. Después de esta lectura de titulares, el
presidente daba paso entonces a la lectura de los titulares que sobre nuestro
país se hace en la actualidad, donde se habla del saldo positivo en la balanza exterior, del récord histórico en
las exportaciones y del sector turístico, de la inversión extranjera creciente
y de la prima de riesgo reduciéndose. Después de esto, el presidente Mariano
Rajoy sentenciaba "Este es el cambio de tendencia; ha variado el rumbo;
hemos pasado del retroceso al avance, de la caída a la recuperación, de la
amenaza a la esperanza, hemos pasado con bien el Cabo de Hornos..."
Yo no sé en qué país vive nuestro
presidente Mariano Rajoy -igual que en su momento tampoco sabía en qué país
vivía el lamentable presidente Zapatero-,
pero, desde luego, ninguno de ellos parece vivir en España. No voy a negar que
las cifras macroeconómicas han mejorado, que la prima de riesgo ya no es un
riesgo, que las exportaciones están creciendo, que el turismo en nuestro país
aumenta… pero todo ello ha sido a costa de convertirnos en un país
tercermundista, un país con una mano de obra barata y unos costes empresariales
bajísimos. Hasta el momento actual, las únicas medidas adoptadas por este
desgobierno para paliar la crisis han sido una reducción extrema de la
inversión pública y una presión impositiva sobre los ciudadanos: aumento de los
impuestos directos e indirectos, rebaja de sueldos y eliminación de pagas
extras a los funcionarios. Está claro que llevando a la pobreza a los
ciudadanos, la crisis se termina más tarde o más temprano; la crisis económica
del estado, claro, porque la crisis económica de las familias, aumenta. Así,
mientras miles de personas rebuscan en la basura para llevarse algo a la boca,
la mayor parte de nuestro dinero como contribuyentes va destinado a pagar las
elevadísimas nóminas de nuestros políticos, a paliar la deuda de los bancos y a
los ladrones de guante blanco escondidos tras las tramas tipo Gürtel o tipo
Nóos.
Las cifras macroeconómicas –por
muy buenas que sean- no dan de comer, solo son el reflejo de lo bien que les
van los negocios a los grandes empresarios. Un país sin crisis es aquel en el
que los ciudadanos pueden trabajar en la profesión para la que han estudiado
–en éste ni siquiera pueden trabajar-; donde los sueldos son decentes; donde no
solo se recibe turismo, sino que también sus ciudadanos pueden hacer turismo;
dónde se valora el esfuerzo, la cultura, la ciencia y los estudios. Sin
embargo, en nuestro país de Sálvames, Gandía Shores y fútbol lo único que
estamos esperando es a que vuelva a repuntar la construcción para volver a
hincharnos a comprar pisos y cometer otra vez los mismos errores.