.
La
llamada monarquía constitucional sexenal mexicana, hereditaria entre sus
propios miembros, a decisión unipersonal de quien en su momento concentra el
poder gubernamental y partidista.
Nada
mal para un partido político creado y diseñado para ello, que mas allá del
ejercicio gubernamental se instituyo como régimen, un sistema preponderante con
formatos y reglas, que han sido y siguen siendo su mayor fortaleza.
El
priismo como sistema político se fundamenta en la disciplina de sus miembros
hacia sus dogmas y liderazgos, en el respeto del método aun y cuando eso
implica una total sumisión.
Un
régimen de carácter absolutista, en el que la obediencia es el factor de
ascenso, que premia y castiga respecto de la aplicación de sus rigurosos
códigos de conducta.
Un
régimen que a lo largo de su historia tuvo cúspide y caída y que ahora transita
en lo que podría catalogarse como una suerte de resurrección, lo cual no
necesariamente significa una renovación de sus postulados esenciales.
Porque
si bien es cierto, que la alternancia margino al priismo del gobierno federal
por doce años consecutivos, el cataclismo como tal sirvió para reorganizar, no
para cambiar de fondo.
No
hay pues como se ha mencionado un viejo o un nuevo PRI, lo que cambia son las
generaciones y por supuesto las condiciones, por tanto sus liderazgos tienen
que acoplarse a ellas.
El
desplome del sistema provino del hartazgo social, provocado por un
autoritarismo que ya no podía sostenerse en las circunstancias actuales, visto
así, sus derrotas fueron mas por responsabilidad propia, que por acierto de sus
rivales políticos.
Sin
embargo el peso del fracaso, contribuyo a una profunda reestructuración
interna, a la necesidad de adoptar una imagen que pudiera reconciliar con la
sociedad, mediante una oferta acorde a las coyunturas vigentes.
El
Revolucionario Institucional no se transformo, en todo caso se ajusto,
privilegiando sus virtudes y limitando al menos visiblemente sus carencias,
aprovechando estratégicamente los errores de sus rivales, principalmente los de
Acción Nacional.
Al
PRI no se le puede escatimar su capacidad electoral, las habilidades adquiridas
a lo largo de tantas décadas y ahora compaginadas con el uso de la
mercadotecnia, factor que incide definitivamente en ese aspecto.
Sin
embargo, la recuperación del poder trasciende mas allá de la pura oferta,
porque implica capacidad de gobierno y con ello sustentar la permanencia del
régimen en el poder.
Al
menos este nuevo gobierno priista, ha mostrado fehacientemente una gran
capacidad negociadora y un indiscutible animo reformador, aunque todavía deja
dudas de sus habilidades administrativas, sobre todo en función del curso que
sigue la economía nacional.
Ahora
bien, hay que diferenciar el trabajo partidista en su vertiente electoral, del
ejercicio gubernamental, algo que naturalmente cuesta trabajo, ya que por
definición el sistema gobierno de partido en México y en el caso del priismo,
se entienden como uno solo.
Sobre
todo porque la aprobación de las reformas constitucionales impulsadas por el
ejecutivo federal, parecen ser precisamente el principal obstáculo de la
preponderancia del régimen.
Por
lo tanto en el festejo de sus ochenta y cinco años de fundación, lo que el
priismo enfrenta hoy como principal reto, es una encrucijada; la definición de
su futuro inmediato.
Porque
si los resultados de su gestión, no son acordes a su oferta política, se
debilita considerablemente el margen de su operación electoral, para la
sociedad se trata de un tema de expectativas, el juicio depende de su
cumplimiento.
El
priismo aprendió a moderar su poder, a convivir con las otras fuerzas
políticas, incluso a establecer alianzas necesarias para la consecución de
proyectos de carácter especifico.
Pero
a pesar de los beneficios de estas actitudes, si su capacidad de administración
no consigue cambiar la percepción ciudadanía respecto de la marcha del país, la
responsabilidad será solo suya.
Desde
esa perspectiva, el priismo esta mas obligado que nunca a adecuarse al modelo
social actual, aun y cuando se mantenga fiel a sus doctrinas políticas, lo que
esta en entredicho no es la esencia de su vida interna partidista.
El
priismo de ahora no es como el de antaño, no puede parecerse al de antes de la
alternancia, eso ya le causo la perdida del poder, en todo caso tendrá que
redefinirse en función de las necesidades del ahora y del futuro.
twitter@vazquezhandall