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Los ochenta y cinco años del priismo


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05/03/2014

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El día de ayer el priismo cumplió ochenta y cinco años de su fundación, los celebra en esta ocasión en y desde el poder, como lo ha hecho durante setenta y tres años.


La llamada monarquía constitucional sexenal mexicana, hereditaria entre sus propios miembros, a decisión unipersonal de quien en su momento concentra el poder gubernamental y partidista.

Nada mal para un partido político creado y diseñado para ello, que mas allá del ejercicio gubernamental se instituyo como régimen, un sistema preponderante con formatos y reglas, que han sido y siguen siendo su mayor fortaleza.

El priismo como sistema político se fundamenta en la disciplina de sus miembros hacia sus dogmas y liderazgos, en el respeto del método aun y cuando eso implica una total sumisión.

Un régimen de carácter absolutista, en el que la obediencia es el factor de ascenso, que premia y castiga respecto de la aplicación de sus rigurosos códigos de conducta.

Un régimen que a lo largo de su historia tuvo cúspide y caída y que ahora transita en lo que podría catalogarse como una suerte de resurrección, lo cual no necesariamente significa una renovación de sus postulados esenciales.

Porque si bien es cierto, que la alternancia margino al priismo del gobierno federal por doce años consecutivos, el cataclismo como tal sirvió para reorganizar, no para cambiar de fondo.

No hay pues como se ha mencionado un viejo o un nuevo PRI, lo que cambia son las generaciones y por supuesto las condiciones, por tanto sus liderazgos tienen que acoplarse a ellas.

El desplome del sistema provino del hartazgo social, provocado por un autoritarismo que ya no podía sostenerse en las circunstancias actuales, visto así, sus derrotas fueron mas por responsabilidad propia, que por acierto de sus rivales políticos.

Sin embargo el peso del fracaso, contribuyo a una profunda reestructuración interna, a la necesidad de adoptar una imagen que pudiera reconciliar con la sociedad, mediante una oferta acorde a las coyunturas vigentes.

El Revolucionario Institucional no se transformo, en todo caso se ajusto, privilegiando sus virtudes y limitando al menos visiblemente sus carencias, aprovechando estratégicamente los errores de sus rivales, principalmente los de Acción Nacional.

Al PRI no se le puede escatimar su capacidad electoral, las habilidades adquiridas a lo largo de tantas décadas y ahora compaginadas con el uso de la mercadotecnia, factor que incide definitivamente en ese aspecto.

Sin embargo, la recuperación del poder trasciende mas allá de la pura oferta, porque implica capacidad de gobierno y con ello sustentar la permanencia del régimen en el poder.

Al menos este nuevo gobierno priista, ha mostrado fehacientemente una gran capacidad negociadora y un indiscutible animo reformador, aunque todavía deja dudas de sus habilidades administrativas, sobre todo en función del curso que sigue la economía nacional.

Ahora bien, hay que diferenciar el trabajo partidista en su vertiente electoral, del ejercicio gubernamental, algo que naturalmente cuesta trabajo, ya que por definición el sistema gobierno de partido en México y en el caso del priismo, se entienden como uno solo.

Sobre todo porque la aprobación de las reformas constitucionales impulsadas por el ejecutivo federal, parecen ser precisamente el principal obstáculo de la preponderancia del régimen.

Por lo tanto en el festejo de sus ochenta y cinco años de fundación, lo que el priismo enfrenta hoy como principal reto, es una encrucijada; la definición de su futuro inmediato.

Porque si los resultados de su gestión, no son acordes a su oferta política, se debilita considerablemente el margen de su operación electoral, para la sociedad se trata de un tema de expectativas, el juicio depende de su cumplimiento.

El priismo aprendió a moderar su poder, a convivir con las otras fuerzas políticas, incluso a establecer alianzas necesarias para la consecución de proyectos de carácter especifico.

Pero a pesar de los beneficios de estas actitudes, si su capacidad de administración no consigue cambiar la percepción ciudadanía respecto de la marcha del país, la responsabilidad será solo suya.

Desde esa perspectiva, el priismo esta mas obligado que nunca a adecuarse al modelo social actual, aun y cuando se mantenga fiel a sus doctrinas políticas, lo que esta en entredicho no es la esencia de su vida interna partidista.

El priismo de ahora no es como el de antaño, no puede parecerse al de antes de la alternancia, eso ya le causo la perdida del poder, en todo caso tendrá que redefinirse en función de las necesidades del ahora y del futuro.

 

twitter@vazquezhandall 





Etiquetas:   Elecciones   ·   Política   ·   PRI   ·   Gobierno   ·   Enrique Peña Nieto

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