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11-M. Diez años conspirando


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14/03/2014


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Lo de hoy, más que un artículo es una crónica a tiempo pasado. Escribo esto el mismo día que escuché a Iñaki Gabilondo, sobre las ocho de la mañana, dar la siguiente noticia: “Ha habido una explosión hace unos minutos en las vías del AVE, ya les daremos más detalles”. Recuerdo que iba en el coche camino de CC.OO. y una pulsión incómoda me recorrió el cuerpo. No sé si se debió al tono de la noticia, o la solemnidad con que Gabilondo la dio, esa que te hace intuir que algo peor de lo que te informan en ese momento ha sucedido (posiblemente en la Cadena Ser sabían más de lo que comunicaron, pero con muy buen juicio y cordura filtraron la noticia, para no alarmar a los oyentes con una información todavía no contrastada). El caso es que cuando llegué al despacho, por aquel tiempo ejercía de Responsable de Salud Laboral en Comisiones Obreras de Castellón, entré en tromba en internet y el mal cuerpo ya no se me fue al ver el aluvión de noticias que empezaban a inundar la red, todas ellas a cada cual peor. Fue una mañana de bloqueo mental absoluto, de no dar crédito a la magnitud de la barbarie que se acababa de cometer contra personas que iban a su trabajo, y de estar pegado a la radio e internet sin desfallecimiento. A las 12,00 horas se convocó una concentración a las puertas del Ayuntamiento de Castellón y ahí ya empezó otro malestar que fue convirtiéndose a lo largo del día en indignación. Cuando fuimos a la concentración ya sabíamos que los medios internacionales estaban cuestionando la autoría de ETA en el atentado, a pesar de la actuación del gobierno de Aznar, queriendo capitalizar él solo la gestión de la crisis, y su insistencia en atribuirles a los etarras la responsabilidad de tantas muertes. Y nuestras sospechas se incrementaron cuando el concejal del PP de Castellón que leyó el comunicado, en lo que más hincapié hizo fue en acusar a ETA, con un discurso claramente de Partido en clave electoral (con los años nos hemos enterado que fue directamente Aznar el que dio instrucciones precisas de a quién había que acusar, pues en su mente retorcida creyó que siendo así tenía ganadas las elecciones). Ángel Acebes, entonces ministro del Interior, declaró sobre la una y media: “ETA buscaba una matanza en España… ETA ha conseguido su objetico”


                La catarata de mentiras fue tal a lo largo del día que estando en la masiva manifestación que se celebró por la tarde en Castellón, al igual que en toda España, me llamó mi hermana para contarme que en la manifestación de Madrid la gente estaba gritando indignada: “¿Quién ha sido?” La gran mentira no había funcionado, y lo que menos puede soportar un pueblo es que le mientan, para instrumentalizar el dolor que está padeciendo en beneficio de quienes le han mentido. Y lo pagaron tres días después con la pérdida de las elecciones. Aquí empieza el otro relato, el de la ignominia de un Partido que empieza a alimentar la conocida como Teoría de la Conspiración”, sin pudor, pasando de la instrumentalización electoral de las víctimas del 11-M al descrédito y abandono. Con unos medios de comunicación afines lanzados a vituperar y despedazar a todos aquellos que participaron en la búsqueda de la verdad, una verdad incómoda para la derecha aznarista y su caverna, que no ha dejado títere con cabeza.

                A lo largo de estos diez años la crónica del post 11-M es, si me lo permiten, tan pavorosa como el propio atentado. Porque aquel fue obra de unos criminales que en nombre de su fe no dudaron en asesinar a 192 personas y herir a casi 2.000. Eran rostros anónimos marcados por el fanatismo y el desprecio a la vida de todo aquel que no pensara como ellos. Portadores de un fascismo religioso que truncó las ilusiones y proyectos de miles de personas, y dejó una profunda herida en la sociedad española, de la que hemos sabido reponernos, para ejercer justicia con las garantías de la democracia, sin aspavientos, ni medidas especiales que cercenaran nuestra libertad. Ese es el legado que hemos dejado a las víctimas: que no han podido con nosotros, y sus intenciones de atemorizarnos y subyugarnos han sido en vano, a pesar del altísimo precio pagado. Pero al final han acabado en la cárcel, purgando sus delitos, mostrándonos a nosotros mismo y al mundo, que se puede hacer justicia sin vulnerar nuestros derechos civiles, porque esa habría sido la victoria de los terroristas.

                Sin embargo, en estos diez años ha habido otros canallas. Aquellos que han procurado a las víctimas del atentado un doble sufrimiento: el de padecer en primera persona el horror de la masacre, con pérdidas insustituibles de familiares, secuelas físicas y psicológicas de muy difícil curación, y el de sentirse agredidas por el abandono de un Partido, que las ha relegado a un nivel inferior a las otras víctimas del terrorismo etarra, que ellos sí manipulan; de verse insultadas por los pedrojotas varios que pueblan el periodismo servil y ruin; de tener que soportar el desprecio de una parte del poder, que nunca ha consentido haber perdido las elecciones por culpa del atentado y, de alguna manera, culpabiliza a las víctimas de su derrota.

                Nos venimos enterando estos días que ese comportamiento de los líderes del PP y su prensa afín se ha traducido no sólo en declaraciones, sino en presiones insoportables y vejaciones al honor de las personas, que deberían avergonzarnos como sociedad. El descrédito, las amenazas y los insultos sufridos por Pilar Majón, el juez Bermúdez, el juez del Olmo, la fiscal Olga Sánchez, el comisario de Vallecas Rodolfo Ruiz (el que por cierto, ha perdido su mujer al no poder soportar esta el sofocante acoso al que estaba siendo sometida su familia), las acusaciones a la policía de manipular pruebas, al PSOE de estar detrás de todo para ganar las elecciones. Todo un sinfín de disparates, que han amargado la vida a muchas personas y puesto en cuestión la solvencia de importantes instituciones del Estado, dichos por afines de la derecha aznarista, sin más objetivo que defender sus intereses, aunque sea a costa de la degradación de las instituciones, las personas, y la sociedad española.

                Los inspiradores y ejecutores de la Teoría de la Conspiración han hecho mucho daño, a sabiendas que lo estaban haciendo, y no estaría mal que pidieran perdón a la sociedad y a las víctimas, incluidas las que han ido creando durante estos diez años.



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