Aunque no soy experto en economía política, si lo soy, por el contrario, en economía doméstica. La domino a la perfección. Esta habilidad me permite ponerme a nivel de esa comisión de sabios económicos que, tras duras jornadas de análisis y sesudas reflexiones, han llegado a la iluminada conclusión de que, para nivelar ingresos y gastos estatales, es conveniente que los propietarios de viviendas e inmuebles paguen nuevamente un impuesto de IRPF por el propio disfrute de la vivienda.De acuerdo con la teoría razonada sin cordura por los sabios, reunidos en comisión para justificar el alumbramiento del nuevo impuesto a la vivienda, estoy en condiciones de ofrecer, de forma desinteresada y altruista, otros novedosos recursos recaudatorios que se pueden aplicar en un pispás y sin despeinarse un pelo. Por ejemplo, propongo que a todos los propietarios de coches, motos, bicicletas, patinetes y derivados mecánicos se les aplique un impuesto de IRPF, proporcional al coste del vehículo. Este impuesto se justifica, así lo razonarían los sabios, por el ahorro que supone a los propietarios la disponibilidad de un vehículo para sus desplazamientos. Pero como en el caso de la vivienda, quien no dispone de este recurso motriz se ve obligado a alquilar taxis o cualquier otro medio de transporte para sus desplazamientos.




