
. Debe tener los pulmones arrugados, las rodillas y los tobillos adoloridos, las nalgas planas y el corazón partido. La gente que está en Venezuela debe estar cansada de no descansar, debe tener los brazos tensos de tanto jalonear, debe odiar el reloj que les despierta cada mañana. Incluso, la gente que está en Venezuela debe estar agotada de no saber por qué les pasa lo que les pasa, ni de por qué las otras personas que están en Venezuela no terminan de entender su punto de vista y ganarse a la causa.Hace tanto tiempo que no se quejan de lo mismo, seguro piensan, pero resulta que sí, que jamás han dejado de quejarse de lo mismo. Hace tanto tiempo que no disfrutan de una auténtica rivalidad en beisbol, que sienten miedo de que el otro o la otra confunda las cosas, malentienda la vaina y aquello termine en una fea discusión que les separe hasta que el orgullo de cada quien aguante. Hace demasiado tiempo ya que no se dicen la verdad unos a otros, que se enfrascan en defender hasta la ofensa una posición que siempre tendrá sus grises, porque la verdad no existe en colores absolutos. Solo existe la vida, esta vida, que para todos por igual terminará en muerte.La gente que está en Venezuela, que sale a la calle a pesar de sus rabias y de sus temores, que sale a creer que hoy será mejor que ayer, que camina por las veredas, por las avenidas, con la queja en los labios sobre por qué el resto de las personas que transitan a su lado no son capaces de recordar la historia o por qué no son capaces de olvidar lo que pudo haber sido y no fue, son las personas más admirables de este planeta.La gente que está en Venezuela se extraña a sí misma. Aunque a veces despotriquen de quienes emigraron, aunque a veces les consideren traidores, aunque a veces les defiendan con el corazón en la boca porque antes y después de todo, nos queremos. La gente que está en Venezuela está mal, así digan que no es para tanto. No reza sus credos, reza para no enfermarse. No tiene un segundo al día para soñar en hacer alguna vez... ni para echarse en la grama de un parque o de su universidad, ni siquiera para celar a quien ama. Solo tiene tiempo para tomar un respiro y seguir en la lucha, generalmente, la lucha contra la idea del otro, la lucha contra los oídos sordos, la lucha contra el hambre, la lucha, pues.La gente que está en Venezuela ha aprendido a defender aquello en lo que cree, aunque sea peligroso, aunque sea inaceptable para las otras personas o incomprensible. Ha aprendido a vivir el luto sobre la marcha, inclusive por el Tío Simón, porque no hay tiempo para recostarse; ha aprendido a ver a través de las rejas que resguardan su casa, su trabajo, su parque, sus calles, de tal forma que les resultan invisibles. La gente que está en Venezuela se ha endurecido en su soledad, en su desamparo, gran parte ha transformado su alegría diáfana en un humor áspero que siempre te deja gotas de dolor en el ánimo. La gente que está en Venezuela ha aprendido a sobrevivir y solo por eso merece más, merece todo, merece vivir. La gente, porque la dirigencia es otra cosa. @yeniterpoleo