos o hiperactivos, pasivos o agresivos… los niños y niñas solo son el reflejo de adultos malos, deportistas, hiperactivos o agresivos. En tanto niños tampoco son adultos en miniatura. Es un mundo aparte, distinto de lo que nosotros conocemos. 

 

. En tanto niños tampoco son adultos en miniatura. Es un mundo aparte, distinto de lo que nosotros conocemos. 
Tal vez un poco de memoria nos ayudaría a reconocer que niños y niñas no tienen nada que ver con el mundo adulto. ¿Qué recuerda de su infancia? ¿Qué era lo que más le gustaba hacer? ¿Recuerda aquel asombro cuando descubrió como una oruga se transformaba en mariposa? ¿Cómo era posible que se elevara tan alto ese pedazo de papel, volantín caprichoso jugando en el viento? Nos Fueron pasando cosas, aprendiendo lo que los adultos de la época creían que debíamos aprender para, algún día, parecernos un poco a ellos. Hoy me suena un poco egoísta tal deseo. 

Y si bien es inevitable que nuestros hijos sean un reflejo de nosotros, debiéramos preguntarnos ¿Qué reflejo es ese? ¿El de mis convicciones adquiridas como adulto? o ¿el niño que alguna vez fui? Pero aquí los tenemos, encerrados la mayor parte de tiempo aprendiendo “cosas”, porque allá afuera es peligroso, porque “no es como antes”. Nuestros miedos se han apoderado de nuestras intenciones y nos han limitado la capacidad de soñar y, en ese tiempo, vamos contagiando a nuestros niños y niñas con nuestras desesperaciones, nuestros objetivos, nuestras amenazas. 

El niño no sabe de mañanas ni tiene porqué saber. Toda su estructura está hecha para sacarle el máximo provecho a un presente, al ahora, y cuando ese ahora se le llena de “tareas” comienza lentamente a perder el profundo significado de su infancia: ser feliz jugando sin ningún objetivo más que el placer de hacer cosas que le llenen el alma de regocijo, alegrías y esperanzas. 

Los niños se están quedando sin tiempos y espacios para ser niños. En esta locura de sociedad de “alto rendimiento” en busca de una “educación de calidad” de la que nadie sabe muy bien de qué se trata, los niños sufren la desesperada competición por asegurar un futuro que no servirá de nada para aquellos adultos a los que se les negó la infancia.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales