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Si construimos, construirán


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28/06/2011

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Pertenecemos a una sociedad envuelta de y por las nuevas tecnologías, hay menos dudas al respecto que las que se generan acerca de si nos mojamos las suelas de los zapatos al pisar un charco. Por tanto, no es difícil encontrar recursos para cualquier cosa hechos a partir de casi cualquier herramienta, la clave está en saber qué recursos utilizar para cada situación y momento.












Aprender a utilizar nuevas tecnologías puede ser interesante pero lo que sacamos de provecho es mucho más, no se trata de trabajar con tecnología como objetivo, sino de alcanzar dichos objetivos a través y mediante la tecnología. No estamos en ningún curso sobre manejo de artefactos ni en una carrera por ver quien aprende a utilizar más herramientas y les da una mayor cantidad de usos. Ójo, no digo que no pueda ser interesante ni que no sea útil, sólo que no procede.





Los maestros son grandes modelos para sus alumnos. De dicha afirmación -correcta, por cierto- podemos aprovechar más de lo que creemos y llegar a extraer verdadero crudo. Hemos de darnos cuenta que si a un docente le gusta mucho el dibujo y les insta a que dibujen cuando terminen sus tareas, al final del ciclo de enseñanza-aprendizaje con este docente -y, por tanto, al final del ciclo educativo- los alumnos cogerán materiales por si mismos y se pondrán a dibujar de manera automática. Es más, si les gusta, siguen teniendo tiempo después de las sesiones y el próximo maestro no presenta ninguna pega al respecto ni les anima a hacer otro tipo de tareas, seguramente los niños continuarán dibujando.





Pero, ¿de qué sufren necesidad los niños en las escuelas actuales? De nuevas tecnologías -en verdad, de dibujo también, de hecho, sufren carencias en casi todos los lugares del cosmos de la creatividad-. Para un mundo repleto de electrónica y virtualidad se necesita que las personas que lo habiten sean competentes electrónica y virtualmente, de modo que el maestro tendrá que traerse las nuevas tecnologías al aula.





Siguiendo el guión anterior, cuando hablábamos del modelo que es el docente para su alumno, si el maestro utiliza herramientas innovadoras y hace uso del poder de la web para mejorar el aprendizaje de los niños, éstos utilizarán dichas herramientas para aprender por si mismos.





Una vez incorporadas las TICs en el aula -y en las casas y las vidas de los alumnos y sus tutores- nos encontramos frente a una de las claves -y tal vez el verdadero eje del aprendizaje- de todo aquello por lo que luchamos, de todo aquello que representa el verdadero proceso por el cual los discentes -de la escuela con diez años o de la redacción de un periódico con cincuenta y cinco- conocen, aprenden y aprenden a utilizar, lo que les hace competentes. Con todo esto nos referimos al acto de construir, de construir como proyecto, como proceso y como resultado -y de los sentimientos, experiencias y sensaciones que recolectamos a lo largo de todas y cada una de estas fases-.





Hasta hace poco aparecer con algún tipo de nueva tecnología en los centros era algo exótico, cuando preguntabas si alguien más utilizaba las TICs tenías que contestar a sus preguntas de ¿qué es eso? antes de contestar ellos a la pregunta inicial.





Ahora, sin embargo, hay una tendencia casi obsesiva por utilizar recursos tecnológicos, parece que esté rozando la locura al afirmar esto último, pero no estoy loco. No se trata de que haya más o menos docentes integrando las TIC en el aula, hay más, es cierto, pero también siguen siendo demasiado pocos. A lo que me refería es que ahora todo el mundo parece que utilice las nuevas tecnologías en sus clases, que son super-innovadores y parece que el destino de la educación pase por sus manos. Estos son los -al menos por mi, odiados- falsos profetas.

¿Qué es un falso profeta? ¿Cómo reconocerlo?

Se ven a la legua, eso lo primero. Son aquellos que parece que traigan la prosperidad al centro, aquellos que sorprenden a sus compañeros con adulterados fuegos artificiales, normalmente a compañeros que -por las razones que sean- desconocen el mundo que se les está mostrando. Pero no nos engañemos, estos fariseos no son más que doctores en el reciclaje -mira, algo bueno-.





Es aceptable utilizar material de otros docentes -de hecho es muy interesante- debido a la calidad de él, si algo es bueno y va a ayudar a tus alumnos a aprender lo que querías que conociesen o les va a hacer más competentes en algún ámbito, adelante, bienvenido sea.





Gracias a las redes sociales se difunden cada día millones de recursos de los cuales algunos pocos son interesantes y eso nos da la sensación de que no necesitamos hacer nada propio. Primero, si todo el mundo pensara como nosotros y por consiguiente no creara nada no existirían tales recursos, después, tenemos una deuda con para la sociedad de producir -y más después de tanto consumir recursos de compañeros-, pero lo más importante no es nada de esto. Si reciclamos los recursos no estamos construyendo, aunque alguien dirá:





Bueno, pero aunque no lo hayamos hecho nosotros igualmente van a realizar la actividad, igualmente van a tener que crear, igualmente van a aprender e igualmente van a ser competentes.





En efecto, si la actividad es óptima y los discentes la asimilan y trabajan bien serán más competentes post-actividad que pre-actividad, sabrán más ítems y habrán construido para ello. ¿Cuál es el problema pues? Los problemas son dos, uno de actitud y otro de error de fuente.





-De nuevo estamos con lo mismo, debido a la actitud no creadora del docente estamos perdiendo muchas posibilidades, no le estamos dando calidez a la actividad, no la estamos diseñando dirigida de manera exclusiva a ellos, pero sobretodo, nosotros no construimos y si no lo hacemos será complicado que lo hagan ellos.





-El segundo problema no es otro que equivocarse de fuente de la que aprovecharse. El falso profeta se equivocará y se aprovechará del blogging y microblogging para extraer todo aquello que necesite cuando en realidad de la fuente que tiene que aprovecharse es de la que venimos tratando desde el inicio, de la influencia del maestro en el alumno. La premisa tiene que ser si construimos, construirán y en verdad no debería ser tan difícil, al fin y al cabo, que el maestro es un modelo para sus alumnos y que aquello que haga y predique dejará huella en sus alumnos es una afirmación de la que estoy seguro que al inicio del artículo era respaldada y tomada como válida por todos.





Para construir la clave no está en las nuevas tecnologías -de hecho siempre se ha construido sin ellas y se puede seguir haciendo- sino en la creatividad y la creación, en la innovación y cómo no, en la gran tríada que debería acompañarnos toda la vida, trabajo, esfuerzo y sacrificio.







Etiquetas:   Educación

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