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Sobre la crisis venezolana de febrero 2014


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03/03/2014

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Venezuela ha entrado en una crisis de gobernabilidad, acelerada por el tratamiento autoritario y represivo; por parte del gobierno a las protestas estudiantiles. Y así, un país que ya mostraba un amplio y creciente descontento popular ante la manifiesta incapacidad estatal para atender problemas como: la alta inflación (56% al cierre de 2013), la escasez de alimentos, la carestía y los altos índices de inseguridad pública entró en una espiral conflictiva. La crisis detonó una urgente necesidad de diálogo. Esta posibilidad de diálogo podría ser rebasada por la consolidación de un clima de incertidumbre y polarización.

El mes de Febrero dejó un lamentable saldo de 17 fallecidos, cientos de heridos, 33 denuncias de tortura y 772 detenidos, aproximadamente. Aún así, el gobierno de Nicolás Maduro no pudo detener la secuencia de las manifestaciones estudiantiles y populares. Ni el uso inadecuado y excesivo de la fuerza pública (incluso militar en los estados andinos de Mérida y Táchira), ni la participación de colectivos para-policiales, ni la censura de medios informativos nacionales e internacionales han detenido la multiplicación de protestas populares en toda la geografía nacional y el surgimiento de expresiones extremistas.

La crisis venezolana finalmente despertó interés en la comunidad internacional, que de manera casi unánime ha comenzado a exigir el respeto a los derechos humanos, el cese a la violencia y el establecimiento del diálogo entre las partes para alcanzar la paz. El canciller Elías Jaua realizó una gira por los países miembros de UNASUR con el objetivo de conseguir apoyo político de sus aliados. Dicha gira incluyó finalmente a la ONU, donde no pudo evitar el llamado a un verdadero diálogo con la oposición venezolana.

En esta coyuntura, los sectores democráticos se presentan con la fuerza y la posesión de la calle; pero con una clara dispersión en sus propuestas y objetivos. El movimiento estudiantil ha impulsado desde un principio, un conjunto de reivindicaciones democráticas que ha venido variando de acuerdo a la represión recibida del régimen. Por otra parte, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD),  Henrique Capriles y más recientemente, Leopoldo López han contribuido al fortalecimiento de una agenda de exigencias para acudir a un diálogo basada en la mediación; tales como: la liberación de los detenidos políticos y los estudiantes, el respeto a los derechos humanos, la aplicación de la justicia frente a los excesos policiales, el desarme de los grupos para-policiales y la renovación constitucional de los poderes vencidos; entre otros aspectos.

El gobierno de Maduro -muy presionado por las circunstancias-, ensayó un llamado al diálogo; mediante la denominada la “Conferencia Nacional de la Paz”, reunida en el Palacio de Gobierno y  que pese a contar con la participación de algunos factores representativos del empresariado nacional (como FEDECÁMARAS), no pudo convencer a los actores políticos democráticos de su autenticidad. La “Conferencia Nacional de la Paz” terminó de perder credibilidad en buena parte del país; luego que el gobierno venezolano continuara con su política de represión a las manifestaciones estudiantiles. En otras palabras, esta primera iniciativa gubernamental de diálogo careció de la credibilidad, la convocatoria y el liderazgo necesario; entre otras razones, por el continuo proceso de debilitamiento y deterioro sufrido por las institucionales públicas venezolanas.  

Todo pareciera indicar que habrá una prolongación del clima de protesta generalizada en el país. Sin embargo, la delgada línea entre la protesta pacífica y la violencia podría traspasarse en el momento menos pensado, con consecuencias irreversibles; incluyendo sorpresas para aquellos factores que se atribuyen tener la mayoría política en país. La protesta sin propósitos contribuye a brindar oxígeno al actual gobierno y, además desgasta la acción de los factores genuinamente democráticos. La paradoja en todo esto, es que el diálogo lo necesita tanto el gobierno que trata de conseguir el reconocimiento de sus seguidores y del resto de la sociedad; como una oposición democrática que aspira restablecer la constitucionalidad en el país.

La violencia y la represión han fracasado en Venezuela. Eso queda claro. Por lo demás, una sociedad polarizada sólo conviene a quienes posean una visión simplista, extremista y totalitaria de la vida.  Ahora, corresponde el turno a los verdaderos demócratas.

@migonzalezm

Etiquetas:   Política   ·   Democracia   ·   Conflicto Político

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