. Bajo el título "España,
el país donde se cena a las 22.00 h., pregunta si no es hora de cambiar los
horarios", el reportaje retrata la costumbre de las cenas tardías
propias de nuestro país, poniendo como ejemplo un miércoles cualquiera en un
bar a la hora de la cena, cuando los clientes se reúnen en torno a un cubo de
botellines de cerveza mientras la camarera sirve raciones de tortilla de
patatas. "Entonces comienza el partido, a las 10.00 pm", señala.
Añade el diario que aunque España "sigue funcionando con sus propios
ritmos y horarios", la "devastadora crisis económica" ha hecho
que surgiera un movimiento en favor de la eficiencia, que sostiene que el país
puede llegar a ser más productivo y estar más en sintonía con el resto de
Europa si adoptara un horario estándar. Para ello, el artículo señala que se
deberían modificar distintos aspectos, siendo el más importante que la jornada
laboral fuera cambiada por un horario de 9 a 5 de la tarde.
No seré yo
quien diga que los españoles somos unos trabajadores dignos de elogio. En
realidad, pienso justamente todo lo contrario. De hecho, creo que en España los
horarios laborales son excesivamente largos pero que el tiempo productivo es
vergonzosamente corto. Nos gusta más la cháchara, el compadreo, el
compañerismo, la hora del café que agachar la espalda, y eso se nota cuando se
mide la productividad de los países, donde siempre aparecemos en la parte baja.
Sin embargo, aparte de nuestra propensión a la holgazanería, existen varios
aspectos que sí me gustaría aclarar.
En España
da igual que produzcas más o que produzcas menos: siempre hay ladrones dispuestos
a robarte. En unas ocasiones es el propio estado el que elimina las pagas
extras o “roba” los sexenios o reparte el dinero público a eléctricas, constructoras
y bancos. En otras ocasiones son los empresarios, que en este país de chorizos
abusan de sus empleados para mejorar sus beneficios. Así que, visto el percal,
pedirnos a los trabajadores productividad cuando son algunos empresarios y el propio
estado los culpables de nuestra crisis particular, es un poco de caraduras.
Por otra
parte, mi primo –como muchísimos otros trabajadores- comienza a trabajar a las
nueve de la mañana, tiene quince minutos para comer y regresa a casa a eso de
las ocho de la noche. Once horas metido en una nave. Como su jefe dice que la
empresa está en crisis, mi primo realiza el trabajo de dos o tres operarios;
eso sí: con la cabeza agachada, porque si protesta se va a la calle. De horas
extras y vacaciones, ni se habla. Mi primo, al final, produce como tres
personas y cobra como media.
Quien
gobierna el dinero manipula el mundo, y así nos han hecho creer que el trabajo
nos hará libres. Qué duda cabe que cuando uno va al trabajo tiene que trabajar,
pero la vida es algo más que ocho horas metido en una oficina; en la vida
también debe haber tiempo para ir al cine, para leer, para pasear por la playa,
para ver un programa de televisión, para jugar con los hijos, para pintar, para
saltar a la comba o para estar tumbado mirando las estrellas. Por eso, el
debate no debería ser cómo mejorar la productividad, sino cómo repartir mejor la
riqueza; esa riqueza que hace que unos tengan tiempo para pasear sus colgajos en
yate y otros no vean ni la luz del día.http://tonigarias.wix.com/tonihttps://twitter.com/tonigarias